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viernes, 14 de marzo de 2014

El malestar de tu cultura





Cuanto más leo,
más náuseas me da el publicar
lo que he venido escribiendo
en los últimos años.
          Lezguievo Z.


A veces te mueven el tapete. Te hacen creer que están realmente interesados en lo que escribes -en lo que escribes que piensas verdaderamente. Y tú, loco de remate que te pones, sobre todo desde que decidiste dejar constancia de tus anubados pensamientos, te has tragado el anzuelo. No pasa ni una hora y ya estás frenético tratando de localizar todos los archivos que guardas con diferentes nombres y en diferentes carpetas de colores para hacer, una vez más entre las incontables veces que lo has hecho, la propuesta de ese libro que supones lo publicarán quienes te han contactado por email.

          “Falso”, te lo dices después de un tiempo, esto es, luego que has descubierto los brillos de la verdad en los filos de la nada. “Sigo pensando en que realmente existen las virtudes del ser humano. ¿Pero que aparece en lugar de ello? Un nauseabundo hedor a dinero. Una promesa que me llevaría a prisión, si no es que a otro lugar más humillante que ese. Todo esto que me ofrecen no es más que trampa o zanahorias que me conducirían hasta las fauces del infierno”.

          Ahora en esta noche, después de tantos manuscritos enviados por correo y por tantos noes recibidos, junto con la apabullante cantidad de paquetes / presupuestos / estimados que algunas casas editoriales te han dado a conocer para que consideres (((de acuerdo a tus necesidades y a tu situación financiera))) las publicación de tus pesadillas bajo su sello, has decidido vomitar en la computadora todo el malestar de tu cultura.

          Antes de lavarte las manos –que están llenas de espanto- te buscas en el espejo que cuelga lunareado en la pared del baño, y qué ves: un par de ojos como uvas rodeadas por nieve; una cara rasguñada por los días y las horas de existir en el dolor, una boca entreabierta por el fantasma de una falsa sonrisa; y la nariz, ese hueco insaciable por el que el mundo ha llegado a elevarte hasta las parabólicas cimas de la alegría o te ha tirado en los agujeros negros de la desolación.

          Cansado de quitar y poner las palabras que planteaban los bajos fondos de tu pensamiento, escupes hacia el lomo del gato que yace dormido desde hace varias horas, arrullado por la lluvia de teclas que habían estado haciendo tus dedos.

“¿Hace cuántos años que vives sin abrir la boca para decir todo eso que pesa en tus vísceras? –te lo preguntas en el silencio de la noche- ¿Hace cuánto tiempo que no levantas las cortinas de tu cuarto y dejas que entren los fenómenos del afuera?”

          Abres el refrigerador y sacas la botella de oporto, sirves cuatro dedos en el  vaso que te regalaron cuando todavía eras alguien sociable y dispuesto a celebrar los triunfos de la humanidad, y te diriges al individual. El gato termina acomodándose entre tus pies, y tu bebes un trago, y piensas en los años en que creías en el ser humano, en todos aquellos años en que eseñaste a tus estudiantes a creer en la belleza del misterio de vivir, a la par que en las noches y madrugadas escribías lo que verdaderamente ocurría adentro de tu pensamiento y que nada tenía que ver con protocolos de investigación ni con toda esa camisa de fuerza en que han convertido el escribir académico.

          Después de varias horas de estar padeciendo la marea de tus pensamientos, abandonas el vaso con los restos del oporto, restos conformados por delicadas, oscuras astillas pegadas a la pared de vidrio, y te levantas con ganas de desaparecer definitivamente en la oscuridad -que ya te espera en tu habitación desde hace horas. Al instante sientes la presencia del gato que se ha metido, antes que tú, en la espesa bruma, olorosa a maderas y a polvo.


Sin quitarte los zapatos, te tiras en la cama, y desapareces para siempre de la realidad que tanto te ha pegado en las rodillas.


By Rothko

jueves, 13 de marzo de 2014

Los niños y el campo




aparece un campo abierto                                                  hasta el infinito 


                                                              y sobre de él muchos niños van corriendo 


                                                                                        
                                                                         para llegar donde nace el arcoiris


en el trayecto uno de los niños


                                                CAE


                               y algunos se detienen


                                muy pocos


                                                                 para auxiliarlo



                                                                                      
     los otros siguen corriendo


                                                                                                               SIN PARAR

                                                          
                                                        hasta quedar confundidos 


                                                                                             entre todos los colores



(((fue una tarde de hace muchos años

ya lo niños no son niños

                                                         y el campo también ha desaparecido

...................................

                                          ? ? ? ? ?? ? ? ? ::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::

jueves, 6 de marzo de 2014

Azulnara



la boca enorme, ilimitada, había comenzado a abrirse a cada instante

y todo lo tragó, hasta el punto de los dos puntos que avisaban una serie

de gotas como letras y palabras que mostraban el brillo de lo ausente

así no había cómo detener la gula de ese monstruo devorador



primero había sido la elección de una cierta música la que atrajo el mordisco

(((dentellada de grandes tiburones podría haber sido dicho -de pasada

después fueron algunas imágenes de pintores afamados que acabaron reducidas 

a poco menos que una ventanilla sin cortinas ni visillos 


y ni mucho menos  nube alguna que hiciera aceptable el manotazo 

de los copyrights y de toda esa corte imperial

ansiosa por detener lo indetenible

(((los ines irían tirando siempre 

detrás de los verdugos hasta dejarlos hinchados 

de pavor a veces


así fue esta aparición, tan intempestiva como una nube de gas mostaza

haciendo hasta lo imposible para asesinar a todos los habitantes de Azulnara...


en fin

en fin 

y no hubo más que cantar ni para qué gritar



SE VERÁ UN CAMINO DE TIERRA 

Y UN CHARQUITO DE ALGO INCIERTO BAJO LA MIRADA 

DE CUATRO BUITRES PRODUCTO DE UN ECO ICONOGRÁFICO

jueves, 27 de febrero de 2014

Pudor y silencio




El pudor es la cima más alta de la angustia
y el silencio la estrella más fúlgida en la noche.

Rosario Castellanos




No hablaría más de eso
que tumba fina calma
en horizontes de un cuerpo extraño.
Un día como otro día
rebajaría el uso de insinuar,
así fuese por un instante,
que lo cierto no estaba allí,
y nunca lo estaría.

Tan lejano era regresar a lo que había sido,
tan increíble, que ni la noche más profunda
ni el día más abierto ayudaban
para dejar en paz,
así fuese por un instante,
todo eso que ya no era /

ni siquiera duda.


By Morillas

viernes, 21 de febrero de 2014

Ni olvido




Se olvida como el agua
de ese famoso río,
y no va más el soplo
de aquella primera vez
en un rincón de tarde.

Ojalá todo quedara en eso:
en última la primera vez.
Bueno fuera saber que hay otros aires,
otras horas menos controladas;
ya estaríamos limpios,
serenos para acariciar las piedras,
enteros para multiplicar
y dividir:
la noche en las madrugadas,
el día y todo lo bueno que hay
para continuar así
serenos.

Se olvida,
y no hay más que decir,
ni qué creer en lo que ya fue.

Y entonces,
ni primera ni última vez llegan.
Ni soplo ni agua.

Ni olvido.


Yayoi Kusama



viernes, 14 de febrero de 2014

Árbol seco






Más que una sensación, es una idea pegada a las cuevas cerebrales.  Como ocurre con esta clase de fenómenos -de explicación innecesaria-, todo inicia en un momento cualquiera, mas no estoy seguro que esto mismo pueda ocurrirle a cualquier persona. En mi caso, el fenómeno comenzó poco antes del oscurecerEstaba yo mirando el gato que subía y bajaba las escaleras de la casa a la velocidad de los gatos enloquecidos por la soledad y el hambre, cuando experimenté en la punta de los dedos la frialdad que nace tras haber tocado la superficie de un hielo. Fue una frialdad muy local, al grado que en esa zona de los dedos fue haciéndose un hueco como del tamaño de un ojo de paloma.

          Otro día en la tarde, tras haber dormido la siesta, los agujeros en las yemas de los dedos se habían profundizado. El frío había hecho destilar todo el hielo hasta los nudillos, y no había guantes que cubrieran la sensación de pérdida. Luego, lo que siguió estaba no ya del lado de las manos sino en lo más profundo de la mente. Era ya, ahora sí, la idea pegada a las cuevas cerebrales.

          Ya no había gato negro corriendo enloquecido por las escaleras de la casa, lo que había era el cuello de una tortuga abierto y colgando de una rama cobriza de árbol seco, y unas manos, las mías –creo- flotando sobre un charco de sangre negra.

          Lo que se diga sobre esta idea –o macabra imagen-, a modo de explicación, acaba siendo innecesaria, inútil completamente. Ahora veo que mis manos están realmente cubiertas con guantes negros, pero siento que no son mis manos. Pienso que son o que pueden ser las manos del asesino que acabó con la vida de la tortuga que cuelga sobre la rama cobriza del árbol seco. Es esta idea la que está adherida a las paredes de mi pensamiento, y esto, ya no es sensación de hueco en las puntas de los dedos, ni hielo derritiéndose hasta el límite de los huesos. Es una idea que se mantiene a pesar de todos los sueños y de todas las actividades diarias en que me olvido de todo, menos de la tortuga y del charco de sangre negra.


IMAGINA ESTO

IMAGINA ESTO OTRA VEZ

LUEGO

QUIZÁS NO PUEDAS QUITARLO DE TU MENTE

ESTÁ COMPLETAMENTE LLENO DE HUECOS

FRÍOS COMO UN TÉMPANO

Y NO HAY SOL

NI NADA

jueves, 6 de febrero de 2014

Extrañamientos





En las vitrinas eran expuestos los rostros
de la belleza extranjera.
En las calles los habitantes de la sombra
desaparecían. Basura y mugre constataban el fondo
en que se perfilaba la emoción de ser y existir,
junto a muros de grieta honda
y ventanales sostenidos por el azoro.
Silencio de horas hacían flujos de luz
entre los vitrales y la mirada ensombrecida de todos ellos,
que se iban para siempre a otra vida,
menos excluyente que la que se imponía por las manos del lucro
y la soberbia. Otra suerte de repente borraba
el signo de las monedas.
Otra idea, ajena a la voracidad de los insaciables, surgía
para empujar el cuerpo a otras puertas menos aseguradas.
Así por ejemplo:
Un seco hoyo en que hubo charco y luna,
y la mano de los ojos que recogían serpentinas de colores
para el sueño. O algo incluso menos grave que una patada en los talones:
El ruido de los carros y las voces
que reventaban al sol de las 12 en punto,
hora fatal en que la vida o la muerte colmarían el mundo.
Y luego de todo eso, el azul del cielo
oscureciéndose de a poquito,
hasta olvidar todo lo incierto y nefasto que acompañaron
al visitante de esas calles y avenidas.



Por no ser lo que prometieron que sería

    En los ojos: Unos puntos negros Unas manchas que se extienden Sobre un vidrio opaco.   En los oídos: Unos cantos de gril...