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martes, 8 de diciembre de 2015

Disoluciones






Es escribir sobre uno mismo,

Pero como si fuera en otro.

Es preguntarle a dios

((( si crees que existe )))

Qué pasó 

Qué sueños tuvo 

Esa noche después del séptimo día.

Es dejarse llevar lejos, muy lejos,

Sabiendo que el regreso jamás sucederá.

Es esconderse en la sombra de los vidrios

Rotos como esos cuadernos 

De angustia adolescente.

Es dormir con la sensación de hundirte en el cosmos

De disolverte en un brillo de luciérnaga

Y de no saber más la hora en que desaparecerás

Entre tantos sueños 

y cuadernos 

y vidrios rotos.





viernes, 4 de diciembre de 2015

Y / O







De nuevo el desierto
y el fantasma del cuerpo
arrastrado sobre montículos y
escorpiones atravesando el instante.

De nuevo el cielo
y la noche del pensamiento
limpiando estrellas en la madrugada.

De nuevo el cuervo
y los ojos abiertos entre horizontes
robando el sueño de una tarde
robando la hora de no acabar nunca.

No más ayer ni mañana
todo se hará siempre y
nunca más otra vez
nunca más otra vez el instante
nunca más de ver que apareciste.

De nuevo el desierto
y el fantasma del cuerpo
arrastrado sobre montículos y
escorpiones atravesando el instante.

De nuevo eso que parecía nunca
De nuevo y ya no estar otra vez
Para qué otra vez eso que
se ha ido para siempre.

Nunca más otra vez
nunca más otra vez el instante
nunca más otra vez el ver todo eso y
nada
nada
nada.




domingo, 22 de noviembre de 2015

Cavilaciones






El olor de la madera, enjuagada con años de cerveza y vino tinto, ya sólo era un susurro de otras tardes en tu memoria. La atmósfera de vidrios ahumados, de música que flotaba entre los muros de fibra y tabla-roca, estaba ahora en los estruendos de las risas y de los cabellos multicolores, con minúsculas fluorescencias lunareando los cubos de bocinas esquinadas, donde había videos musicales y otros temas que a nadie le importaba. Ya no cabías en ese lugar en que estaba prohibido fumar. Ya tus ojos no estaban para quedarse anclados entre los vacíos de la entretención corpórea. Ni el DJ que jugaba en los recuadros de pasajero silencio, ni él parecía contento. Estaba claro que la actuación histriónica poseía otros códigos, y tú no estabas ya para averiguarlo. Descolgaste el chaquetón que había estado en el respaldo del banco alto de varillas tubulares, te lo echaste en un brazo y saliste con el sigilo de quien se ha equivocado de salón. Pero antes de escapar definitivamente, una mano apretó tu hombro y te obligó a detener el paso. Te entregó una nota y en ella leíste: cerveza oscura - 50 pesos / la propina no está incluída.

            Afuera la noche estaba fresca. Caminaste hasta la avenida, encerraste medio cuerpo en el chaquetón y te fuiste cavilando en las cosas que habían ido despareciendo de tu vida; mientras tanto, en tu cabeza no había dejado de sonar esa música de otras noches.




lunes, 16 de noviembre de 2015

Entre muros







Había pensado en alguien, o en algo tan grande e ilimitado como un abstracto. Había pensado que sería puntual, entero y fuerte para no perderse en rutas absolutas y con fines indudables.

Ya no sé si me interesa comunicarlo. Está todo tan lleno de gritos y de explosiones, tan surtido de odios feroces. Ya no sé ni estoy seguro si ese alguien en quien he pensado existe o ha dejado de existir. Hace tanto tiempo que nació en mí la idea de pensarlo, pero ahora no, ya no podría pensar lo mismo.

Algo así podría suceder con mi aliento y con mis sueños. Estaré callado y despierto, sin pedir ni decir buenas noches a nadie. Estaré como un sonámbulo hasta más no aguantar la luz de los días. Me pregunto si podré caminar en las noches sin riesgo a caer destrozado por las granadas de todos ellos, de quienes se dice que son crueles y despiadados.


Me calma saber que están ahí las paredes, tan tranquilas para recibir las palabras que me angustia saberlas allá, abandonadas en los calabozos de otras bocas. Trataré de alcanzar la calma de estos muros que me aguardan, ya después pensaré en alguien o en algo más grande que todo esto que me apachurra el pecho y la garganta.


miércoles, 4 de noviembre de 2015

En otra parte







En otra parte, con otro nombre y la duda de saber (y hasta de sentir) si había existido en el mismo cuerpo.
La montaña estaba allí para no desmentir el peso de las horas:
Una estructura enorme de metales negros
Un cielo del que caían pedazos de tela / sucios pedazos de tela oscura
Y el sentimiento … el sentimiento… de no saber nada sobre todo eso.

En otra parte, con otro nombre y la duda de saber (y hasta de sentir) si había estado encima de ese pedazo de sombra.
Las nubes estaban allá para no ignorar el peso de la distancia
En los labios un lamento de larva y polvo amargo.
Una línea en el piso de ásperas calles
¿Era ya noviembre del año 2016?
Un saludo a lo lejos de aquella otra ventana
En que nos asomamos en silencio
Y el corazón… el corazón… el corazón de no estar contentos.

En otra parte con otro nombre y la duda de estar
Despierto en el mismo cuerpo que había tirado en la noche.
¿Qué dices tú qué sigue?
¿Qué dices tú qué sigue?
¿Qué dices tú?

¿Qué sigue?


sábado, 24 de octubre de 2015

Macabro juego






El juego sin juego estaba dado. Una ilusión: creer que había otro lugar para desplazarse. Libertad era la consiga que se había inyectado en el cuerpo de la historia. Falso. Incierto era todo.

En los televisores de miles de casas  -tal vez hasta de millones, se podía pensar; la imagen del fenómeno estaba logrando los efectos esperados. En las mentes de todas esas familias estaba el helado ritmo de la amenazante realidad. El terror era la gran inyección puesta en los pensamientos de quienes estaban allí, atrapados por la palabra y la imagen. Lo interesante era que los animales, tan perceptivos de los inminentes desastres naturales, no mostraban la más mínima alteración en su conducta. Estaban pasando las horas en jardines o en cielos contaminados, en copas de árboles cobrizas, del modo más natural a su estilo de vida. Era como si en ellos el peligro fuera inexistente. No así entre los humanos, que estaban dispuestos a aceptar y a conducirse según los dictados de las poderosas palabras emitidas como cantilenas por los heraldos de los Mass Media internacionales y nacionales.

Era otro el juego. Macabro juego. Las cortinas apestaban a muerte. Las sillas amenazaban con derrumbarse. Las camas era pozos llenos de tristeza. El tiempo estaba poseído por las mentes de unos monstruos que ignoraban la existencia de millones de niños. Ni las mariposas negras volaban en derredor de los ventanales: iluminados por las pantallas de computadoras, teléfonos inteligentes y televisores. Televisores. Todo el día y toda la noche las ventanas iluminadas.

Nunca más el silencio ni la música de la vida.

Nunca más la danza de los seres vivos.

Habíamos entrado a la época de los zombies.



sábado, 10 de octubre de 2015

Otra vez el doble






Aquella tarde Mario me aseguró que, un día antes, había jugado conmigo y con Felipe a las canicas. Yo le dije que no, que era imposible porque yo había estado durmiendo toda la tarde en mi cuarto; enfermo de cansancio.

Esto sucedió hace mucho años. Éramos niños y nada sabíamos de los dobles ni de los desprendimientos astrales.  Oníricos.

En alguno de los libros de Carlos Castaneda leería después sobre el soñador soñado, particularmente sobre Don Genaro. Recuerdo lo impresionante que le pareció a Carlos, el aprendiz de brujo, conocer todas esas historias sobre la realidad del doble. Realidad en la que el soñar dirigido era fundamental para comprender por experiencia la significación de esa misteriosa realidad del desprendimiento físico y mental del soñante, para reproducirse en otro, el soñado actuante.

La otra semana me llegó un email de una amiga a la que tengo algunos años sin ver, donde comenta sobre todo aquello que estuvimos conversando el otro día (da fecha y hora) en un cafetín de nombre impronunciable, y en una ciudad desconocida para mí.

Ha sido este correo el que me llevó a recordar al amigo de marras, quien vio a mi doble sin saber nada sobre esta teoría –o superstición, según lo afirman los más racionales del planeta.


Tal vez esta noche concentre mi voluntad para ir al lugar donde estará mi cuerpo durmiendo, y yo de pie, mirando todas esas escenas que pondrán en riesgo la existencia de mi doble. Decirlo así, podrá sonar como un mero juego de palabras; lo cierto es que resulta insólito todo esto, pues se trata de una sensación que proviene de lo más hondo del cuerpo, una como vibración de huesos que avisa sobre la cercanía del doble, y que acaba disolviéndose en las paredes internas del diafragma, hasta dejar un boquete grande que hace imposible pensar en nada.




Por no ser lo que prometieron que sería

    En los ojos: Unos puntos negros Unas manchas que se extienden Sobre un vidrio opaco.   En los oídos: Unos cantos de gril...