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sábado, 3 de octubre de 2015

¿Para qué?






Sería mejor que no fueras
que no aceptaras la existencia del lago y su cielo en plena tarde.

Sería preferible que escondieras
en los labios el deseo de hundirte en la noche
y callar –aunque en realidad parecerá todo lo contrario.

Cerrarás puertas y ventanas
y los oídos, cubiertos con el desvelamiento a toda piel.

Ya expulsado por las voces de todos ellos,
asistirás cabizbajo a dar el pésame a tus manos.

Murmurarás con voz de sonámbulo
el regusto de haber caído sobre túmulos de piedras.

De cadáveres como días en tu espalda.

Un rosario de sueños o de pesadillas,
un ojo enorme abierto hasta de noche,
un cansancio que punzará ensangrentándote la sombra,
un sacar la lengua y dejarla yerta, olvidada hasta su muerte.

Sería mejor que no fueras
que no encontraras esos pliegues
en que descubrirías a quien pudo llegar a ser.

De saberlo ellos, te romperían las piernas y las manos.

¿Para qué?

Serías el último en saberlo.

El último en dejarlo caer para tu olvido.



sábado, 26 de septiembre de 2015

Palabras en la verja






Colgó en la verja un cartoncillo, en el que decía: el terror se ha apoderado de esta casa.

Otro día, el cartoncillo desapareció, y en su lugar dejaron un par de calcetines enrojecidos por la sangre aún sin secar.

            A medianoche descolgó los calcetines y les prendió fuego con los periódicos de varias semanas. Mientras fumaba el cigarrillo y bebía el té helado de mandarina, pensó en el cartoncillo que colgaría en los próximos días, y en lo que anunciaría.

            Así estaba, meditando con el sabor de la mandarina en los labios, cuando se detuvo una camioneta de la que descendieron tres policías. Le preguntaron por el mal olor que escapaba del fuego, ya débil como los murciélagos viejos que acaban muertos en el vuelo. 

           Les mintió sobre el contenido que hacía combustión.

            -Huele a cadáver –dijo uno de ellos.

            -Sí –afirmó el otro policía.

            El tercero nada dijo, sólo se quedó mirando al personaje, como esperando que aclarara o que desmintiera a lo que habían dicho sus compañeros.

            -Está bien –dijo el personaje, tras beber un trago al té de mandarina-. He cazado una rata y he querido convertirla en cenizas.

            Después de escuchar esto, el jefe de los policías les dijo a sus subordinados que subieran a la camioneta, que tenían cosas más importantes que estar hablando con un chalado.


            El personaje no se sintió vulnerado por tales palabras. Sacó otro cigarrillo y lo encendió, y acabó de fumarlo con el gusto de haber conseguido las palabras que escribiría en el cartoncillo de ese fin de semana.




viernes, 18 de septiembre de 2015

Sin nada






Soliloquio arroyo
Contaminado de violentas noticias
Romperse un lecho
Sobre piedras
Abiertas bajo soles
Negros como cráneos enlamados
Sin su sangre
Sin su origen de sueños
Sin nada.



viernes, 4 de septiembre de 2015

? ? ? ? O O O . . .





Inútil será ponerlo en oficio
(un decreto para qué)
Un papel, un breve texto
Serán suficientes.
De ocurrir lo contrario,
El oficio no borrará
Todos aquellos hechos
Que se fueron guardando
En la mirada azorada como para no creerlo.


Serán ya polvo los que salieron con miedo
A refugiarse donde no encontraron
Más que indiferencia y odio.


Sólo un pedazo de papel
Un breve texto y a olvidarse
Por un instante lo que parecía estar tan cercano

Y tan hermoso como para no creerlo.


lunes, 24 de agosto de 2015

Ante la ventana







Te  cle  o
Varios dedos
Intensidades distintas
Te  cle  o
Una palabra
Otra palabra y
Si  len  cio
Varias manos
En la tarde asombrada
Cayendo en las notas
De un reloj y un piano
Ante la ventana.


sábado, 15 de agosto de 2015

Enigma








Me veo los pies desnudos
Tallándose en lo obscuro de sus días
Pregunto:
¿Se irán conmigo a la eterna noche?
Los veo y recuerdo esos días,
Esas tardes que iba con ellos.
Sobre de ellos la pregunta y un cuerpo
El enigma de no estar como en aquellas horas
Temblando de ansiedad y de minutos de por medio

De llegar adonde nunca estaría.



viernes, 7 de agosto de 2015

Ramillete de fantasmas








Al otro lado la voz, como un ramillete de fantasmas en los centros rotos del cristal.
Al otro lado la forma enrarecida: una ventana rodeada de hilos de plata, un color polvoso
Una sombra deshecha por las horas de no llegar a ser lo que esperaba.
Pregunta de arañas temblorosas, agitadas por la luz que las despertaba de su ensueño.
Al momento vino la respuesta sin palabras.
Era corazón lento, engrandecido por el mal de estar ahíto de abrirse siempre, siempre.
Al otro lado la voz, la respuesta sin palabras
Y el corazón aprisionado por fantasmas.




Por no ser lo que prometieron que sería

    En los ojos: Unos puntos negros Unas manchas que se extienden Sobre un vidrio opaco.   En los oídos: Unos cantos de gril...