En las
abundantes venas del cuerpo esférico la sangre de todo lo que es, fluye, fluye,
fluye. Las almas de los que fueron seres vivientes rondan por los corredores
murmurando sinsentidos. Babean sus pesadillas, que con el tiempo quedarían
secándose a lomos del olvido.
Nadie
está para preguntar el nombre del último que tecleó sus pensamientos en horas
tempranas del amanecer sombrío. Nadie que lea en voz alta los recuerdos de los
personajes protagónicos que murieron calcinados en la libertad de Ícaro.
Paisajes
tecnológicos, bajo cielos de cristal y aire fresco, inodoro:
Ni un
muerto más.
Paisajes
tecnológicos, bajo cielos de cristal y aire fresco, inodoro:
Ni un
enfermo más.
Paisajes
tecnológicos, bajo cielos de cristal y aire fresco, inodoro:
Es un
espacio sin dimensiones claramente delimitadas. Está a obscuras. Cadacinco o seis segundos aparecen puntuaciones
de luces fluorescentes.
(La
música es un sampleado hecho con Pïnks Turns Blue: “Your master is calling”,
luego aparece Kaelan Mikla: “Kalt” y otras propuestas electrónicas de estética
obscura)
Entre
una y otra música son mostradas imágenes en diferentes pantallas que dan cuenta
de una catástrofe global. Y rostros específicos en los que el dolor y la
desesperación modelan sus gestos.
SILENCIO
DE POCO MÁS DE DIEZ SEGUNOS
( ( ( Obscuridad con efectos de tormentas eléctricas. El ambiente se vuelve gélido y
con intensos aromas de materiales diversos: plásticos, maderas, cueros, telas… ) )
)
La
oscuridad continúa, por momentos punteada con luces fluorescentes, y entre todos esos efectos, con diferentes timbres de voz, alguien grita la palabra: “No”. Alternándola con la oración:
“No quiero morir”.
Es voz de mujer gritando. Imposible saber o adivinar su edad; solo percibimos su desesperación en la oración: “No quiero morir ! ! ! !” Gritaba hasta más no poder gritar.
Y DE PRONTO TODO SE HIZO OSCURIDAD... Y UN SILENCIO ENVUELTO EN GEMIDOS
En el
espejo no estás. En otra época, quizás, te habrías asustado. El rostro que ves
en el espejo no guarda ninguna relación con el rostro que hay dentro de ti. El
que hay dentro de ti sólo se asemeja a una sensación de cansancio. El cansancio
no tiene rostro. Pesa y te duele. Es una sensación que duele.
A veces el día podía tener lunares en
el aire. Hoy el día amaneció con lunares. A donde fijaras la mirada, escurrían
los pequeños puntos negros sobre las cosas. Mientras fue avanzando el día, los
lunares fueron cediendo el lugar a ciertas grietas de luz. Eran filosas uñas
luminosas flotando en el aire. Cortaban la calma. Herían el instante hasta
punzar toda tu carne.
Cerraste los ojos para contemplar el
fondo oscuro por el que iban y venían las imágenes de tu pensamiento. Decir tu
pensamiento era decir el cansancio en el que vivías dentro de ti.
Tu
pensamiento es el cansancio que se niega a reconocer la existencia de quien
aparece en el espejo. Abres los ojos. La respiración es lenta y superficial.
Inhalas con más profundidad y sueltas el aire a un ritmo suave. Lento el
parpadeo. Supones que el cansancio podría desaparecer si atiendes el ritmo de
tu respiración pausada, profunda y con exhalaciones hacia el infinito.