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Mostrando entradas de abril, 2014

Naturaleza muerta

En la enfermedad pueden suceder ideas que obsesionan. A cuarenta y tantos grados de temperatura en el cuerpo y tras varios días de intenso trabajo intelectual, nada raro puede resultar que se piense, por ejemplo, que de este lado del mundo, la lucha de clases es inexistente. En verdad que en los medios de comunicación la insatisfacción social no aparece. Todos los daños que son presentados y representados por la mayoria de los mass media de este lado del mundo, pasan por ser expuestos en la naturalización de hechos, como si fuera lo más natural que existan psicópatas disparando a las multitudes, o que se condene a muerte a un sujeto que dio muerte a otro sujeto.
Viendo la manera en que dramatizan los meteorólogos los hechos de la naturaleza,  hasta el grado de presentarlos en clave de epopeya, y por el contrario, que los hechos de la sociedad sean expuestos como si hubieran sido producidos por las atmósferas sucias de la tierra, viendo esto así, nos lleva a creer que hay todavía quien…

Esperar

La mosca en el techo, iluminada por la luz de una lámpara. Abajo de ésta, sobre la mesa-escritorio, una Holy Bible, quieta para ser recogida por el habitante de este cuarto de hotel...
Penumbra. Calor. Aire de horas apretado entre la alfombra rojinegra y los muros avainillados.
Afuera el rumor de los motores hace pensar en el mar, sobre todo –es probable- en quienes llevan atorados varios minutos en uno de los nudos viales –cada día menos útiles para los flujos de los coches altatecnologizados que desde la ventana se alcanzan a ver como una serpiente variopinta bajo este cielo pardo.
Pero del lado de acá, se puede escuchar como en un suave recuerdo las frescas cuerdas de una obra de Arvo Pärt.
La tentación de escribir es fuerte.
Sale la máquina de su estuche de tela. Se abre como una mariposa negra en el silencio de la luz anaranjada. Brilla la pantalla. Aparece una página blanca sobre un fondo azul claro. La música de Arvo Pärt es más poderosa que las ideas que puedan ser puestas en la p…

Arriba de los hombros

Ya podrán darse cuenta que te has ido. Ya no te verán por las noches tocar las puertas de la realidad ni escucharán el paso justo de las sombras trepándose hasta lo más alto de los muros.
Habías pensado en el cielo de aquellos días, suspendido en los hombros de las nubes, ajeno al color de las palabras. Y regresaste al punto de las horas en que habías decidido abandonar la mesa en que habías estado dibujabando los contornos de esa boca, que decía.
Ya podrán darse cuenta que te has marchado. Ya no te verán por las mañanas levantando las basuras ni conocerán nada que no esté asegurado por los encabezados de los diarios.
De nuevo el cielo estaba encima de los hombros de otras nubes, suspendido en los huecos que hacían las ramas. Ya tampoco eras tu mismo, pero estabas contento de la aparición de esas grises sombras.
Había sido un deseo, y la imagen de ese deseo que se esfumó en los labios de la boca que hubo dicho:
Ya no estarás en parte alguna…
Mirando las nubes, se te vino a la garganta la se…

Brevedades

Con óleos y amapola fue quitando las asperezas de su piel. 
Igual que ríos de mercurio atravesando oscuridades, concibió Mariana su pensamiento. Todo su aroma acompañó el dilatado paseo de las manos por los hombros, por los brazos, por las piernas, percibiendo a la vez el desplazamiento que hacía con su sombra la invocación en las sábanas, la ilusión de las formas inmutables. Grato le resultó columbrar la sostenida caída de un cabello finísimo por el espacio, y más placer le entró al percibir en la punta de la hebra las brevedades de un torbellino que se hizo en uno de los taludes que había esculpidos en la manta. 
Con fruición aspiró la fragancia de áloe. 
Por todos sus poros experimentó el colmo de la vida. Después de postrarse en el centro de la cama -los talones bajo las inmaculadas nalgas, los brazos en cruz sobre sus pechos-, cerró los ojos y se dispuso a meditar. Tras los instantes que tuvo que emplear para quitarse al mundo de la conciencia, se fue yendo algo de su cuerpo a un mar…

La no persona

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By Misha Gordin
La no persona se aposentó en el templo de sus mayores. Allí dejó que la corroyeran sus palabras como una droga. Allí el silencio era propicio para alucinar en el espacio de los muros; con la suma de las grietas surgían rostros que acababan acompañándola, y así, en cada sombra un paisaje y muchos caminos para ser recorridos al ritmo de ciertos verbos. No había para que oponerse a la aguja que entraba en sus carnes y hacía de la bóveda cerebral una pantalla para ver la ciudad en que había vivido durante tantos años.
          Embelesada por los lentos giros del caleidoscopio en que se había ido convirtiendo su mente,  ya no supo –ni le interesó, quizás- reconocer o distinguir si lo que veía estaba allí afuera de sus ojos o adentro de su cuerpo.

          Después de mucho tiempo, la no persona decidió hundirse en el océano de las lenguas muertas. 



By Misha Gordin