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Afuera el ruido alegre de los colores y sus formas apresuradas. Y acá en el interior de la casa: Los comensales rompían la quietud de los cuerpos con risas, en la mesa, Con golpes de vidrio, en las pupilas, con raspones en la porcelana de los platos, Con voces que saludaban a todos con la copa en alto.
No muy lejos de acá, a un perro lo tenían adornado con cuerdas Saturado  de fuegos pirotécnicos. Precisamente allá, en medio de la calle y de sus formas apresuradas Con la luna más redonda que nunca: Un muchacho le había puesto fuego a las cuerdas que adornaban al perro. Y el perro comenzó a llenarse de fuegos pirotécnicos Y de explosiones en todo el cuerpo.
En otra parte de la ciudad Adentro, muy adentro del cuerpo del vagabundo que dormía Sobre la banca  de esa plaza desolada, fría y con la luna enorme en todo lo alto, Allí el silencio estaba colmado de misterios, hasta de sueños y de pesadillas.
Imposible que al vagabundo lo despertaran los ladridos del perro que saltaba Entre tantas explosiones …

Tirado en el lodo

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Estabas tirado en el lodo
Con la mirada extraviada en las estrellas.
Sofocado en el hueco,
El temblor de tu cuerpo buscaba
Demoler la fiesta de los insultos.
Ni una palabra brotaba de tus labios,
Sólo había sangre en el océano de la noche,

Sólo había frío, y silencio, y muerte a tu lado.


Palabras tristes

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Humedecían las palabras
Humedecían
Eran como lágrimas
Eran tristes las palabras
Tristes
Qué tristes cayeron
Como lágrimas
Como tristes lágrimas



Disoluciones

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Es escribir sobre uno mismo,
Pero como si fuera en otro.
Es preguntarle a dios
((( si crees que existe )))
Qué pasó 
Qué sueños tuvo 

Esa noche después del séptimo día.
Es dejarse llevar lejos, muy lejos,
Sabiendo que el regreso jamás sucederá.
Es esconderse en la sombra de los vidrios
Rotos como esos cuadernos 

De angustia adolescente.
Es dormir con la sensación de hundirte en el cosmos
De disolverte en un brillo de luciérnaga
Y de no saber más la hora en que desaparecerás
Entre tantos sueños 

y cuadernos 

y vidrios rotos.




Y / O

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De nuevo el desierto y el fantasma del cuerpo arrastrado sobre montículos y escorpiones atravesando el instante.
De nuevo el cielo y la noche del pensamiento limpiando estrellas en la madrugada.
De nuevo el cuervo y los ojos abiertos entre horizontes robando el sueño de una tarde robando la hora de no acabar nunca.
No más ayer ni mañana todo se hará siempre y nunca más otra vez nunca más otra vez el instante nunca más de ver que apareciste.
De nuevo el desierto y el fantasma del cuerpo arrastrado sobre montículos y escorpiones atravesando el instante.
De nuevo eso que parecía nunca De nuevo y ya no estar otra vez Para qué otra vez eso que se ha ido para siempre.
Nunca más otra vez nunca más otra vez el instante nunca más otra vez el ver todo eso y nada nada nada.


Cavilaciones

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El olor de la madera, enjuagada con años de cerveza y vino tinto, ya sólo era un susurro de otras tardes en tu memoria. La atmósfera de vidrios ahumados, de música que flotaba entre los muros de fibra y tabla-roca, estaba ahora en los estruendos de las risas y de los cabellos multicolores, con minúsculas fluorescencias lunareando los cubos de bocinas esquinadas, donde había videos musicales y otros temas que a nadie le importaba. Ya no cabías en ese lugar en que estaba prohibido fumar. Ya tus ojos no estaban para quedarse anclados entre los vacíos de la entretención corpórea. Ni el DJ que jugaba en los recuadros de pasajero silencio, ni él parecía contento. Estaba claro que la actuación histriónica poseía otros códigos, y tú no estabas ya para averiguarlo. Descolgaste el chaquetón que había estado en el respaldo del banco alto de varillas tubulares, te lo echaste en un brazo y saliste con el sigilo de quien se ha equivocado de salón. Pero antes de escapar definitivamente, una mano apr…

Entre muros

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Había pensado en alguien, o en algo tan grande e ilimitado como un abstracto. Había pensado que sería puntual, entero y fuerte para no perderse en rutas absolutas y con fines indudables.
Ya no sé si me interesa comunicarlo. Está todo tan lleno de gritos y de explosiones, tan surtido de odios feroces. Ya no sé ni estoy seguro si ese alguien en quien he pensado existe o ha dejado de existir. Hace tanto tiempo que nació en mí la idea de pensarlo, pero ahora no, ya no podría pensar lo mismo.
Algo así podría suceder con mi aliento y con mis sueños. Estaré callado y despierto, sin pedir ni decir buenas noches a nadie. Estaré como un sonámbulo hasta más no aguantar la luz de los días. Me pregunto si podré caminar en las noches sin riesgo a caer destrozado por las granadas de todos ellos, de quienes se dice que son crueles y despiadados.

Me calma saber que están ahí las paredes, tan tranquilas para recibir las palabras que me angustia saberlas allá, abandonadas en los calabozos de otras bocas. T…

En otra parte

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En otra parte, con otro nombre y la duda de saber (y hasta de sentir) si había existido en el mismo cuerpo. La montaña estaba allí para no desmentir el peso de las horas: Una estructura enorme de metales negros Un cielo del que caían pedazos de tela / sucios pedazos de tela oscura Y el sentimiento … el sentimiento… de no saber nada sobre todo eso.
En otra parte, con otro nombre y la duda de saber (y hasta de sentir) si había estado encima de ese pedazo de sombra. Las nubes estaban allá para no ignorar el peso de la distancia En los labios un lamento de larva y polvo amargo. Una línea en el piso de ásperas calles ¿Era ya noviembre del año 2016? Un saludo a lo lejos de aquella otra ventana En que nos asomamos en silencio Y el corazón… el corazón… el corazón de no estar contentos.
En otra parte con otro nombre y la duda de estar Despierto en el mismo cuerpo que había tirado en la noche. ¿Qué dices tú qué sigue? ¿Qué dices tú qué sigue? ¿Qué dices tú?
¿Qué sigue?

Macabro juego

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El juego sin juego estaba dado. Una ilusión: creer que había otro lugar para desplazarse. Libertad era la consiga que se había inyectado en el cuerpo de la historia. Falso. Incierto era todo.
En los televisores de miles de casas  -tal vez hasta de millones, se podía pensar; la imagen del fenómeno estaba logrando los efectos esperados. En las mentes de todas esas familias estaba el helado ritmo de la amenazante realidad. El terror era la gran inyección puesta en los pensamientos de quienes estaban allí, atrapados por la palabra y la imagen. Lo interesante era que los animales, tan perceptivos de los inminentes desastres naturales, no mostraban la más mínima alteración en su conducta. Estaban pasando las horas en jardines o en cielos contaminados, en copas de árboles cobrizas, del modo más natural a su estilo de vida. Era como si en ellos el peligro fuera inexistente. No así entre los humanos, que estaban dispuestos a aceptar y a conducirse según los dictados de las poderosas palabras e…

Otra vez el doble

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Aquella tarde Mario me aseguró que, un día antes, había jugado conmigo y con Felipe a las canicas. Yo le dije que no, que era imposible porque yo había estado durmiendo toda la tarde en mi cuarto; enfermo de cansancio.
Esto sucedió hace mucho años. Éramos niños y nada sabíamos de los dobles ni de los desprendimientos astrales.  Oníricos.
En alguno de los libros de Carlos Castaneda leería después sobre el soñador soñado, particularmente sobre Don Genaro. Recuerdo lo impresionante que le pareció a Carlos, el aprendiz de brujo, conocer todas esas historias sobre la realidad del doble. Realidad en la que el soñar dirigido era fundamental para comprender por experiencia la significación de esa misteriosa realidad del desprendimiento físico y mental del soñante, para reproducirse en otro, el soñado actuante.
La otra semana me llegó un email de una amiga a la que tengo algunos años sin ver, donde comenta sobre todo aquello que estuvimos conversando el otro día (da fecha y hora) en un cafetín d…

¿Para qué?

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Sería mejor que no fueras que no aceptaras la existencia del lago y su cielo en plena tarde.
Sería preferible que escondieras en los labios el deseo de hundirte en la noche y callar –aunque en realidad parecerá todo lo contrario.
Cerrarás puertas y ventanas y los oídos, cubiertos con el desvelamiento a toda piel.
Ya expulsado por las voces de todos ellos, asistirás cabizbajo a dar el pésame a tus manos.
Murmurarás con voz de sonámbulo el regusto de haber caído sobre túmulos de piedras.
De cadáveres como días en tu espalda.
Un rosario de sueños o de pesadillas, un ojo enorme abierto hasta de noche, un cansancio que punzará ensangrentándote la sombra, un sacar la lengua y dejarla yerta, olvidada hasta su muerte.
Sería mejor que no fueras que no encontraras esos pliegues en que descubrirías a quien pudo llegar a ser.
De saberlo ellos, te romperían las piernas y las manos.
¿Para qué?
Serías el último en saberlo.
El último en dejarlo caer para tu olvido.


Palabras en la verja

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Colgó en la verja un cartoncillo, en el que decía: el terror se ha apoderado de esta casa.
Otro día, el cartoncillo desapareció, y en su lugar dejaron un par de calcetines enrojecidos por la sangre aún sin secar.
            A medianoche descolgó los calcetines y les prendió fuego con los periódicos de varias semanas. Mientras fumaba el cigarrillo y bebía el té helado de mandarina, pensó en el cartoncillo que colgaría en los próximos días, y en lo que anunciaría.
            Así estaba, meditando con el sabor de la mandarina en los labios, cuando se detuvo una camioneta de la que descendieron tres policías. Le preguntaron por el mal olor que escapaba del fuego, ya débil como los murciélagos viejos que acaban muertos en el vuelo. 
Les mintió sobre el contenido que hacía combustión.
            -Huele a cadáver –dijo uno de ellos.
            -Sí –afirmó el otro policía.
            El tercero nada dijo, sólo se quedó mirando al personaje, como esperando que aclarara o que desmintiera a lo que…

Sin nada

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Soliloquio arroyo Contaminado de violentas noticias Romperse un lecho Sobre piedras Abiertas bajo soles Negros como cráneos enlamados Sin su sangre Sin su origen de sueños Sin nada.


? ? ? ? O O O . . .

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Inútil será ponerlo en oficio (un decreto para qué) Un papel, un breve texto Serán suficientes. De ocurrir lo contrario, El oficio no borrará Todos aquellos hechos Que se fueron guardando En la mirada azorada como para no creerlo.

Serán ya polvo los que salieron con miedo A refugiarse donde no encontraron Más que indiferencia y odio.

Sólo un pedazo de papel Un breve texto y a olvidarse Por un instante lo que parecía estar tan cercano
Y tan hermoso como para no creerlo.

Ante la ventana

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Te  cle  o Varios dedos Intensidades distintas Te  cle  o Una palabra Otra palabra y Si  len  cio Varias manos En la tarde asombrada Cayendo en las notas De un reloj y un piano Ante la ventana.

Enigma

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Me veo los pies desnudos Tallándose en lo obscuro de sus días Pregunto: ¿Se irán conmigo a la eterna noche? Los veo y recuerdo esos días, Esas tardes que iba con ellos. Sobre de ellos la pregunta y un cuerpo El enigma de no estar como en aquellas horas Temblando de ansiedad y de minutos de por medio
De llegar adonde nunca estaría.


Ramillete de fantasmas

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Al otro lado la voz, como un ramillete de fantasmas en los centros rotos del cristal. Al otro lado la forma enrarecida: una ventana rodeada de hilos de plata, un color polvoso Una sombra deshecha por las horas de no llegar a ser lo que esperaba. Pregunta de arañas temblorosas, agitadas por la luz que las despertaba de su ensueño. Al momento vino la respuesta sin palabras. Era corazón lento, engrandecido por el mal de estar ahíto de abrirse siempre, siempre. Al otro lado la voz, la respuesta sin palabras Y el corazón aprisionado por fantasmas.