Todo ocurre en un instante, aunque no lo comprendamos todo, incluyendo el instante mismo. Bocanegra
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martes, 10 de mayo de 2011
Al final de la tarde
No viendo más que entre cosas, como si en ellas el sol también, o como si un fuego de lava, a orillas de ventanas de piedra, de escayola, detrás de otras gafas, cayendo de vez en vez en un pozo de madera, en un liso muro donde luego la sombra, el paso de otras figuras, yendo así, desalentado, durmiendo con la cara del sentenciado a cadena perpetua, quieto frente al vapor suave, delicioso, del té anaranjado sobre una silla vieja, recuperando un sueño, abriendo los ojos a otras realidades, un soplo, un trago lento, el sabor, el intenso olor del romero, de vuelta a la silla, al sabor del té, enredarse en otra idea, un cosquilleo en el rincón izquierdo de la napia, apretar los labios para que el estornudo no, pero antes depositar la taza en el plato transparente sobre la mesita bermellón, descansar el brazo en el filo de la silla, ver otra vez el pozo de madera, sentirse un tantito asquil, un tantito molusco, y al final de la tarde preguntar: ¿Vivir es un verbo?
lunes, 9 de mayo de 2011
Triláteres
muros de colores
palabras de aliento
cercenado
por corazones de durazno
hueco en una hoja
de puerta añeja
sabor a sueño
palmo que se hizo
espuma
:::::::::::
perfecto olvido:
luna desdibujada por espesas nubes
noche que se abisma en el silencio
de ojos abiertos
hasta la eternidad de la muerte.
:::::::::::
hoy el eco de formas
punzó exacto
en el vacío momentáneo
de carros que se iban
mostrando la hora clara
el corazón expulsó
un sentimiento agudo
inexplicable
insoportable
una y otra vez el golpe
imaginado que se hacía
presentimiento indescifrable
junto a la caja enorme
de metal y números altos
en la carretera
el nudo definitvo de la huida
macabro final, cierto,
que en el vacío momentáneo
acontecía
arrastrado por las llantas
marley cantaba en el oscuro
cubo del coche que se fue
increíble -y no obstante-
dando volteretas sobre el pasto
amarillento
más allá de la carretera
otra sería la música en la tarde
en la noche
en la madrugada
sábanas limpias llenarían la casa
olorosa de inminente ausencia
ventanas guardarían clausuradas
durante cuánto tiempo
los secretos del cuerpo
que había sido en la noche
en la madrugada
unas horas antes
cuerpo lleno de vida
un sentimiento de vergüenza
entonces -como cada siempre-
envolvería de pronto
lo único cierto de todo ese silencio
el poco silencio verdadero
que quedaba a esas horas
en que marley había sido
eco de canción
derretido
adentro del coche negro
que brillaba en llamas.
palabras de aliento
cercenado
por corazones de durazno
hueco en una hoja
de puerta añeja
sabor a sueño
palmo que se hizo
espuma
:::::::::::
perfecto olvido:
luna desdibujada por espesas nubes
noche que se abisma en el silencio
de ojos abiertos
hasta la eternidad de la muerte.
:::::::::::
hoy el eco de formas
punzó exacto
en el vacío momentáneo
de carros que se iban
mostrando la hora clara
el corazón expulsó
un sentimiento agudo
inexplicable
insoportable
una y otra vez el golpe
imaginado que se hacía
presentimiento indescifrable
junto a la caja enorme
de metal y números altos
en la carretera
el nudo definitvo de la huida
macabro final, cierto,
que en el vacío momentáneo
acontecía
arrastrado por las llantas
marley cantaba en el oscuro
cubo del coche que se fue
increíble -y no obstante-
dando volteretas sobre el pasto
amarillento
más allá de la carretera
otra sería la música en la tarde
en la noche
en la madrugada
sábanas limpias llenarían la casa
olorosa de inminente ausencia
ventanas guardarían clausuradas
durante cuánto tiempo
los secretos del cuerpo
que había sido en la noche
en la madrugada
unas horas antes
cuerpo lleno de vida
un sentimiento de vergüenza
entonces -como cada siempre-
envolvería de pronto
lo único cierto de todo ese silencio
el poco silencio verdadero
que quedaba a esas horas
en que marley había sido
eco de canción
derretido
adentro del coche negro
que brillaba en llamas.
domingo, 8 de mayo de 2011
El otro lugar
En realidad no se podía estar exactamente en el mismo lugar que el cuerpo ocupaba. Cualquier lugar era siempre un "en vez de", un cierto signo que lanzaba a otra parte el otro cuerpo. Así, al escuchar el canto que decía: "las piernas de la amada son fraternas / cuando se abren buscando el infinito" eran otras piernas del lado del que estaba acá escuchando. ¿Cuáles piernas? Sólo, nada más, otras piernas. Entre la voz que cantaba y las palabras que decían eso que estaba siendo cantado, surgía el otro lugar, el otro mundo por el que se podía ir hacia lo desconocido. De manera semejante sucedía al estar leyendo algo. Todo allí en la lectura impulsaba la existencia del lector hacia otras latitudes. Las manos tocaban la cera del cuerpo que estaban formando las otras manos. La boca se abría y dejaba entrar el sabor de los duraznos en almíbar. Luego el cuerpo regresaba al lugar que había sido ignorado durante horas. Pero sólo un instante permanecía allí, o mejor, sólo un instante soportaba la presencia del cuerpo ese lugar. Aparecían otros ojos que hacían ver eso que las manos no alcanzaban ni alcanzarían nunca a tocar realmente. La ficción se hacía, entonces, al ser experimentado el no lugar, o si se quiere, el otro lugar en el que nunca realmente se llegaría a tocar con todo el cuerpo. Es con esta ficción que el mundo giraba según la ilusión en que nos veíamos en el vacío de una esférica idea. Es con esta ficción que la luz del tiempo se acoplaba al espacio en que tocabamos el lugar cincelado por la hora de otro día. Es sombra de luz el pensamiento en que caíamos a orilla de las cosas diarias. Otras cosas, es verdad, que estaban por el envés que la ilusión nos inventaba.
jueves, 5 de mayo de 2011
El mundo como ilusión
Hacia atrás o hacia adelante -con espejo retrovisor o sin cristal, a la intemperie o en celda cenobita- el mundo aparece por arte imaginativo, o si se quiere, por ilusión. Hacia atrás la nostalgia llena el momento -cualquier momento, hasta el más infausto- de algo que el presente jamás tendría: detenimiento, parsimonia, perfiles definidos, distancia plena de sentido. Hacia adelante es la ansiedad y la angustia las que baten el cortinaje en que el cuerpo asoma su existencia. Teatro del horror. Comedia o drama según días y estaciones. En este tiempo sin tiempo (el futuro) la realidad es todo el vacío en que el pensamiento se desbarata por instantáneas alucinatorias. Son agujas que punzan o que luchan contra un mar viscoso, adherente hasta la médula. Esto es así en la desproporcionada historia de una verticalidad que nos sujeta al presente en que la vida, a veces, parece que nos vomita. Cuando esto nos ocurre, la ilusión estalla y nos vemos flotando de muertito en corrientes de ríos subterráneos. Sólo así, después de horas o de días, al asomar nuevamente la cara al sol, experimentamos los infinitos rumbos del vivir.
miércoles, 4 de mayo de 2011
Las obsesiones de mamá
Llegó Kafka con Gregorio al lado. Entraron y se acomodaron en los silloncitos verdes de la sala. Allá se veía mamá, detrás del enorme ventanal, frente al caballete pintando las flores negras y el enorme sol amarillo que la obsesionaban. Después de varios minutos de mirar a Gregorio, Kafka se levantó y fue a leer los lomos de los libros que había en el pequeño librero de madera negra. Allí permaneció un rato sacando y hojeando distintos volúmenes. Durante todo ese tiempo, Gregorio no hizo otra cosa que mirar las patas de la mesa y rascarse la nariz. La tarde era clara y apacible en el patio donde se encontraba mamá diluyendo el borde amarillo del disco solar. Se le veía concentrada, ajena absolutamente a la visita de Kafka y Gregorio. Fue el timbre del teléfono el que puso nervioso a Gregorio, y a Kafka, lo puso en un estado de espera. Gregorio se puso rígido, con los ojos muy abiertos, mientras que Kafka entrecerró los ojos y mantuvo el libro abierto entre sus manos. El teléfono continuó timbrando pero nadie hizo nada por callarlo. Del otro lado colgaron y el teléfono volvió a ser nada más que una cosa entre otras cosas. Kafka cerró el libro y regresó al silloncito, cruzó la pierna y se interesó en lo que estaba haciendo Gregorio. Éste continuaba rígido y con los ojos muy abiertos. Era como si el timbre hubiera sido una cuerda adentro de su cuerpo que lo había tensado hasta no poder siquiera parpadear ni respirar. Kafka inclinó el cuerpo y dio unas suaves palmadas en la espalda de Gregorio. Soltó éste un suspiro, luego apretó los ojos y se mantuvo así, mirando adentro de sí, hasta que Kafka le dijo que se levantara y fuera a saludar a mamá. Fue pero no quiso cruzar el umbral. Desde atrás del vidrio de la puerta corrediza aplastó la mano en señal de saludo. Mamá sonrió y continuó pintando. Las flores negras tenían el color verde de los sillones en sus tallos. Como siempre, las flores estaban tiradas sobre una calle sucia, en la que también se veía la cabeza de un perro olisqueando algo indefinido. Antes de abandonar la casa, Kafka dejó adento de uno de los libros que había estado hojeando, los pétalos negros de una seca flor. Gregorio iba contento al lado de Kafka.
martes, 3 de mayo de 2011
Señor X
La duda lo fue llevando a la zona de los espejismos. Hasta la sombra que se desprendía de su cuerpo tenía para sus ojos, o mejor, para la razón que lo colocaba ante la realidad, algo de ajeno y de imposible. Sin haberlo calculado antes, la duda fue embromando el caletre hasta más no poder. El pulso exploratorio en las cosas había dejado de ser ejercicio para sus días de filósofo cartesiano. Los ojos se le llenaron de velos grises -ni la luz del sol lo hacía experimentar la perfecta dimensión en que se ofrecían las formas- y la lengua hacía maloliente espuma en el silencio de las horas en que buscaba proponer algo cierto en su escritura.
"Dudar de todo es traer la soga del ahorcado a diario", pensó en uno de esos días menos aciagos para su existencia.
Cualquier expresión tenía agujeros por los que se escapaba lo cierto y seguro. En otras épocas, esa misma expresión habría hecho a su pensamiento experimentar un alud de posibilidades infinitas. Ahora no. Ahora podía ser nada más que lama y pestilencia. No había nada en él de leve. Espeso era el batido en que prolongaba algún mal o buen pensamiento.
Lo peor llegó cuando hasta de su nombre tuvo dudas. Fue en un trámite burocrático que el nombre que pronunció -su nombre tantas veces puesto en papeles diversos- se le hizo ajeno e imposible de ser suyo.
"¿Le ocurre algo, señor?", preguntó la señora que había detrás de un mostrador que se prolongaba hasta un fondo de voces y teclas que sonaban en una guerra sin cuartel.
"Nada nada. Es solo que he olvidado mi propio nombre" -aclaró el señor X mirando el techo que presentaba manchas de seco orín.
La mujer lo vio, entonces, con una mezcla de pena (en los ojos), de burla (en un rictus) y desesperación (al arrugar finalmente el ceño).
"Hay demasiada gente esperando..." acabó por decir la mujer, haciendo con la mano como que barría algo en los pliegues del aire que allí se espesaba por los humores de tantos cuerpos acumulados a fuerza de esperar.
"¿Qué seguirá después de esto?" dijo para sí mismo el señor X, cuando abandonaba el edificio.
Despues de esto, lo que siguió fue un mar de mierda, y él en medio como una isla mosca temblando de horrorosa incertidumbre.
"Dudar de todo es traer la soga del ahorcado a diario", pensó en uno de esos días menos aciagos para su existencia.
Cualquier expresión tenía agujeros por los que se escapaba lo cierto y seguro. En otras épocas, esa misma expresión habría hecho a su pensamiento experimentar un alud de posibilidades infinitas. Ahora no. Ahora podía ser nada más que lama y pestilencia. No había nada en él de leve. Espeso era el batido en que prolongaba algún mal o buen pensamiento.
Lo peor llegó cuando hasta de su nombre tuvo dudas. Fue en un trámite burocrático que el nombre que pronunció -su nombre tantas veces puesto en papeles diversos- se le hizo ajeno e imposible de ser suyo.
"¿Le ocurre algo, señor?", preguntó la señora que había detrás de un mostrador que se prolongaba hasta un fondo de voces y teclas que sonaban en una guerra sin cuartel.
"Nada nada. Es solo que he olvidado mi propio nombre" -aclaró el señor X mirando el techo que presentaba manchas de seco orín.
La mujer lo vio, entonces, con una mezcla de pena (en los ojos), de burla (en un rictus) y desesperación (al arrugar finalmente el ceño).
"Hay demasiada gente esperando..." acabó por decir la mujer, haciendo con la mano como que barría algo en los pliegues del aire que allí se espesaba por los humores de tantos cuerpos acumulados a fuerza de esperar.
"¿Qué seguirá después de esto?" dijo para sí mismo el señor X, cuando abandonaba el edificio.
Despues de esto, lo que siguió fue un mar de mierda, y él en medio como una isla mosca temblando de horrorosa incertidumbre.
lunes, 2 de mayo de 2011
Dos de mayo
Imposible decirlo de otra manera: "El mundo había vencido al peor enemigo". Tras de haber ocurrido esto, la fiesta surgió: el cielo se llenó de fuegos artificiales y la tierra de los libres se colmó de júbilo patrio. Habían matado al demonio. Esto era suficiente para que el infierno desapareciera de las pesadillas diarias que los ahora celebrantes habían estado padeciendo desde hacía dos lustros. Sin embargo, todo apuntaba a que vendría lo inesperado, tal vez, hasta lo peor, luego de la muerte del monstruo enemigo de la libertad. En el mundo de los libres no había suficientes ángeles para cuidar el bienestar de tantas vidas humanas. Entonces devino el temor de que surgieran otros demonios, mucho más astutos y crueles que el demonio que acababa de caer bajo las estruendosas máquinas de la guerra. Mientras la fiesta se hacía con banderas ondeando en todo lo alto de las astas imperiales, en otra partes del mundo había otro infierno que estaba siendo alimentado con las grasas de los jóvenes cuerpos que no dejaban de caer abatidos ante la indiferencia de los súbditos del imperio.
¡Oh, Dios, cuánta alegría y cuánta muerte nos dan tus soldados aquí en la tierra!
¡Oh, Dios, cuánta alegría y cuánta muerte nos dan tus soldados aquí en la tierra!
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