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miércoles, 18 de mayo de 2016

Nadie supo nada






TU VIDA ESTÁ EN VENTA.
LLAMA A LA TELE Y CUÉNTALA.

Henning Mankell: Antes de que hiele


Estaba en el largo sillón de la sala, sobre una mancha de sangre, con el cuello abierto y algunos coágulos en la garganta. Del estereofónico escapaba incierta música, agrietada con interferencias provenientes de diferentes pistas, con estilos musicales muy diferentes. Podía decirse que eran mezclas duras.
Era una tarde lluviosa.

            Nadie había oído nada.  Nadie supo nada. Sólo la muerte, que estaba mirando a través de los ojos del suicida, cuidaba que las moscas no se adentraran en la herida.


sábado, 7 de mayo de 2016

Como una mosca






Encerrado en varios libros, sin hallar la salida a ninguna hora. Con los argumentos rotos en mi dodecafónica existencia, inferior o sin fuerza para oponer resistencia a nada que no fuera el tránsito de muchas voces y pensamientos. Apenas si podía levantar la cara después de tanto ir a velocidades de un supersueño que se desbarataba pronto, con cada pestañeo nervioso, con miedo a deshacerme en los remolinos de los ecos que sucedían tempestuosamente. De hecho, la sensación se hacía en el no estar seguro dónde mis pensamientos iniciaban o terminaban destruidos. Todo era como un teatro a oscuras, colmado de un nocturno resbalar hacia el silencio.
        
    Después, el afuera desapareció. Y yo terminé hundido en una realidad sin fronteras reales. Allí estoy, con los nervios electrizando las fragilidades de mis órganos, aterrado como una mosca al estallar la luz de una bombilla en plena tarde.  


            

sábado, 23 de abril de 2016

A punto de estallar





( ( ( ( ( (
               ) ) ) ) ) )

Que no preguntara nada.

Que no iba a responder a nada.

Estaba cansado de explicaciones.

Con tantas causas de esto y de aquello, con tantos efectos de aquello y de lo otro /

La razón había pasado al patio de las madrugadas sin luna.

Lo que había de cierto era el oleaje

interminable, nauseabundo

en los corredores de la garganta.  

˄

El cerebro estaba como una burbuja

( ( ( a punto de estallar.

No me preguntes nada /

Absolutamente nada /

No quiero saber, no me interesa saber.

Tus dudas no me quitan el sueño.

Estoy asqueado de historias repetidas.

Estoy ahogado de información.

Lo que sea que quieras comprender /
te aseguro que no los has de encontrar en este lugar
donde me encuentro

¿Dónde me encuentro?

No me preguntes nada /

Absolutamente nada /





jueves, 21 de abril de 2016

Aquella lluvia







Verdinegro bulto el de la gabardina sostenida con humores, inflada con el movimiento de las manos encerradas en los bolsillos. Todo el día y toda la noche oyendo el paso de la lluvia. Todo el día y toda la noche cargando el cuerpo en las calles.

     Cual émbolo, saltaba la cabeza y caía por entre el cromatismo de paraguas, y, también, toreaba con los faldones de la gabardina los cuernos de las bicicletas, yendo con las pestañas espurreantes en el parpadeo al ver, detenido en las esquinas, las placas de los automóviles que arrancaban tras las órdenes del semáforo.

     Limpió la frente con la manga verdinegra y vio hacia los edificios buscando el número (((otrora mágico))) sobre los dinteles, o entre los tachones de las puertas, el número sin magia ni misterio, un número ordinario que lo orientara para encontrar el metro de las sílabas que tendría la siguiente palabra del siguiente verso que improvisaría en otro día, en otro tiempo, en otra noche.

Versos y reversos.
Disparidades.
Desequilibrios rítmicos.
Jazz poético.
Mental.
Corazón y ojos marchando juntos.
Latidos asintóticos. Parábolas visuales.
            Voy hacia la ternura hacia los parques...
            La noche no cabe el día tampoco...

            Algo así. Como que recordaba ese andar con las manos en los bolsillos, rozando con las yemas las morusas del mendrugo, en otras calles de otra ciudad. O los instantes. Recitaba aquello que Fayad Jamís escribió:

El reloj aturdido el vaso de agua...
Su rostro como una mañana de llovizna y de sol.
Orden único de las cosas...
Algo así. Los instantes, tiempo minúsculo de mayúsculos órdenes entrevistos. Cada instante, un orden absoluto que muere a la llegada de otro instante.
Tantos órdenes cuantos instantes vividos en la absoluta inconsciencia.
Tantos desórdenes, tanta consciencia lancinante en la minúscula porosidad desbordada que se pudre ante esta vida incontenible.
Inconsciencia, subterránea historia intratada que se experimenta en un instante, que se pudre al contacto con las líneas firmes de la lógica.
Conciencia, contenido, recipiente limitado, seguro, satisfecho de ocupar un espacio firme.
Inconsciencia, mezcla infusa de órdenes que se viven a la vera de la muerte.

            
            Esta lluvia y los carros mojándote los choclos...



viernes, 1 de abril de 2016

Palabras mínimas






que al mismo tiempo las llaves
como un puñado de monedas
contra las vidrieras
el niño de la mujer enferma destripaba
en llanto y las enfermeras

                                           como siempre

dos entraron con los restos del emparedado
en tres dedos y sonrieron

                                               entre ellas

con palabras mínimas
despreocupadas del llanto
y de las ambulancias que entraban

                                                      y salían

cada tanto tiempo
como siempre destronando
la imposible calma de ese hospital

                                                          donde

las llaves como un puñado de monedas
y el llanto del niño
y la mamá enferma
y las enfermeras
con los restos del emparedado
en tres dedos sonreían
con palabras mínimas

                                        mientras

las ambulancias no dejaban
que la calma fuera cierta
en ese hospital donde la vida era algo triste…


                                                       de escuchar



martes, 22 de marzo de 2016

Entre rumores






De la razón a la sinrazón, o bien, la razón que la sinrazón… después llega el sentido del sinsentido. Aberturas que el lenguaje genera, y el pensamiento ensimismado que no deja de pintar, en la grisura del paisaje, formas de naturaleza no siempre muerta pero sí muy cercanas al virtuosismo de las ideas plenas, y hasta planas.

Abrimos los libros y la realidad se transforma en algo que se embarra en los conos donde la mirada se aprecia microcósmica: Un decir que se vuelve báscula, un señalar que se resuelve en justicia momentánea.

            Del poema queda el silencio raspando en las vértebras que sostienen y dan forma a la otra palabra. Aquella palabra que no sucede con la premura en que los teóricos bailan y enjugan los sudores, y luego alzan el pañuelo para publicar todo lo asimilado.

            Asusta tanta información dispuesta en las corrientes del aire. Los ojos se irritan, las bocas se llenan de corroyente hálito, y no hay garganta que indolente trague las estancadas aguas de esa historia vieja: el lobo hablando del hombre.

            Ya nada queda limpio para el fantasma que otrora divagaba ajeno a las formas del vivir tranquilo. Adonde vaya se atora en el cúmulo hecho por el despilfarro, y el ruido. Ni el peso más leve de la hormiga asegura que ha estado en la faena más gloriosa del hacer callado.

            Excesivo se ha vuelto todo hasta ahogar el sueño, suave sueño que se avisaba en el deseo de lograr un poco.


Nada mejor que acurrucarse en los rumores de la noche, aún en pleno día.



sábado, 12 de marzo de 2016

Del lado de acá







Hay muchos soles y pocas lunas
Pero hay menos exploración
Del lado oscuro de las lunas.

Es un peligro de muerte aguardando
Con pulsos descontrolados.
Es un saber que la muerte enseña
Callada, dolorosa muerte en las ventanas.

Nada cierto como la angustia
De respirar con la sombra tirada por los soles.
Nada más aturdido
Con los ojos de los soles explorando
Y con el ruido de las aves agoreras.

Hay menos lunas de este lado,
Y casi nadie en el umbral.
Nadie para extender el brazo y arrebatar
La llave maestra que la muerte esconde
Muy del lado de acá, muy del lado espeso
De las noches y de las ventanas rotas
Por los tantos soles.



Por no ser lo que prometieron que sería

    En los ojos: Unos puntos negros Unas manchas que se extienden Sobre un vidrio opaco.   En los oídos: Unos cantos de gril...