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Mostrando entradas de febrero, 2014

Pudor y silencio

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El pudor es la cima más alta de la angustia y el silencio la estrella más fúlgida en la noche.
Rosario Castellanos



No hablaría más de eso que tumba fina calma en horizontes de un cuerpo extraño. Un día como otro día rebajaría el uso de insinuar, así fuese por un instante, que lo cierto no estaba allí, y nunca lo estaría.
Tan lejano era regresar a lo que había sido, tan increíble, que ni la noche más profunda ni el día más abierto ayudaban para dejar en paz, así fuese por un instante, todo eso que ya no era /
ni siquiera duda.

By Morillas

Ni olvido

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Se olvida como el agua de ese famoso río, y no va más el soplo de aquella primera vez en un rincón de tarde.
Ojalá todo quedara en eso: en última la primera vez. Bueno fuera saber que hay otros aires, otras horas menos controladas; ya estaríamos limpios, serenos para acariciar las piedras, enteros para multiplicar y dividir: la noche en las madrugadas, el día y todo lo bueno que hay para continuar así serenos.
Se olvida, y no hay más que decir, ni qué creer en lo que ya fue.
Y entonces, ni primera ni última vez llegan. Ni soplo ni agua.
Ni olvido.

Yayoi Kusama


Árbol seco

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Más que una sensación, es una idea pegada a las cuevas cerebrales.  Como ocurre con esta clase de fenómenos -de explicación innecesaria-, todo inicia en un momento cualquiera, mas no estoy seguro que esto mismo pueda ocurrirle a cualquier persona. En mi caso, el fenómeno comenzó poco antes del oscurecer. Estaba yo mirando el gato que subía y bajaba las escaleras de la casa a la velocidad de los gatos enloquecidos por la soledad y el hambre, cuando experimenté en la punta de los dedos la frialdad que nace tras haber tocado la superficie de un hielo. Fue una frialdad muy local, al grado que en esa zona de los dedos fue haciéndose un hueco como del tamaño de un ojo de paloma.
          Otro día en la tarde, tras haber dormido la siesta, los agujeros en las yemas de los dedos se habían profundizado. El frío había hecho destilar todo el hielo hasta los nudillos, y no había guantes que cubrieran la sensación de pérdida. Luego, lo que siguió estaba no ya del lado de las manos sino en lo más p…

Extrañamientos

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En las vitrinas eran expuestos los rostros de la belleza extranjera. En las calles los habitantes de la sombra desaparecían. Basura y mugre constataban el fondo en que se perfilaba la emoción de ser y existir, junto a muros de grieta honda y ventanales sostenidos por el azoro. Silencio de horas hacían flujos de luz entre los vitrales y la mirada ensombrecida de todos ellos, que se iban para siempre a otra vida, menos excluyente que la que se imponía por las manos del lucro y la soberbia. Otra suerte de repente borraba el signo de las monedas. Otra idea, ajena a la voracidad de los insaciables, surgía para empujar el cuerpo a otras puertas menos aseguradas. Así por ejemplo: Un seco hoyo en que hubo charco y luna, y la mano de los ojos que recogían serpentinas de colores para el sueño. O algo incluso menos grave que una patada en los talones: El ruido de los carros y las voces que reventaban al sol de las 12 en punto, hora fatal en que la vida o la muerte colmarían el mundo. Y luego de todo es…