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Mostrando entradas de septiembre, 2014

Un día difunto

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Y pensar que antes podía permanecer íntegro, quieto en el estudio, hasta llegar al sueño de esa escritura apuntada en hojas de infinita saciedad.
((( ¿por qué es que esta voluntad ha renunciado al encanto de las mentiras en verdad? ¿qué ha sucedido para que haya querido dejar caer la cabeza en otras aguas menos límpidas, menos frescas pero más frías que una madrugada de febrero? )))
Preguntas que antes pudieron erizar mi ánimo, hasta quedar sin aliento por la búsqueda de respuestas, hoy no son más que bultos abandonados por las manos de otra época.
Hoy me confunde la confusión de las ruedas imparables en los caminos sin fin.
Hoy es un minuto apenas, de las 24 horas del día, que me veo despierto.
Hoy es un día de años escondidos en algún lugar de mis huesos.

En fin, hoy es un día difunto.


Quietas soledades

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People are loocking their doors and switching off their nervous systems. J G Ballard

Había dejado de contarse la historia al modo antiguo. El antes de Cristo  o el después de  Cristo, así como el antes de nuestra Era y el después de nuestra Era, habían dado lugar al antes de las WWW y al después de las WWW.
          Lo que había sido dejaría de hacerse así, y lo que vendría ya estaría haciéndose con sueños de agua y de aire.
Las coordenadas limpias en el papel en que habían sido trazadas las rutas para llegar allá y más allá, habían comenzado, primero, a borrarse en el papel de los reciclados, y luego acabaron desapareciendo en los cajones del olvido.
El presente era todo el pasado que iba quedando para los recuerdos de una memoria de contornos imprecisos.
Fugaz recuerdo, incluso, de lo que pudo haber sido.         
          Escalofriaba el segundero que impedía saber en qué minuto exacto había muerto la crisálida.
Un río de caídas libres era el resumen de las horas idas por el viaje hech…

Los dobles fondos

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Como una muñeca esquinada en el largo sillón de la sala, Marcia estaba con los ojos abiertos en el fondo de la sombra que hacían las pestañas, entre la tenue luz de la lámpara que se encontraba sobre un velador de tres pies.
     -No temas -musitó Mauricio, luego de que Ofelia cerró las piernas en el momento en que él iba a meter la mano debajo del vestido.
     -Estoy nerviosa -dijo Ofelia-. Necesito que me prepares otra copa.
     Mauricio miró adonde estaba su mujer, y entonces habló:
     -Está dormida. Así duerme Marcia, con los ojos abiertos.
     -¿Estás seguro? -preguntó Ofelia, turbada por los ojos de Marcia.
     -Te lo demostraré...-Se levantó Ñudo, y fue a ponerse detrás de la cabeza de Marcia. Movió entonces las manos delante del rostro de ella, para asegurarle a Ofelia que no había nada de que preocuparse.
     Ofelia se quitó los zapatos y sintió placer al frotar la alfombra con los pies. Bajó la cara para no ver los ojos de Marcia. Aunque Mauricio había dicho que estaba dorm…