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Mostrando entradas de mayo, 2013

Última noche

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Hablaba solo. Se asomaba hasta el horizonte y hablaba de lo que sus ojos iban acercando, mientras manejaba el bocho verde oliva con rumbo a su casa.
“Todo empezó así”, decía, “y todo seguirá así”. Después sacudía una mano y se ponía a esperar el regreso de lo que se había ido con cada sacudimiento.
“Al cabo de tantos años, descubrir toda la gran mentira en que nos hemos puesto a jalar la carreta. Todo para ver cómo se va yendo y desapareciendo eso que creíamos cierto y verdadero”.
Cuando no hablaba se quedaba dormido en cualquier silla, y poco importaba la hora y el lugar. Se quedaba completamente dormido en el salón de clases, detrás del escritorio mientras hacía leer a los estudiantes alguno de los capítulos del libro de texto que había venido utilizando desde hacía muchos años, y no despertaba hasta que llegaba el siguiente profesor y lo sacudía para que dejara el lugar. Entonces se levantaba y salía del salón balbuciendo.
Adentro del coche, miraba el reloj, y luego de asegurarse de q…

Sacudimientos

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Hacía tiempo que no despertaba entero en los flujos iniciales del día. Extraño. De hecho, me parecía imposible estar respirando la realidad de las paredes junto a todo lo de afuera que entraba por puertas y ventanas, como lo hacía en otros años y bajo otras circunstancias.
Suave y completa en cada aliento emergía la realidad. Diferente a otros días. Distinta de otras mañanas.
Inevitable fue encontrarme, sin embargo, con la sensación de saberme cortado por la orilla de las sombras. Podía esperar entonces –sin falseamientos de ninguna especie- los abismos que se abrirían con cada parpadeo, tan necesario éste como aquéllos para transitar a distinta velocidad entre los agujeros de la vida.
Pero antes de sacar el cuerpo de las sábanas, todavía bajo los efectos del sueño que me hacía ver las cosas quietas y distantes, medité en las horas que se me fueron sin hacer nada verdadero.
¿Cómo hacer algo verdadero –pensé- sin el miedo a morir en el instante? ¿Cómo experimentar realmente la necesidad …

Años después

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Era enorme la ola. 

Enorme. 

Era la bocanada primera de un tsunami.
Más acá, muy acá, la hormiga laboraba sin sentir nada. 

Nada sabía de que allá venía la enorme ola.
Después apareció el pánico. 

Todo se volvió pandemonium. 
Gritos. Muchos gritos. 
Y entre tanto pánico, cantidad de olores ahogaban la mente.
Una hora: 
INCONTABLES MUERTOS Y DESAPARECIDOS.
Otro día: 

pequeñas historias de sobrevivientes.
Años después vendría el recuerdo de aquella hormiga que 

laboraba sin sentir nada.
Pero los gritos, y también el mar cargado de olores, jamás 

abandonarían el cuerpo que ahora yacía tirado sobre el viejo 

catre de lona verde.
Los gritos, para evitarlos -o casi acallarlos-, el hombre 

llevaba puestos unos audífonos en los que escuchaba, 

desde hacía meses, conciertos para piano y orquesta de 

distintos compositores.
En este instante, precisamente, mientras yace tirado en el catre, el hombre está escuchando el Concierto No. 2 de Rachmaninov.

Del otro lado del puente

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otro idioma o ninguno

y caerse en medio de todo lo impensable



llorar sin saberlo
tocar sin decirlo

otros sueños y el olvido
pasar de años y de pronto
estar ante todo eso que fue 

en un fragmento
de olvido y de sueño

la hora de morir será
después de todo
la hora de la verdad





la hora de la verdad será
la ausencia de ese otro idioma


tan lleno de muertos el mundo
incluso más de los que todavía no han muerto
sin contar / desde luego
los que acaban de gritar en este instante



Galletas chinas

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Es en el otro que nacen ciertas historias. Aparecen de pronto, como en la piel de ese otro cuerpo, la sensación de lo que llegará a ser calle, y voces que dicen lo que no es apuntable, porque de hacerlo así, es probable que se le vaya todo el encanto de los ruidos arrastrando tantas cosas
(((
             para la imagen de esa verdad que surge tan de repente.
            Y así, como una nube limpia de carbones, llega en el otro la idea del corazón en las galletas chinas
((( esto que sigue no es del otro necesariamente, sino de alguien que se aferra a untarse en los labios de un instante:
Para quien suele acomodarse bastante bien a los anticipos, o mejor, para quien le angustia verse de pronto en situaciones que no llegaron acompañadas por causas precisas, saber que en el otro apareció la idea del corazón en galletas chinas, puede que le ocurra una herida. Nada extraño que esto le suceda, pues nunca los accidentes terminan siendo inútiles; por el contrario, después de ellos aparece una ci…

Bajo otro cielo

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Pozo negro será un momento
O desaparición completa

Inexplicable a la hora precisa
En que se hará bruma.

No evitarlo. Dejarlo ser realmente
Inevitable.

Descubrirse así
                           En los estornudos
                                   De un cielo crepuscular espeso.


Ya será con esto que se habrá trazado
El desacomodo,
                             El descentramiento
                                          Y la falta de todo.


Sin lugar es deseable.
De hecho es preferible no ver hacia esos filos de sombra inmóvil.


Tampoco conviene estar pendiente
De lo que se irá escurriendo todo el día y toda la noche
                                      Al final, quizás, aparecerá el fuego fatuo
                                            Y será suficiente borrar el redondel de otro cielo
Más oscuro que la noche