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Mostrando entradas de abril, 2015

No sé cómo

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Entro No sé cómo En los días que me levantan Como nubes Y desaparezco

No sé cómo

Ayer y hoy

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Ayer Sentí el cansancio Y el deseo de no atravesar El aniversario cincuenta Hoy Casi huelo la madera De los árboles Que rodearán la sombra De mi muerte.


Atmósferas

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Una noche en la árida montaña A lo lejos se tocaba Y en lo cerca La metamorfosis de Gregorio Samsa Se untaba en los huesos /
Entre ambas fronteras el ácido De los pensamientos resbalaba E iba desbaratando el polvillo  De un pasado muerto
Inmediato como el dolor de sabernos vivos.



Casi

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La normalidad me quitó las ganas de seguir andando. Llevar el perro atado Los coches pasándose el rojo de los semáforos Los mendigos atorados en las esquinas Con el brazo extendido y exigiendo
Se me nubló la vista Pese a que el cielo era abril. Pero no era más pesado el aire  Que ese aliento a nubes.
Era casi de noche, es verdad.
Luego todo fue llegar otra vez Hasta allá Hasta el otro lado En el imaginario aquel donde  Todo lo mejor había sucedido ya.
Tantos nombres  Para una época que jamás  habrá existido ya.
Tampoco y tan poco era eso  En que mi paso había tropezado.
Desarmado.
Ahito,  Enfermo de vagar con los pensamientos De ningún lugar  Hacia ninguna parte.
Habría sido casi preferible tirarme  En la avenida aquella. Habría sido casi la única cosa  Que bien valía un escalofrío. Habría sido casi como experimentar  Algo próximo al resarcimiento.
Todo habría acabado como lo que nunca, Pero como si hubiera sido siempre.

Fiesta loca

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En otros tiempos, escribir aquí era nada más que para limpìar la sombra de la bestia. Era como colocar el cuadro y ver todos los caminos que no iban nunca más a Roma, y junto a la sombra, limpia de horas madrugadas, estaban los cadáveres por los que la bestia había nutrido la esfera de las cifras, que a diario se mostraban en la prensa.
            Otra historia fue cuando en el barrio comenzaron a robarse a las muchachas y a llevarlas a las mesas de oligarcas y putos guapos que hacían cortina a los pies de otros soros y demás caterva de ricos agasajados por los cuerpos de ellas, adolescentes de tercero y cuarto mundos.
            El barrio, pintado así de muchachos solos y malhumorados, era como para no creerlo, sobre todo cuando quienes lo habían padecido en carne propia habían quedado tan doblados de terror y de miseria.
            En otros tiempos la historia era muy familiar, y contarla era tanto como para asegurar que todo seguiría en buenos términos. Era una clase de camino diri…