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Mostrando entradas de julio, 2013

Al gusto de Saturno

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La vida es, a veces, una palabra; otras, una sensación. Pero nunca está todo lo que la vida conlleva de infinitud en la palabra vida ni en la sensación de estar vivo.
Sin embargo, (((¿Sin embargo?))) en este sistema mundial de libre mercado, la palabra vida se ha vuelto sinónimo de la palabra trabajo. Y así también los verbos vivir y trabajar, según parece, han sido convertidos semánticamente en vocablos equivalentes.

¿Si no hay trabajo no hay vida?
La vida como trabajo. (((¡Qué asco!)))
Vivir es trabajar. (((¡Qué absurdo!)))
Trabajar es vivir. (((¡Cuánta estupidez encierra esta afirmación!)))
¿Un desempleado es un muerto?
¿Podría haber alguien realmente imbécil como para hablar de los desempleados  a guisa de seres muertos?


La vida. La salud. Una y otra juntas se vuelven casi mercancías, si no es que son ya verdaderas mercancías. Alguien con vida y salud es alguien que “vale mucho”. Las aseguradoras están dispuestas a pelearse por esta clase de mercancías. Son verdaderas minas de oro. Y más …

Vida efímera

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Iban cayendo las palabras hasta hacerse polvo azul. A un lado de ese vacío las formas surgían y se elevaban con la calma leve de vapores grises.
El pensamiento componía y descomponía los gusanos de tu vida efímera.
Un instante después llegaba una mano y levantaba la madera que encerraba el teclado de un piano vertical. Las teclas estaban un poco gastadas; el marfil amarillento y algunos bemoles despostillados.
Luego de presentarte la carretera del teclado, la mano se posó en la zona de las notas agudas y tocó una escala cromática en semifusas. Varias veces repitió la misma escala modulándola con distintas figuras y en distintos ritmos. Con la suma de notas se formó un lago transparente.
La mano se convirtió en mariposa de colores brillantes.
Mariposa enorme de pétalos temblorosos sobre un fondo negro.
Se hizo el rostro con el movimiento alado de muchas mariposas, y de la boca surgieron cantos breves, acompañados por la mano que tocaba el piano.
La oscuridad y el silencio borraron eso que…

ESSSSSSH

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En el fondo se escucha Clan of Xymox, y más adentro el pulso de bestias trepidando en los oídos de quien sueña. Al otro lado de la puerta gritan las voces del mercado. Es de noche. Pero en el cuento que se va haciendo fuerte, es de día y las calles se llenan y se vacían de figuras. Multitud de colores. Efervescente mar de fragancias y de rostros y de ropas que se evaporan. A veces el cielo está claro. Lo cierto es que nada está quieto. Todo es ruido y movimiento.
          Y como todo lo que llega de repente, surge un restaurante en una esquina de una ciudad. Innombrable, por cierto. Allí adentro del restaurante las voces no gritan. Adentro todo es mumureo y algunas risas sosegadas, gestos que dividen el tiempo. Las emociones cobran forma en quienes comen y beben. Las sensaciones ocupan todos esos instantes. Una palabra y luego otra palabra. Un acercamiento, y en la levedad de la luz punteada con rebrillos provenientes de los carros que atraviesan la intersección, todas las posibilidad…

Pulcros necios

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Después de años la cabeza comenzó a rodar a solas. Pensaba en lo que haría y en lo que no haría. Llegaba la noche y nada de lo que había pensado estaba en la tarima de las cosas sorprendentes.  El vacío de las horas, no obstante, había que registrarlo  con el lenguaje de los ruidos en las azoteas.
Los hechos flotaban entre aduanas y laberintos. Eran testigos de lo que iba desbaratándose en los puños de los necios.
Los pulcros necios, atentos a la orden de los sacrificios, reían todo el tiempo. Días enteros reían de saberse elegidos. Sepultureros. Idiotas al servicio de los famosos asesinos.
Los hechos flotaban entre aduanas y laberintos. No había ecos de caídas estruendosas en el agua. No había cuerpos enteros que soportaran la cuenta de las catástrofes.
No había perros que ayudaran a atravesar los ríos de la muerte.







Inesperada visita

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El abuelo José tan entero siempre. Siempre buscando que las cosas estuvieran en su orden. Era otra época la suya, es verdad. No había redes ni virtualidades cargadas de ilusión. No había CD´s ni I Pod ni tantos aparatos ni códigos para irse acomodando en los vaivenes del existir a diario. La complejidad de la vida era de otro estilo; estaba menos cargada de artificios y no se necesitaba de tantas habilidades tecnológicas para ser vivida y entendida con la magnitud del estar a solas, o como le gustaba decir al abuelo: del ver con los propios ojos la realidad.
Resulta comprensible, entonces, o hasta cierto punto incomprensible, que al abuelo José, conociéndolo tan entero, lo sacara tanto y tantas veces de sus casillas el ver tirados los elepés en todas partes de la sala tras una noche de fiesta y discusión hasta horas de la madrugada. Y es que a los hijos, o sea, a mis tíos y a mi padre –de quien aprendí todo esto que ahora cuento o invento sobre el abuelo-, les gustaba hacer uso de tod…

Pasajera verdad

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Quiero que me veas. Pero no quiero que sepas mi nombre. Mi verdadero nombre. De hecho, tampoco la foto que he puesto en la red corresponde a mi persona. Solo soy un personaje en esta loca realidad de todos los días. Este es el mundo donde expreso el que no soy, donde expreso la locura del no ser y del no estar.
Mi verdadero nombre, por el que me dieron vida y muerte los árboles, las plantas y las palabras, digo –y lo callo-, que mi verdadero nombre es sagrado, pero no mi cuerpo, ni mi pensamiento ni nada de lo que escribo. Lo real nunca será sagrado.
Me gusta este juego del no estar en lo que digo como cierto, me gusta el no estar en parte alguna. Me ilusiona saber que por lo único que vale la pena vivir está del lado de lo imposible. Me aburren las cosas que ocurren o que ocurrieron. Tan sólo me da alegría saber que todo está siempre por suceder. 
Me apasionan la indefinición, el desconocimiento y lo que se va con los sueños.
Encuentro el oxígeno en la poesía. 
Lo otro /lo demás me asfi…