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Mostrando entradas de julio, 2012

En la medianoche

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…hora frágil esa              de la medianoche                                           vulnerable en que morir es             prontamente  despertar                                        cayendo                                   en la gota de años encerrada








…levantarse con los resplandores de la luna adentro de un sueño                                                        de años sueltos                                 en la medianoche a  esa hora y repetir                                    con el silencio en los labios la hora frágil                         vulnerable que es morir cayendo                                         en el despertar de un instante…


Con el corazón chorreando

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Murmullos de los deudos. Caricias en la espalda por los años de alegría hecha polvo. Tristeza de piedras en el corazón muerto / espantado / ahito de esperanzas tiradas en los vanos de la luz / entre la sombra y lejos.
La música afuera, en la calle de esa noche bañada de luces y de charcos, de coches estacionados como fantasmas para la eternidad / para la paz de los que ya no caminan ni descansan ni hacen nada por los que van hacia el día siguiente y lejos.







Los deudos adentro muy adentro de ellos mismos. Sin música / sin caricias / sin espalda con el corazón chorreando lágrimas.


En otra parte los leones

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Para Patricia, realidad y ficción en quien vivo

La realidad está presente.  Siempre está en presente. Según parece, de lo que podemos hablar es del pasado. Es el pasado la historia que se nos viene a agazapar habitualmente en las líneas del relato. Hablar del  futuro sería locura y estupidez.
(((No hablo ni hablaré nunca de la música. La realidad de ésta pertenece a un mundo en el que la razón no cabe. Tal vez, cuando las lenguas hayan dejado (de) ser nada más que instrumentos al servicio del poder y de la comunicación corriente -esto es, que se ostenta fluir sin obstáculos-, hasta entonces, creo, se podrá contar con las profundidades sonoras de ese otro lenguaje)))
            Verdad de perogrullo:  la realidad como la ficción son formas que alguien vive o experimenta mediante el lenguaje. Decir el día por su fecha y hora no es más real que apuntarlo mediante el juego de las metáforas. En tal sentido, tampoco es más ficcional hablar de lo extraño que puede ser algo o alguien mediante e…

Sin rumbo

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Lector de etiquetas y textos breves (((indicaciones / contraindicaciones))), lo mismo en cajas de medicina que en bolsas de vegetales. Apasionado de los videojuegos y del dibujo en muros. (((Graffitero))) Siempre con cascos en las orejas escuchando música. Prefiere el ruido de las avenidas a estar estudiando las cosas de la escuela. Detesta los programas de la TV en los que se busca bombardear el espíritu. Adora el tatuaje, lo anormal y todo aquello que parezca insano.
En alguna tarde le dijo a su hermana que le daba asco tanta hipocresía. Esto lo dijo porque estaban mirando un reportaje en el cual se quería mostrar las dificultades que existían para los habitantes de Lagos, en Nigeria, vivir.
Le encanta la música de Adoration, de Clan of Xymox, de Nosferatu y de otros, sobre todo de los grupos que apuntan hacia la oscuridad del alma.
            -No me rebanaré el seso por nada –le dijo a Isaura.
            Pero ella, ejemplo fiel de la incomunicación permanente, ignoró la ambigüedad …

Plaza vieja

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Lo preguntaste así, del lado abierto de tu sombra: “¿Qué puede haber antes del principio?”
Y ella, con la tarde acariciando la plaza vieja, levantó las manos y las apretó en el aire, diciendo: “Puro caos. Puro silencio. Puro abismo”




Los pardos postes hasta el paso abierto de los ojos hacia otros ojos acompañaron, fueron testigo de las risas y los pájaros.



Vinieron otras preguntas / otros silencios breves historias con fondo de ventanas reflejando / escondiendo mentiras y verdades.





Se fueron sin la plaza llena en los labios; tú con el pensamiento hasta la sombra, y ella dejando el cuerpo en las miradas  encerradas en un paso lento/seco, agrietado...





Hastío

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La madera negra y los cojines anaranjados, y el viejo sentado entre esos colores del mueble, el cigarrillo encendido descansando en el cenicero, mirando el humo que se eleva.
En el estereofónico, un acetato por el que se oye música de los años 50´s.
La mujer en la cocina, mientras el viejo rasca la barriga y piensa en resolver el albur que lo llevará a decidir lo que no hará ese día.             -¡Acércame una cerveza, Claudia! –gritó el viejo.             -¿¡Por qué no vienes tú y la tomas!?           Entonces el viejo recoge el cigarrillo y se lo pone entre los labios, con la calma de quien se sabe eterno.
Antes de atravesar el arco de la cocina, se detiene para quitarse la comezón. Al verlo allí Claudia, parado con la mano adentro del bóxer, rascando como si estuviera buscando algo que había muy escondido entre las piernas, le grita:
-Eres un cochino.
Sin importarle en absoluto, el viejo avienta la colilla hacia el fregadero y avanza hasta el refrigerador para sacar la cerveza que le q…

Revoltura

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Al mismo tiempo que salía de la cama se le encaramó la imagen. ¿Sueño o vieja lectura? Vio el cuerpo del hombre tirado en el lodo, en medio del callejón. ¿Dónde ubicar  el hecho? Imposible. Lo cierto era la noche, o la madrugada, y el cuerpo del hombre bocarriba, con los ojos abiertos, con los brazos extendidos y la nariz sangrando.
            Mientras iba a la cocina a preparar la cafetera, oyó el grito de la mujer. “Ha vuelto el marido, borracho como tantas veces, y se ha puesto a golpearla”, pensó. Luego se hizo un silencio acariciado con ruidos leves. Luego escuchó abrir la puerta del apartamento vecino, y los gritos de la mujer, otra vez, más fuertes, gritando desesperadamente que alguien la ayudara.             Tomó el cuchillo de ancha hoja y se dirigió a la batalla. Abrió la puerta y salió al corredor.
Nadie había. Tampoco había gritos. Enseguida acercó la cabeza a la puerta del apartamento. Sólo escuchó el chancleteo de ella, y un televisor encendido a medio volumen.           …

Antes y después de la lluvia

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Ella mira, recargada en el filo de la ventana, hacia el cielo manchado de nubes cárdenas. Él contempla la espalda de ella, los hombros de ella, las piernas de ella. Ella siente los ojos de él acariciando su espalda. Siente sus manos apretadas en la madera. Huele el polvillo. El dulce sabor de la madera.
Afuera las nubes avanzan suavemente. Sin prisa. Sin prisa él coloca las manos en los hombros de ella. Aprieta con la intensidad en que suena el tempolargo del Concierto No. 5 de Juan Sebastian Bach.
Con el terciopelo de la lengua acaricia el cuello de ella, quien se estremece a la par que trina el teclado. Es Bach el que ha ido dirigiendo las caricias de él en el cuerpo de ella. Es ella quien corresponde puntualmente cerrando los ojos con el tempo acorde a lo que se oye y se palpa.
Se huelen.
Se saben a piel entera.
Cae el vestido. Resbalan los tirantes del sostén. Ella gira el cuerpo. Entrega los labios.
Se abrazan. Se dejan llevar por la música y el tacto. Avanzan junto con las nubes…

No habrá más

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Será como eso que sabe mejor antes de la última cucharada, antes del último trozo, antes de la última copa.
Un presentimiento de que lo más hermoso ocurrirá en el último día, en la última noche; pero de nada servirá abrir los cajones para sacar todo lo que ha sido guardado tanto tiempo. De nada ayudará esconder la cara del miedo ante el espejo.
Será sólo eso: la última noche o / el último día de un hecho único. Será como una sensación de estar tirado tan lejos del inicio, tan lejos de la duda, tan lejos de la primera caricia y el primer beso.
Tan lejos de lo que prometía ser perfecto.
No habrá entonces más sabor ni más heladura en la yema de los dedos, no habrá más piel ni más calor, no habrá más cuerpo ni más voz.
No habrá más que el hueco enorme de morir en ese instante. En ese último instante.
Será como eso, y no habrá más.


A orillas del absurdo

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Aprendería chino mandarín o árabe y se dejaría crecer el cabello y las barbas hasta morir de olvido. El idioma de madre apenas si lo pronunciaría en pesadillas. No olvidaría el inglés ni renunciaría al poco latín que todavía mantenía en sus casos. “De lo que se trata es de asumir la absoluta confusión en todo”, se diría a sí mismo cuando cerró la puerta de casa y abandonó todo eso que lo había rodeado durante tanto tiempo; familia, trabajo, nacionalidad... Excepto la guitarra michoacana, el viejo abrigo negro y un par de libros, fue esto lo que se llevó consigo. Se iría a recorrer el mundo, a perderse en él, a vivir en él como una sombra a orillas del absurdo y el sinsentido.
            “No tengo sueños”, diría para el animal que lo acompañaba, “No tengo ganas de hacer nada. No quiero nada que me obligue a pronunciar mi nombre”. 
         Había despertado en medio de una densa oscuridad. La garganta seca y los labios enfriados por la noche de otoño. Había sentido la presencia de otra b…