domingo, 31 de mayo de 2015

Ausencia





Sin paz este día y otro día
Sin tarde abierta para estos pasos.
Detrás de la ventana ¿o al otro lado?
Los ojos deslumbrados mientras el corazón
Golpea hasta la garganta.

El pulso … cubos tiritando en la oscuridad.

Sin música en los oídos 
como en otro tiempo cuando esperaba 
que lo mejor sucedería al poner el disco.

O antes de que abrieras la puerta
O ya cuando te habías sentado y cruzado las piernas
Desnudas como tus pechos en la siguiente hora.

Ya no más tu figura 
ni tus pensamientos ni tu lengua 
ni el silencio acariciándonos

Ni tu sombra para acomodarse en mi boca

Ya no más atmósferas sonoras 
ni estacatos ni uñas raspando 
estallando las burbujas en la cima.

Ya no este día ni otro día serán los hilos de otro enredo

Ya no más disputas ni más gritos en la madrugada.
Ya no están los discos ni el sillón en que te sentabas a esperarme.
Ya no estoy más en el antes de la puerta aquella.


Eso es. Ya no estoy ni estás.

Es tan doloroso de aceptar. 
Tan difícil estar en paz.


domingo, 24 de mayo de 2015

Tarde intempestiva








y si el maestro nos atemoriza
pidamos consejo a la suprema naturaleza.

Hölderlin


En una hora todo se oscureció.
Retumbó el cielo sobre fuerte aguacero.
Al poco salió el sol y
El cielo
Todo abajo se aclaró.
Quieto el polvo

Todo se olvidó.





jueves, 21 de mayo de 2015

Visitación y fuga










No sé cómo es que sucede lo que escribo. Es tan repentino el hallazgo, tan elevado en ruidos que me sobrepasan. Tal vez llega como esas visitas inesperadas en tardes de domingo y hastío. Es después de todos esos golpes insistentes en el silencio de la puerta, que aparece la inesperada figura y se adentra por los túneles de los ojos, y hace que desaparezca el hastío y poco a poco vaya cobrando existencia eso que asoma en el sucio vidrio de la ventana.
Y ocurre el cuento. Se cuenta solo. Apenas si hay en él un poco de historia. Es apenas breve imagen: una grieta sangrante en el cuello del suicida. Un soplo de irritante cadaverina. Un bulto encobijado y echado a orillas de un parque. Se oye entonces esa voz que dice la primera palabra. Un nombre, quizás. Una zona de día por ausencia de luz o por su cielo con nubes. A veces la calle se construye con los ruidos de los motores, con el paso de una camioneta y el sonido a todo volumen. Si se trata de abundar en la violencia que ha hecho de los días el dato preciso con su número de ejecuciones, entonces el escenario necesita de toda una ciudad, de todo un estado, de todo un país, de todo un continente como teatro de muerte y sobrevivencia. Los encabezados de las notas macabras llegan como las cuentas de un rosario: Matan a presidente municipal de… Encuentran colgados varios cuerpos desnudos en los puentes de las avenidas… Se enfrentan a balazos polícías federales y miembros del cártel en la carretera del poblado de… Y junto al dato estadístico, ya para hablar del menor porcentaje o para atenuar la realidad de violencia cotidiana (imposible de atenuar) en términos psicológicos, los noticieros radiofónicos y los de televisión hacen islas rodeadas de sol y alegría. Afán idiota de mantener la sentencia que dice: El show debe continuar. Por el contrario, todo apunta a que el terror debe continuar. Casi en su totalidad, el mundo en sus días de desastre y shock gira. Gira. Gira. Y el universo que no deja de expandirse.
Pero no siempre es de este teatro del horror que proviene el hallazgo con el cual se puede atrapar un instante y escribirlo sin otro fin que para calmar la bestia que muerde las entrañas. De conseguir el fin, que es aplazar siempre los estertores últimos de morir aterrorizado, lo que después llega es calma de olvido, calma de no haber hecho innecesarios dramas ante la visita inesperada. Y llega a suceder que la visitación acaba en nada, en ruido blanco escurriendo por mi cara. O bien, ha llegado a pasar que la visita permanece por varios días, por varias semanas, y es un tiempo del cual no alcanzarían ni la novela ni la enciclopedia para deshacerme de tanto cansancio y de tanto dolor en las rodillas y en los ojos. En todo este tiempo, es probable que me ocurran sueños reparadores, y también lecturas –como antídotos- de textos escritos por suicidas, y un silencio que me alejará de todas las voces de la normalidad, y de la eficiencia que asesina el ritmo de la poesía.

Y el robo acaba siendo inevitable. Con Prometeo hubo iniciado esta gran historia. En tal caso, ya no habrá visita inesperada sino fuga al infinito. En definitiva, lo repito: No sé cómo es que sucede lo que escribo.


sábado, 9 de mayo de 2015

Antes que acabe el cielo






El hombre es dios cuando sueña,
Y apenas un mendigo cuando piensa.
Dicen que escribió Hölderlin


Cuestionó la premisa que hablaba de todos los hombres son mortales.

Si esto fuera sólo así –dijo-, vivir no tendría más que un sentido.

No lo acepto. Para mi la vida es más que un silogismo,
y tanto como un poema de Vallejo.

Ya no dijo más. Calló y se fue a beber y a fumar.

Es verdad que dos más dos son cuatro; pero tampoco importa mucho.

Hay compases menos enteros, con los que se ha hecho música inolvidable.

No menos ha sucedido con ciertos seres nerviosos 
en absoluto enteros para soportar el griterío de los mercados.

La cuestión es hasta cuándo la memoria será la última que abandone mi cielo.

Hasta cuándo el rumor de las máquinas cederá.

Ya no silencio en el poema y en el canto será sólo eso.

Que otro rostro, que otro lenguaje, que otro ritmo, que otras realidades

Mientras tanto: desesperar y olvido 

que hubo una vez misterio en /





Un punto borrándose

Fueron días de escarnio y burla Y   eso mismo que lo provocaba Es ahora causa de miedo y sudores Nada ha sido, desde entonce...