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jueves, 27 de junio de 2013

Nocturno






Amor / Odio
Mismo número de letras
Igual cantidad de esfuerzo
-para pronunciarlas-
¿Para pronunciarlas?
Misma intensidad

¿En verdad?

Una grave / La otra aguda
Así, nada más que palabras
¿Pero en realidad?
¿En realidad?
¿Qué?




sábado, 15 de junio de 2013

Entre






Antes de los breves ruidos que nunca han faltado entre movimiento y movimiento en un concierto, sobre todo antes de un Adagio y después de un Allegro, aparece el vacío helado entre los dedos, y entre éste, el suave olor de la duela, el olor de las telas, el olor de las cremas y lociones… 
      
El director ha callado los ruidos breves de la vida oscura. La puerta ha sido abierta para el ingreso a la otra realidad. Escucho el rumbo de los dedos sobre el teclado. Veo estrellas y enormes olas atrapando indefinidos cuerpos. Después no veo nada. Sólo escucho. Escucho y siento la música que va llevándome a lo desconocido. En un instante todo mi cuerpo se funde en el espacio de otro tiempo, se integra perfectamente en el tiempo de otro espacio…

No hay razones. Cualquier explicación acaba siendo desbaratada por la fuerza de la música. La inflexión cede al goteo multirrítmico que hace el piano en diálogo con las cuerdas y la luz, el color, acariciado por las tibias voces de oboes y clarinetes, y luego son cascadas, son escalofriantes rumores de océanos mecidos por inmensas manos…

Surge otra vez el silencio.

Otra vez esas toses y las gargantas en limpieza. Obsesivas.


Otra vez algunas sonrisas de mujeres en la penumbra y de hombres ajenos a la vida del compositor y del artista, que yace concentrado, abismado sobre la existencia del silencio, y ante el piano que espera.



jueves, 13 de junio de 2013

Estar o no estar







Poco valor tiene ahora ser o no ser. Ahora lo que importa es estar, de algún modo o de cualquier forma; así sea que estemos en el mundo de las apariencias. ¿Que la vida es sueño? Tal vez, aunque a veces parece más una pesadilla orwelliana.

sábado, 8 de junio de 2013

De este otro lado del mundo





Ya parado en la escalera de este mundo, con los ojos cubiertos, llenos de hilos eléctricos, tiritando de ansias y de años arrastrados en el terror de las horas negras, apareció la puerta de entrada

(((acá el mundo tiene puertas para entrar y puertas para salir;
las puertas de entrada y de salida están en casa,
pero yo, el parado en la escalera del mundo
ha extraviado el camino a casa)))

decía: apareció la puerta de entrada, y entré.


            Ahora lo que sigue es esperar y aprender a vivir de este otro lado del mundo, y de la puerta.




jueves, 6 de junio de 2013

Más que la muerte




No podría hablar de la vida
Ni de mí mismo.

La vida es más que la muerte,
Y por esto mismo imposible
De hacerla cierta / verdadera
En las palabras.

Es tan ajena a mis pensamientos, la vida;

Tan lejana a mis labios,

Que yo mismo no estoy en los pensamientos
Ni en las palabras
Ni en los labios con los que beso,

En sueños, el agua.




viernes, 31 de mayo de 2013

Última noche




Hablaba solo. Se asomaba hasta el horizonte y hablaba de lo que sus ojos iban acercando, mientras manejaba el bocho verde oliva con rumbo a su casa.

“Todo empezó así”, decía, “y todo seguirá así”. Después sacudía una mano y se ponía a esperar el regreso de lo que se había ido con cada sacudimiento.

“Al cabo de tantos años, descubrir toda la gran mentira en que nos hemos puesto a jalar la carreta. Todo para ver cómo se va yendo y desapareciendo eso que creíamos cierto y verdadero”.

Cuando no hablaba se quedaba dormido en cualquier silla, y poco importaba la hora y el lugar. Se quedaba completamente dormido en el salón de clases, detrás del escritorio mientras hacía leer a los estudiantes alguno de los capítulos del libro de texto que había venido utilizando desde hacía muchos años, y no despertaba hasta que llegaba el siguiente profesor y lo sacudía para que dejara el lugar. Entonces se levantaba y salía del salón balbuciendo.

Adentro del coche, miraba el reloj, y luego de asegurarse de que estaban todas las puertas bien cerradas, descansaba la frente en el volante y dormía hasta que el sofocamiento y el sudor lo despertaban.

De regreso a casa volvía a hablar sobre todo eso que había delante de los ojos, o bien, sobre todo eso que le iba pasando adentro de la cabeza.

Pero llegó la noche en que manejando su viejo bocho se quedó dormido y no despertó jamás.


Han pasado algunos años desde aquella última noche en que murió el tío Ramiro, y según parece, uno de sus hijos, el primo Javier, ha comenzado a hacer lo mismo que su padre, pero con la diferencia de que aquel actuaba como profesor y el primo es chofer de taxis.


jueves, 23 de mayo de 2013

Sacudimientos







Hacía tiempo que no despertaba entero en los flujos iniciales del día. Extraño. De hecho, me parecía imposible estar respirando la realidad de las paredes junto a todo lo de afuera que entraba por puertas y ventanas, como lo hacía en otros años y bajo otras circunstancias.

Suave y completa en cada aliento emergía la realidad. Diferente a otros días. Distinta de otras mañanas.

Inevitable fue encontrarme, sin embargo, con la sensación de saberme cortado por la orilla de las sombras. Podía esperar entonces –sin falseamientos de ninguna especie- los abismos que se abrirían con cada parpadeo, tan necesario éste como aquéllos para transitar a distinta velocidad entre los agujeros de la vida.

Pero antes de sacar el cuerpo de las sábanas, todavía bajo los efectos del sueño que me hacía ver las cosas quietas y distantes, medité en las horas que se me fueron sin hacer nada verdadero.

¿Cómo hacer algo verdadero –pensé- sin el miedo a morir en el instante? ¿Cómo experimentar realmente la necesidad de no ser alguien falso, o de ser nada más que apariencia chapucera?

Al poco tiempo de haberme preparado para salir a trabajar, el miedo reapareció y empezó a descomponer el trazo de las formas.

Por ese rumbo de descomposiciones, en campo lleno de ruidos blancos, había que ir, es cierto, con el fantasma atorado en las pupilas. Además, había que caminar experimentando miriadas de asquiles en todo el cuerpo, y esto sin contar la desesperante comezón que nacía en la espalda adonde los dedos no podían llegar para desabaratar los torbellinos. Helados torbellinos. En suma, había que afrontar en la calle el ajetreo que podaba las imágenes del afuera y del adentro, había que hacer hasta lo imposible para no tallar la espalda contra las paredes y quitar, así como cualquier otra bestia, tanta comezón y tanta ansiedad de polvo en las pestañas.

Pero como todo lo que es minúsculo y casi invisible, en un instante los asquiles abandonaron el trayecto y se fueron a otra realidad.  El fantasma se echó a llorar y a mi se me perdieron los datos precisos en que había venido orientándome. En pocas palabras, estaba hecho un corcho, otra vez, sobre el oleaje de un extraño día.





Ausencias

    No se muestra / Sólo se oye__________ Al límite está ::::::: Muy cerca de lo inconcebible : : :   No está ni se oye     ) ...