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Mostrando entradas de agosto, 2012

Entre Vallejo y Fayad Jamis

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Hay días en que Vallejo suena
pre-ci-sa-mente
al lado de mi oreja izquierda,
y Jamis, Fayad Jamis salta
sobre un pie y manotea encima de
es-pe-sos  char-cos  sincielo.


Es otro el ritmo otro el silabeo
y un sonido de voz
quesequeda en medio
de una pa-la-bra
de una calle en que se atropella
en-que-un-ojo cierra
y no hay otra puerta para entrar a
re-fu-giar-se.

Hoy fue un día de Vallejo
un día de Fayad Jamis saltando
pero con un ritmo todavía más
más ajeno a todo lo que nunca ha sido
máslleno de coágulos que detierra
o que decalle en el ojo

¿Qué es eso?

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Al soñar liberamos algo, y a veces nos liberamos de algo.
Si los sueños son siempre otra cosa de lo que dicen, entonces, esa otra cosa es la que liberamos.
¿Qué cosa es esa que liberamos?
Mejor es dejar abierta la cuestión para que cada quien indague qué es eso que libera cuando sueña.
Es tal vez por esto que cuando recordamos esas breves historias de sueños experimentamos la presencia de algo intangible.
Es algo que se ha instalado adentro de nosotros y nos fortalece o nos debilita con toda su presencia hecha de ausencia.
Pero esto ocurre cuando recordamos esas partes del sueño; no así cuando despertamos y no sabemos ni dónde estamos.
Cuando despertamos y no traemos en el corazón ni el más breve bosquejo del sueño último, estamos en el vacío tenebroso que nos hace presentir la cercanía de la muerte.
Es este vacío la evidencia de eso que se ha liberado de nosotros, o también, es eso de lo que nos hemos liberado.
Todo está en saber descubrir la sensación que prosigue a ese vacío en el …

En el sueño se rompería

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Lo han dicho de muchas formas y con distintas lenguas. Pero es como si siempre se hubiera olvidado. Como si siempre fuera necesario repetirlo.
El cielo es un cuento largo y oscuro, a veces con fondos alucinantes, a veces con cierta transparencia que hace inútil mirarlo atentamente.
Quienes han visto el inicio de todas las cosas, han desaparecido en ese abismo que no deja de estrangular la calma.
Después de esto, han dejado para el olvido todo aquello que se vuelve serie indefinida, y es como volver a empezar pero sin ser cierto. O nada.
Lo han dicho de muchas formas y con distintas lenguas: 

El cielo es un cuento largo y oscuro.
Otro día era como irse recuperando en trozos, era como ir devolviendo la voz a unos labios rotos.
El poema decía todo eso, 

y en el sueño se rompería.





Tanteos

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Te preguntarán qué fue eso que escribiste. Se lo preguntarán, tal vez, a algunos críticos a los que acuden todos ellos -consejo editorial- cuando tienen dudas sobre el género: ¿Qué es esto que ha escrito Moro Muza?
Tú no te lo preguntaste ni antes ni después. Pero si te lo preguntan, es probable que respondas: “En la creación estética no hay crítico ni teorías ni metodologías que precedan al momento de escribir ESO. Todo llega hasta después, si es que hay realmente un después que explique ESO que fue sustraído desde el más profundo desconocimiento”.
Es probable que no te lo pregunten. Nada más harán como que ya es de muchos conocido ese modo de escribir, ese estilo de presentar así los hechos en el mundo de la escritura estética. Así estará mejor, mucho mejor que iniciar disputas que no llevan a ninguna parte. ¿O es que puede haber un lugar cierto y seguro en que lo desconocido y lo improbable sean clasificables?
Tuvieron que pasar algunos años para darte cuenta del error en que estuvis…

El espejo roto

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Estabas del otro lado del espejo. 
Estabas contemplando el negro de tus ojos,  el  futuro que era ya cosa del pasado,   el presente  con su corte umbrío de soledad y nunca.
Estabas con los hombros en alto, la cabeza flotando sobre el pecho.
Los cabellos negros hacían huecos en la piel.
Ahí fue el lugar o había sido el lugar de muchos besos,  de muchos temblores y pozos fríos,  negros como la hora última.
Sin levantar el rostro avanzaste.
Entre todos esos pedazos de cosas descompuestas,  entre todo ese griterío de dudas,  entre tanto fragmento encontraste la sombra que te había acompañado  hasta otro día.
Regresaste. 
El espejo estaba roto ya. 
Roto como toda tú.
Entre las piernas estaba el resto de brumas 
resbalando como la sangre de una tarde última.






Evaporaciones

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Me sacarán los ojos y pondrán agujas largas, sucias de carbón, bajo las uñas de mis dedos. 

Me romperán los dientes y cortarán mi lengua con el mellado filo de un serrucho.

Y aún así la vida continuará cantando en los ríos de silencio y piedra.
Pero ayer, sólo ayer, un dolor de codos oscureció mi mente.
Luego fue como entrar a las entrañas de un volcán.
Todo mi yo se evaporó.
Luego de tragar incontables analgésicos, mi cuerpo se extravió en miriadas de lucecitas verdes y amarillas, con fondos grises y azulencos.

Y llegó entonces un ardor, un dolor que/
Ríos de sangre alimentaban las piedras de la muerte.


Hasta muy lejos

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Esa forma de lo que iba de otro lado.
Cielo crepuscular y horizonte hecho de altas carreteras.
Una bicicleta roja pedaleando por lo bajo hasta saltar otras formas del venir o alcanzar tal vez mejor el cerca de unos ojos abiertos a lo lejos.
La risa por el poco viento y las manos llenas de otro cielo.
Al poco tiempo la verdad que se imponía.
Esa forma que desapareciendo caía despacio entre las pestañas.
Hasta muy lejos. 
Y ni una nube que acercara el cuerpo de la lluvia, el cuerpo de la noche o el frío abismo de los pensamientos.



Fragmentos de un cuaderno

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Fue una tentación en su momento: creer que eso era así de cierto. Lleno de angustiantes madrugadas, se puso a adivinar los comunicados y a llevarlos controlados en un índice materializado en hojas de libreta italiana. Eran comunicados sustraídos de libros y de periódicos, de programas radiofónicos con los que fue haciendo una historia loca, la suya, que mantendría hasta dar con el tiro de gracia.
Uno de sus primeros capítulos llevaba como epígrafe el siguiente texto, adjudicado a Paul Auster: There is more poetry than justice. Seguía entonces un avispero de punzantes voces que hacía pensar en distintos edificios habitados por seres cuya existencia adquiría las proporciones del pedazo o fragmento de un puzzle. Una de esas existencias la llevaba una tal Minga Zah. Mujer de edad indefinida pero de una inteligencia que hacía ver las cosas y a las personas de una manera increíble. Escucharla hablar era como verse de pronto frente a un escenario. Es decir, en ella se hacían presentes varias…