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viernes, 4 de octubre de 2013

En esta hora







By Luka Hugues



Rara vez hablo
de Mí.
Es tan huidizo,
tan lleno de olvidos y
tan pegado a los suelos del bajo pensamiento.

Me parece que sería más limpio hablar de Nueva York,
o de la Coca Cola que puso helado el paladar
y se llevó toda la espuma espesa
de horas llenas
de horas quemadas con hielo
y no especifico más.

Sobre todo cuando se ha escuchado
por primera vez el mundo de Anne Gillis / Laurie Spiegel AND otro-as más,
podría ser tan arriesgado comentar
de las cosas sentibles en Mí /
tentables en Mí / incorporables en Mí.

Pero he querido hacerlo ahora,
en esta hora de escalofríos que punzan hasta lo indefinido.
He querido ir cortando los pedacitos de un poema
que escribió cuando tenía ochenta años.
Una época en que los días raspaban la garganta y el pecho.
Y que decía:
) ) ) ) ) )
¡
?
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Algo más o menos así
De ser cierto, parecería una locura no admitirlo.
&
/

U

viernes, 27 de septiembre de 2013

Entre telones


Para los sonámbulos
que viven atrapando sombras


(

Era normal que Equis Lado hablara de lo que habían dicho otros. Era normal desde que en los libros –ciertos libros- se hablaba de lo que habían escrito y pensado pocos. Equis Lado sabía que así ocurría el movimiento de lo intangible. Pura imaginación llevada al paroxismo. Pendular ocurrencia que flotaba e iba de lo real visible (((legible))) hasta lo irreal imaginable. O a la inversa, también: ir de lo real imaginable hasta lo irreal visible (((tiempo y espacio alucinados / entrevistos))) Y si no, allí estaba y continuaría existiendo el palimpsesto como recurso conceptual para asegurar exégesis y creaciones  de diverso calibre.

( (







/ / /

Pero acá en el escenario, donde los zapatos del director de orquesta hacen un perfecto contraste; tanto en definiciones de oscuridad y brillo como de equilibrio y desequilibrio al límite, afirmaríamos que el decir y el intepretar se pronuncian de otra manera. Y si abandonamos los zapatos del director a la imaginación del que tiembla y teme la posible torcedura -o también caída ante el silencio de los músicos, tan concentrados en su mundo -, bien podemos casi escuchar la sentencia del dedo que apunta hacia un rumbo más bien desconocido, al mismo tiempo que nos convertimos en la mirada de todos ellos –músicos visibles de la orquesta- que se apartan del pensamiento de las palabras y transmigran hasta el más allá de lo audible y de lo inesperado en consecuencia.


( ( ( (

Una micronovela podría ser todo esto, saturada de malentendidos y maldiciones por lo bajo. O también una frase oculta entre los pliegues y repliegues de lo que busca ser expresado. Pero es también o quiere ser también el preámbulo de una obra casi onírica.

Poesía de lo casi real / poesía de lo casi irreal.
Lo incierto, entonces, como verdad porosa.
La noche como poema absoluto / como historia guardada en abismos.


( ( ( ( (

Equis Lado habría dicho algo distinto, aunque creyera todo lo contrario, que había expuesto exactamente la idea del otro, el pensamiento del otro. Obsesión insana la suya, por descubrirse en las fuentes de los ríos subterráneos de la verdad, cuando lo cierto es que todo venía quedando en los renglones de la mímesis.
Esoterismo arreglado, disfrazado, escribiría alguien distante de esos círculos herméticos.
Kitsch ad hoc, pensaría el que introdujo a Equis Lado en esta mircronovela, y subrayaría todo un párrafo, el cual iría a parar a la zona de los comentarios anotados, con grandes palabras en mayúscula y concepciones oscuras. Cuanto más oscuras las ideadas concepciones, mejor para el gusto del gremio al que pertenecía Equis Lado.

) ) ) ) ) )

¿Y el director de la orquesta? Sin sombra. Como un auténtico fantasma a punto de echarse al viento.


By Eduardo Arrona

viernes, 20 de septiembre de 2013

Grietas






Parecía la historia de nunca acabar.

Una explicación pedía otra explicación. 

El colmo estaba o venía a ser toda esa ráfaga de ideas que mataba el alma. 

Ráfaga de causas y efectos. Arbitrariedad de los razonamientos hasta el sofocamiento.

A ese paso enloquecedor de razones, el polvo sabía más que esas bocas llenas de teorías y de pensamientos indelebles. 

Inmortales, los creían sus expositores. 

Otros personajes se habrían mordido los labios para no echar el escupitajo.  

Lo agradable era saber que estaba el silencio, y el viento que haría estallar los globos de colores.

Lo agradable era colocarse en otra parte, allá donde los principios se asimilan al comportamiento de las nubes.

Lejos de la efectividad y el efectismo que han asesinado la sorpresa o el inesperado azar.


Insistir sería tanto como querer embotellar el viento.

By Eduardo Iglesias

lunes, 16 de septiembre de 2013

Del otro lado de la luz




Me callaría, y esperaría a mantener la sensación que llegaría entonces. 

Podría ser un resuello de ideas, un torbellino de cabellos desbaratando el núcleo. 

Podría ser el relámpago de una espada cercenando las derrotas del guerrero.

Cerraría los ojos, y regresaría al instante en que fue atrapado el fantasma. 

Podría abrir la ventana y hacer entrar la tarde y el viento. 

Podría caer definitivamente la cabeza del otro lado de la luz.

Al día siguiente, pensaría en las inconsistencias del estar sin ser. 

Pensaría que todo está borrándose, que todo está evaporándose, que todo está para irse siempre, para olvidarse siempre.


Pero lo cierto, lo verdaderamente cierto, es que el fantasma sería apenas la sombra del guerrero y su derrota, del guerrero herido por el relámpago congelado de esa espada.




By Eduardo Arrona


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domingo, 8 de septiembre de 2013

En la otra orilla



Para Eduardo Arrona, artista de la imagen. 

Ejemplo de esta afirmación 
está esto que aparece aquí, 
precisamente aquí debajo:







No pertenezco a nadie,
 no asisto a Iglesia alguna, 
no creo en Dios ni en el hombre;
pero me gusta contar las fresas
cuando  como los domingos.


Lezguievo  Znahda



Y mírame ahora. Yo te pienso. 
Tú te asombras, tal vez, de que esté tan lejos.
Así está bien:
Yo del otro lado de tus ojos, y tú del otro lado de mis pensamientos.
Pero no he llegado hasta aquí para hablar de las distancias y de los contratiempos, ni he hecho el viaje de los horrores para estrechar tu mano y constatar, una vez más,  las formas de todos los días. Me parece que sería tanto como levantarse de la cama y gritarle al mundo que hay un cuerpo lleno de miserias.
Mejor será estarnos quietos, callados, respirando, y flotar, sobre todo, en los fondos grises del olvido.
Ya estarás preguntando por qué tanto tiempo vivir con las ropas de todos los días, por qué asomarme a las noches y derramarme en los rebrillos de la fiesta prostibularia, por qué no ir al parque y dormirme de una vez para siempre, con la boca y los ojos abiertos al infinito.
Pero no voy a contestar a ninguna de tus preguntas, no voy a soltar la lengua para untarla con licores, ni echaré el cuento de los apátridas ni de los marginales que pululan en los corredores de esta otra urbe.
Lo repito:
Mejor será estarnos quietos, callados, respirando, y flotar, sobre todo, en los fondos grises del olvido.

Todo lo demás sólo sería constatar la expulsión de lo ya sabido por nosotros.


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lunes, 2 de septiembre de 2013

En el medio






Estaba en el medio. Los bañistas gritaban aterrados, rodeados por la explosión de la ola. Mar Caribe. Arena blanca. Era como de talco el piso en que corrían para salvarse. Entre todo ese pandemonium, un hombre llevaba  con una mano -realmente sin prisas, sin miedo, sin tristeza-  levantada una hermosa guitarra anaranjada. 

Caminaba mirando el cielo. Transparente cielo de un esplendoroso mediodía.

Después de la explosión, todo se lo tragó el mar. Lo último que se vió, resplandeciente en la espumosa cresta de la ola, fueron la guitarra y el brazo del hombre, que fueron hundiéndose en el verdeazul cristal de las aguas. 


viernes, 30 de agosto de 2013

Ecos de noche





En el poema estaba prefigurada su muerte. Cada verso poseía el relato de su hora última. Entre las sílabas, el ritmo de la respiración iba dejando sentir la desaparición definitiva, el oscurecimiento hecho con pensamientos que llegaban de incontables sueños.

La noche en que había surgido el eco de esas palabras en su pecho, fue noche de abundante lluvia. Tal vez imaginaba que era sólo el ruido de la tormenta el que no lo dejaba dormir. Lo cierto era que estaba la muerte preparando la trampa, y era ésta una composición imposible para ser ignorada por el insomne.

Se levantó y fue a sentarse en el rincón de la sala. Encendió la lámpara. El cielo se iluminó con sucesivos relámpagos. Antes de abrir la libreta, se puso a escuchar las voces que habían surgido desde la mañana de aquel día. Escuchó y vio, o mejor, imaginó con las voces lo que la muerte estaba dictando sentada en su sombra. Cuanto más impresionantes eran las imágenes, más fuerte era la necesidad de atrapar lo que estaba sonando adentro de la mente.

Hasta que la lluvia cesó, hasta entonces abrió la libreta y se puso a escribir el poema. Fue un poema construido en trece versos. En él estaban perfectamente asimilados los ecos compuestos por la muerte.


Instantes de vida, había creído el insomne. Pero lo cierto era todo lo contrario.


Por no ser lo que prometieron que sería

    En los ojos: Unos puntos negros Unas manchas que se extienden Sobre un vidrio opaco.   En los oídos: Unos cantos de gril...