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Mostrando entradas de mayo, 2012

Entre las piernas

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Del cielo al infierno, Apenas un tono, un ritmo De palabras y de manos Un canto entero, Una sílaba un olvido, En fin, Todo eso que no se queda.
Toda la noche Toda Abierta  tú  al fuego de las manos Temblando hasta caer Cansada toda tú, Llena del silencio tibio En los párpados En la nuca las sienes El ombligo  Los pechos.

Entre las piernas: El incienso de la llama El otro día la otra luz El aliento fresco La otra orilla El hueco de la espera.
A veces, memoria de gozo, Cuando el cuerpo duele, A veces, Y suena, otra vez,  El paseo de los labios,  Húmedos en la espalda, El roce de las sábanas, Fresco apenas,  Un instante.






Sed-es

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Hoy no he matado una sola mosca, a pesar de que he visto varias volando; incluso hubo una que se detuvo en el redondel de la taza en que he estado bebiendo el té desde hace una hora, y no hice más que verla con admiración. Se quitó la sed, rascó un poco en la punta de su cara y voló como cualquier mosca.
Ayer habría reaccionado diferente. Habría tomado la taza y habría perseguido a la mosca para vaciarle, al vuelo, todo el té. 
Hoy no.
Precisamente hoy, como a eso de las 7:35 de la mañana, me nació la sensación de estar en el día único. Es por esto que, al ver la mosca que bebía en la tibia estilación que mis labios habían dejado en el redondel de la taza, comprendí muchas cosas que antes sólo habrían sido palabras dispuestas en un orden de superficial gramática. Fue una sensación que poseía la semántica de la caosmosis 


En ese preciso instante supe que la mosca, como yo en la redondez de la tierra, vivíamos para beber hasta lo imposible, con la sed de todo lo que está vivo. 






Etcétera

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La ejecución de las poderosas máquinas estaba a la altura de los dioses de otro tiempo.
Podía ser borrado el cuerpo de los atrevidos pensamientos, con sólo oprimir una tecla.
Podía desaparecer la comunicación de la estética en incontables sitios.

(((Excluir la libertad de tocar  /


 Incluir todo el odio en la desaparición del otro)))

La historia podía ser adulterada y preñada con las sombras del desprecio, con el rencor de tanto ideólogo, 
con ... 
(((piénsalo tú, grítalo tú…


El horror al vacío era apenas el recuerdo 
de un mito tirado en los basureros 
de la opulencia.



Mientras tanto, mientras tanto, mientras tanto:
No invocar a los muertos
No cerrar los ojos
No decir la hora en que se perdió el sueño.
Y luego:
Palpar
Flotar 
Acariciar todo el cuerpo


Y / O
¿Divididos otra vez por el asco?

La duda

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Una palabra buscaba. Un lugar donde colocar todas sus pesadillas. Con esa palabra elevaría los muros hasta más no poder. Con esa palabra haría las llaves y las cerraduras. Ni una pesadilla podría escapar del lugar de la palabra. No obstante, la duda vino, después de muchos años de búsqueda incansable, a aumentar las ansias que inundaban al hombre en horas crepusculares.


¿Y si las pesadillas continúan después de haber cerrado la última puerta de la última cerradura en que deposité todos mis esfuerzos en la palabra buscada? Pensó el hombre.






A la deriva

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A la memoria de Carlos Fuentes






Hay noches en que nunca llega el sueño. El mundo es un susurro, una sensación de pérdida, un hueco enorme por el que todo se olvida, por el que todo cae y se desbarata hasta la nada.












Potros salvajes que fueron calles abajo 
hasta el lago de piedras y destellos. En la tarde y luego en la noche, como un idioma de frío vientre a punto de imitar el nacimiento 
de otras bestias, 
cayó el cuerpo de todas las voces en tramos de opalescente silencio, roto a base de berridos, mientras los potros, a golpes galopantes desparecieron: para siempre.
Desaparecieron: 
para siempre.










Una imagen bajo el agua
Nació: Un corazón de piedras
Nació: Una sombra 
Que se movía hasta el cielo 
Con nubes blancas.








De oriente a occidente la mirada va y viene. Entre líneas se ve algo que podría no ser.

Ad...EntrO

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No había flores en la jarra.
En el piso un papel doblado
Que decía:
“Devolver los libros a la biblioteca,
renovar el carnet del videoclub,
y si tienes tiempo,
comprar otras flores para alegrar la cena”.



Última nota

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Estaba con los audífonos puestos y los ojos cerrados ante el ordenador. Estaba escuchando  música de Mauricio Kagel cuando dos hombres entraron por la puerta trasera del jardín. Hacía poco que había caído la tarde en la garganta de los dioses. Hora propicia en que el artista meditaba y se preparaba para las siguientes horas de creación. 


Nada sabía, desde luego, de lo que estaba ocurriendo atrás de su cabeza.  Allí estaban los dos hombres en el estudio. Ambos jóvenes. Ambos con fuertes deseos de hacer algo único e irrepetible.  Uno de ellos tenía un revólver y el otro un cuchillo de hoja ancha, negruzca, como de carnicero. Ambos sonreían. Ambos esperaban el instante; el instante último en que el poeta dejaría de escuchar la última nota de Mauricio Kagel.




Ausencia

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Nunca avisaba cuándo se iba,

y tampoco cuándo regresaba.

A papá lo recuerdo siempre de viaje.

Por él aprendí cómo es la ausencia.









Anonadado

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Con magia el mundo-texto estaba multiplicándose. Una serie de símbolos marcados en la fluorescencia azulosa o amarillenta, a veces rojiza, en la superficie del texto electrónico, podía dar entrada a lo inesperado. O también podía no ser más que el ingreso de las ornaturas frágiles e insípidas que descolocaban lo sustancial y lo hacían desaparecer, como cualquier bagatela en los agujeros negros del cerebro de Alguien. No obstante, el riesgo estaba allí, en esa serie de símbolos que prometían ser fuerzas o energías alimentadoras para el cuerpo sináptico, o para colmar el intertexto ostensible, extendiéndolo indefinidamente por medio de quehaceres heurísticos.







Abandonarse Alguien a vivir 


durante madrugadas enteras 


en la aparición y desaparición de los paisajes 


de todo tipo, 


abandonarse a padecer los desajustes 


en que ocurren los virtuales encadenamientos 


del hipertexto, 


derrumbarse hasta conseguir los hastíos 


que habrán de producir los vértigos de la búsqueda 


subjetiva, 


enfermar de babeli…

Teselas

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))))
bajo un cielo púrpura
un campo lejos
entreteniéndonos
en contar
olas y estrellas
lejos
cerca mar abierto 
en la noche
))))
otro día yéndonos
otro día
regresando bajo  otro cielo
ya no contando
ni  entreteniéndonos lejos
de nosotros mismos cayendo
junto a otras piedras en la noche.

))))
los árboles en la calle
sueñan
se mueven y hacen
más verde el fondo
en que las ventanas
en que los vidrios tiemblan
en que la tarde se cierra
con el bostezo de las puertas
en la noche












))))

inevitable caer
aturdidos en la noche
inevitable esconder la cara
en la espesura de los párpados
cerca
y lejos
en la espesura del silencio