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martes, 18 de septiembre de 2012

Una palabra









Ni ceguera ni olvido, sino un soplo de miedo.

Como si todo el cuerpo una palabra

O un estrujamiento de sombras.


Como si el verse un poco fuera

El despertar completo y entender

Casi entender la insinuación de lo que puso

De lo que había puesto

Sin serlo en la piel.


Un estrujamiento de sombras,

Una punzada que enferma,

Todo ese no estar y vivir,

Todo ese no ser y alcanzar

Un soplo de miedo

Una descarga filamentosa y en fuga

Una garganta rota

Quebrada en los filos. 








viernes, 14 de septiembre de 2012

Encserradros









¿La verdad te hace más libre?

¿Cuál verdad?

¿Cómo es esa verdad?

¿De qué modo surgió esa verdad?
)))))

INTERROGACIONES

Vapores que se adhieren a muros cerebrales.
::::::

Y vuelve otra vez la cantaleta de las épocas doradas,
Del pasado glorioso.

(((Siempre fue mejor cuando::::::

Truenan los timbales para dar paso / una vez más
Como si de una reina de carnaval se tratara,
A la verdad.

(((Confetis. Lluvia de colores / / / /

Junto con ella vienen los bufones, los arlequines
Y una hilera de perros bravos que cuidan que nadie
/ una vez más
Ose  soltar insultos o se atreva a cantar / En otro Tempo y Modo
Sin que antes lo quiera y lo decida la reina de la verdad / S.A. de C.V.

La verdad. El conocimiento de la verdad.
¿Será cierto que la verdad es que no hay verdad?

/Una vez más
INTERROGACIÓN.

Y luego del carnaval
Vapores que se adhieren a muros cerebrales.
:::::::::::::::::::::::::::::::::::

Mascarada.

ONGs y otras de otra índole.
¿La verdad?

¿Dónde estás, Diógenes?





martes, 11 de septiembre de 2012

Infinitivos










Calmar.

(((Un ruido como de olas…
Un mismo cuadro.
La película repitiendo el fondo:

                                    Música de eterna luz.

Repetir.

(((No hay razón para esconder…
Un mismo sueño.
El poema adentro de las venas.

El poema… el poema… el poema…

(((Un frasco lleno de colores.

Burbujas y estallidos en el plexus.


Encerrar.

(((El color del mismo cuadro…
La música en el fondo

Y las luciérnagas.
Y la falsa espuma del ahogado.








lunes, 10 de septiembre de 2012

A diario









Saliste por salir de casa. No había sol a esa hora de la tarde. Estaban los mismos postes amarillos, viejos postes de semáforo, atorando o dejando ir a los peatones y a los coches con sus personajes encerrados en su sombra. Llegaste a esa esquina donde alguna vez hubo una cafetería y donde alguna vez habías entrado y bebido un americano sin azúcar; donde sin decidirlo tú, habías estado yendo y viniendo por los constantes paseos de la muchacha que atendía las pocas mesas del lugar, y donde después de mucho vaivén terminaste siendo hipnotizado por esa danza de tacones y vasos temblorosos, terminaste siendo ajeno a tus propios pensamientos y a tu propio cuerpo. Fue esa tarde, adentro de ese cafetín que ahora ya no existe y que se llamaba Tierra de Nadie, cuando fumabas el cigarrillo sin filtro junto a la segunda taza de un expresso tibio y ácido, que meditaste sobre la ruta de escribir ciertas crónicas en que estaría presente la desaparición y la decadencia de vivir en esa ciudad de tus noches.

Depués de varios meses de escritura, llenaste varias libretas y las guardaste para ese día en que ibas a pasarlas en limpio con la Olivetti azul que  habías tenido por tantos años y que ahora, como el cafetín que ya no existe, desapareció, como también desaparecieron las libretas y los casetes en los que solías escuchar las extrañas mezclas de música y voces; literatura concreta sonorizada. Letras que no viene a cuento citar aquí, precisamente.

            Entonces un temblor de párpado se te hizo en el ojo izquierdo, y como si en esto hubieras encontrado la felicidad de ser un cuerpo vivo, un cuerpo que se llenaba y se vaciaba de sensaciones y de pensamientos inciertos, es decir, pensamientos de inefable realidad, pensamientos para morir en el silencio de la mirada colmada de superficie y de tiempo. De nada. 

Respiraste hondo y continuaste la marcha. En el trayecto se te fueron presentando algunos rostros de aquellos días en que te pasabas las horas vagando. Rostros de amigos y de enemigos, de conocidos y desconocidos. Rostros que se te presentaban sin tú decidirlo. Apenas habías cruzado la calle donde alguna vez tropezaste con el odio de los polícías municipales, cuando se te vinieron en cascada fragmentos de esas crónicas que jamás ibas a recuperar. Escuchaste la voz oscura, seca, temblorosa que hablaba de la mujer que había caído desde lo alto, en el interior de un cine. Viste o imaginaste el cuerpo de la mujer cayendo en medio de la sala llena de humores y de humo (todavía no existía la restricción de fumar en las salas cinematográficas). Imposible estar seguro cuál era la película que estaban proyectando cuando cayó el cuerpo y produjo un estallido de gritos; ya por el cuerpo de la mujer que yacía estremeciéndose en el suelo como por los que habían sido lastimados por el inesperado golpazo. Aunque  no se pudo determinar si había sido suicidio o asesinato, había quedado para la historia de ese cine el suicidio o asesinato de esa mujer. Como punto final de ese fragmento, escuchaste la ineludible pregunta: ¿Cuándo ocurrió esto?, pero enseguida se te formó la duda de si había sido nada más que un cuento tuyo con el que habías intentado desbaratar el bulto denso que no te dejaba respirar en aquellas noches, o si había sido cierta la muerte de esa mujer que yacía (todavía en tu memoria) temblorosa entre las puntas de los zapatos y bajo la mirada incrédula de los personajes que rodeaban el cuerpo de la muerta.

            Cansado de vagar, te sentaste en la banca del parque que continuaba allí como en aquellos días, es verdad que más gastado y sucio, y más lleno de sombras por la cantidad de álamos.

Cerraste los ojos y fuiste llenándote de momentos tristes, provocados por las breves historias de pasajera alegría que se urdían en el fondo negro de aquellas noches. Irrepetibles como todo lo que está lleno de tiempo. El temblor de ser y de estar en la orilla de la tarde, de tocar con los ojos esta otra noche, de experimentar el frío que nacía con la incertidumbre y el acabamiento de otro día, el olor de aquellos cuerpos que habían estado tan cerca y tan lejos de tus manos, el ruido de los coches, el color de los semáforos que desaparecía entre todas esas luces, y el murmurar de tus pensamientos que estilaban, y la nada de morir a diario, y el soplo en que se expulsaba lo irremediable, como había ocurrido desde siempre.

A diario.





viernes, 7 de septiembre de 2012

Todo esto y más









To hide myself away like a secret
in a sleep of lambs and of vine-cuttings
L´art poétique
Ingrid Jonker


Ya descubrieron que eres sordo
Y daltónico

Ya vieron cómo vives colgado
Horas enteras de un signo

Lo que no saben es que vuelas
Cubierto de arañas

Nada saben de tus instantes
Colmados de humo

Jamás escucharán estas voces
Enloquecidas que trepanan

Que acaban tirándote en sombras
De helada víscera

Todo esto y más
Ignoran

Todo esto y más
Hasta de ti mismo se esconde.



miércoles, 5 de septiembre de 2012

Para nada y para nadie












Despellejar el ego en un gesto de abierta alegría.

Desvelar el rostro, la carne.

Hacer del yo todo el juego de los sujetos sin historia.

Romper la puerta que separa el adentro de todos ellos.

Ingresar en el corazón y hacer llover la sangre entera

                                                              de los sueños,

y establecer una nueva escena 

con todos los actores llevándose lo nuestro, 

lo de ellos; hasta convertirlo en polvo de otras carnes 

                                                  desveladas. 

Para nada y para nadie.













sábado, 1 de septiembre de 2012

De otro momento










En otra parte abajo, pero cierto por su invisible fortuna de estar:

como el viento.

El viento que había sido sensación puntual y extendida:

plenitud de lo que fue inesperado

en la incredulidad de estar sin saber más de lo que había en el rostro.


El día y la noche como el silencio y el ruido:

lo sucio a plena luz y el brillo en la oscura sala:

deshabitada o llena de fantasmas:

de seres que jugaban a estar 

con la luz de la mirada.









Seres que eran como estar sin estar

en la superfice de los dedos en que otro juego estaba aconteciendo

presente como el silencio y la oscuridad:

como esa sensación que acaece en el poro abierto y lleno de otra luz

en que agrieta la garganta y el pecho tiembla hasta romperse.







El día y la noche como el silencio y el ruido

como esa sensación que vacía y llena el cuerpo

de intensos tonos a una velocidad única:

como la verdad de estar oyendo el paso de los fantasmas

de esa otra sala en que los seres habían jugado

bajo la luz de otro momento.





Por no ser lo que prometieron que sería

    En los ojos: Unos puntos negros Unas manchas que se extienden Sobre un vidrio opaco.   En los oídos: Unos cantos de gril...