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jueves, 3 de julio de 2014

desde el otro lado del canal




suponiendo que estás de vacaciones y

que a veces te anima estar en los extravíos de la palabra

atorada en textualidades,

te dejo aquí, entonces,  el link de un trabajo que me fue publicado recientemente, donde leerás la otra realidad en que a veces me veo trabajando:



ojalá te sea leve el extravío,

saludos

miércoles, 2 de julio de 2014

El viaje







Esperaba.
Esperaba.
Ya estaría llegando a sus labios la palabra en que estaría escondida 
toda la belleza de la vida.
Mientras tanto, podía quedarse durante horas contemplando el cielo
a través de la ventana.
Podía escuchar el ruido de las hojas arrastrándose en el pavimento.
Una hora seguía a otro día, y otro día era como el momento aquel 
en que se quedó dormido 
soñando adentro del autobús que lo llevó hasta el fondo de la noche.
Ya no era el muchacho que fue y que ignoraba el paso de las horas 
y de los años.
Tampoco era el otro que despertó en la madrugada, 
después de un largo y obscuro viaje en el autobús de playa.
¿Cuántas horas tuvieron que pasar para despertar 
y saber que estaría extraviado para siempre?
Hoy es tarde, y sigue esperando a que ocurra el milagro.

Una palabra.
Solo espera eso. Una palabra.



domingo, 22 de junio de 2014

Mercuriales ríos





Con el tiempo se fue convirtiendo en un texto de fantasmas. Si viviera el autor se sentiría, quizás, libre y transparente. Ya no estaba en su lenguaje la presencia firme de los zapatos ni las botas. Las habitaciones no guardaban más el aroma de los cuerpos en su desnudez, no había ecos de gemidos ni pensamientos peligrosos que atentaran contra el muro de las costumbres.
Era un texto flotante, mercurial para los caprichos de las mentes aturdidas. Ya nada podían hacer las cabezas que se sacudían frente a los abismos de todas esas ventanas cubiertas con espesas telas de araña. Ya esas cabezas sólo esperaban la espada del samurai que se levantaría y vendría desde el más allá para clausurar la visión de los paisajes límpidos, pletóricos de aromas y colores.
El autor ya podía despedirse sin remordimientos de lo que otros habían entendido o creído comprender sobre sus historias. Ya podía cerrar todas las puertas de su realidad y abandonarse al silencio y al abandono. Oscuridad. Nada más que oscuridad se impondría para el autor; pesada oscuridad sobre lo que en otra época le había sido otorgado: muro limpio y amplio. Ahora nada, ni siquiera cal estaba en la piel de sus dedos para pintar en lomos de la bruma su vergüenza.

          Oscuridad. Nada más que oscuridad. En esta atmósfera el fantasma echó a correr la existencia de los mercuriales ríos en el texto. 


(((

)))

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viernes, 13 de junio de 2014

En el silencio de las grietas






La calle era todo eso que el poema chorreaba en el silencio de las grietas.
Era también el campo propicio para desbaratar la falsa alegría
que caía de cara al cielo, entre voces y gritos.
El cuerpo de la calle se llenaba entonces
sin quererlo tantos
de pesadillas y de otras verdades arrugadas en cabezas
envueltas con la sangre de los intranquilos.
Hurgaban los perros en todas esas montañas de comida
                             afuera de los bares y de otras zonas abiertas al peligro.
Hurgaban los gatos en las sucias cocinas
o en otras casas atiborradas de moscas
en los cuerpos descompuestos por la muerte acelerada con disparos.
Después ya no había poema sino crónica
                                                novela negra con seudónimo y advertencia:
“Cualquier semejanza con la realidad no es mera coincidencia”
Y en el fondo estaba la imagen de una calle / otra calle que era todo eso

que el poema chorreaba en el silencio de las grietas.



sábado, 7 de junio de 2014

Intermitencias






La bicicleta estaba allá
apretada a la sombra del tronco añoso
enorme en su quietud de espera.
Para experimentar la levedad de las mariposas,
que iban y venían,
no fue un viento fuerte el que actuó
recordando el día aquél en que se marchó flotando,
hasta el río,
sobre el camino de piedras.
No fue ese viento pero sí la bicicleta aquella
en que sintió el roce de la vida entre los labios,
y se alegró de no ser piedra
ni tronco ni sabino,
y ni mucho menos,
huella.




miércoles, 28 de mayo de 2014

Casi un día




     Amanece. Te levantas, sientes la suavidad de la luz y el peso de las sombras; sonríes, mirando por la ventana adonde están las jacarandas colmadas de flores lilas, maravillado de saberte vivo. Pero ocurre que ese  mismo día, en los momentos previos a acostarte, mientras vas quitando los calcetines, experimentas el peso de no haber resuelto el problema que surgió en la tarde. Oyes todavía, como si estuviera a un lado de tu oreja, la voz del jefe gritando, reclamándote sobre el asunto que el  señor Jiménez había presentado la semana pasada. Con mucha rabia, como si en ese instante se fuera el asunto del señor Jiménez, tiras el pantalón hacia donde está la silla y ves cómo resbala y queda hecho un bulto, y sientes que en ese bulto ha quedado encerrado el día entero, vacío y sucio, gastado inútilmente como tus viejas botas.

 

sábado, 17 de mayo de 2014

La cuestión





A partir de ahora no habrá archivo. Si existe el fondo para la memoria posible, podrá ocurrir más en el sentido de la aparición que en el de la evocación. Increíble será escribir para tratar de borrar las nubes que llenan de estupor el pensamiento. 

Surgiría la cuestión fuerte que hace pensar en el antes y en el después de esa hora de poderosas dudas. En la cuestión ya estará apareciendo lo que antes habrá sido tan sólo una figura del pensamiento que jugaba con fuego pero sin haberse atrevido nunca a más. Juego divertido que hacía caer perfectamente en los campos del divertimento superficial, aunque ameno para pasar el tiempo detrás de una ventana llena con todo el afuera colmado de cuerpos ejemplares, o bien, cuerpos para hacer ideas fenoménicas. 

((( Me parece que la fenomenología ejerce una gran fascinación para hacer sombras en los muros de otros dédalos; sombras que no van más allá de la pantalla interna del pensamiento, aunque a veces parezca que están precisamente en el ensayo o en la reflexión filosófica, esto es, que hacen creer que son existencias del afuera, pero que en realidad no son otra cosa que sombrías existencias del adentro de quien ha hecho ese trabajo fenomenológico en la escritura o en el discurso adentro del aula. Obra de un para-sí cuyos límites quedan dentro de los vidrios de la reflexión de un autor integrado a su propio mundo, a veces o casi siempre, pero casi ajeno y desintegrado para el otro, para el de afuera. )))

Presentar la cuestión es, quizás, más amenazante que las dos o tres respuestas que por ella se esperaría ofrecer. Pero para quien se ha pasado largo tiempo acariciando el lomo de la bestia dormida, jugando a pensar en jardines y en playas, por donde el tiempo de vivir no conlleva necesariamente el tiempo de morir, cuando cae en la cuenta de que un peso de más en la caricia puede hacer que la bestia despierte, viene a ser tanto como encontrarse ante la posiblidad de acabar, de una vez por todas, con todo eso en lo que se ha estado jugando tanto tiempo.

En este mundo cada vez más saturado de energías que buscan cargar (llenar) las arcas que -se cree y se piensa- asegurarán el tramo de una vida con placeres al máximo, es un contrasentido pensar en el desgaste que exhibe todo aquello que parece y aparece como inútil. Resulta inútil pensar en la existencia del ser humano, pues el ser humano ha dejado de ser esa existencia que estaba allí para ser mejorada, esto es, educada. Aunque no hay voz de candidato político en el mundo que no profiera en su campaña el valor que tiene la educación para hacer posible el cambio, no hay tampoco ser humano que esté adentro de ese proyecto educativo; lo que hay, cuando mucho, son cosas simples en la mente de ese candidato a las que, según él o ella, se puede colocar en el monto de las cantidades que dan vida a los números. Hoy calcular es mucho más importante que acariciar la luz de todos los días.

En una película francesa cuyo título desconozco, uno de los personajes le dice a otro: "Si tuvieras que arriesgar la vida por algo, ¿por qué cosa lo harías?" Esta cuestión vino a intensificar la hora de las poderosas dudas en que había estado viviendo con los temblorosos dedos sobre el lomo de la bestia.

Fue de madrugada cuando surgió la otra cuestión -en un sentido más o menos semejante al planteado por aquel personaje- que me haría salir de cama para no dormir durante varios días, la dibujé en letras grandes sobre una hoja de papel, tal como lo habría hecho si hubiera tenido que pintar un cartel o un anuncio.

Después de haber pintado la cuestión, la puse sobre la pared que está frente al escritorio. Allí la mantengo y la mantendré hasta que el tiempo acabe con ella. 

Por no ser lo que prometieron que sería

    En los ojos: Unos puntos negros Unas manchas que se extienden Sobre un vidrio opaco.   En los oídos: Unos cantos de gril...