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Mostrando entradas de abril, 2016

A punto de estallar

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( ( ( ( ( (                ) ) ) ) ) )
Que no preguntara nada.
Que no iba a responder a nada.
Estaba cansado de explicaciones.
Con tantas causas de esto y de aquello, con tantos efectos de aquello y de lo otro /
La razón había pasado al patio de las madrugadas sin luna.
Lo que había de cierto era el oleaje
interminable, nauseabundo
en los corredores de la garganta.  
˄
El cerebro estaba como una burbuja
( ( ( a punto de estallar.
No me preguntes nada /
Absolutamente nada /
No quiero saber, no me interesa saber.
Tus dudas no me quitan el sueño.
Estoy asqueado de historias repetidas.
Estoy ahogado de información.
Lo que sea que quieras comprender / te aseguro que no los has de encontrar en este lugar donde me encuentro
¿Dónde me encuentro?
No me preguntes nada /
Absolutamente nada /
<

Aquella lluvia

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Verdinegro bulto el de la gabardina sostenida con humores, inflada con el movimiento de las manos encerradas en los bolsillos. Todo el día y toda la noche oyendo el paso de la lluvia. Todo el día y toda la noche cargando el cuerpo en las calles.
     Cual émbolo, saltaba la cabeza y caía por entre el cromatismo de paraguas, y, también, toreaba con los faldones de la gabardina los cuernos de las bicicletas, yendo con las pestañas espurreantes en el parpadeo al ver, detenido en las esquinas, las placas de los automóviles que arrancaban tras las órdenes del semáforo.
     Limpió la frente con la manga verdinegra y vio hacia los edificios buscando el número (((otrora mágico))) sobre los dinteles, o entre los tachones de las puertas, el número sin magia ni misterio, un número ordinario que lo orientara para encontrar el metro de las sílabas que tendría la siguiente palabra del siguiente verso que improvisaría en otro día, en otro tiempo, en otra noche.
Versos y reversos. Disparidades. Deseq…

Palabras mínimas

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que al mismo tiempo las llaves como un puñado de monedas contra las vidrieras el niño de la mujer enferma destripaba en llanto y las enfermeras
                                           como siempre
dos entraron con los restos del emparedado en tres dedos y sonrieron
                                               entre ellas
con palabras mínimas despreocupadas del llanto y de las ambulancias que entraban
                                                      y salían
cada tanto tiempo como siempre destronando la imposible calma de ese hospital
                                                          donde
las llaves como un puñado de monedas y el llanto del niño y la mamá enferma y las enfermeras con los restos del emparedado en tres dedos sonreían con palabras mínimas
                                        mientras
las ambulancias no dejaban <