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Mostrando entradas de febrero, 2012

En los ojos de la tarde

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Me esconderé en tu boca. Cada instante untaré mis dedos En el silencio que de madera Nos abrazará la tarde de tu espalda.
No habrá más realidad que las cuerdas De tus brazos adentro de mi sangre. No habrá  dios ni nadie en su diablo Para  quitarnos la voluntad de vivir deseando.
Juntaré la forma de tus sueños En un cuerpo de nube y rayo Sobre tibias puntas de temblorosa carne.
Tú  estarás para ese entonces Con todo mi corazón lleno de cantos. Tú estarás suave madera Soñando en los ojos de la tarde. 



Hacia todas partes

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Todo era en el silencio de una cara (((muchos nombres para hacerla tuya))) Todo era como decir un minuto Entero hablando de uno mismo Para nadie o para sombra alguna                                            Y frágil caer                                              Quebrarse en pe-da-ci-tos                                                     Enteros                                               Sobre antiguas piedras de obsidiana.
Otro día como cada noche                                  Desdoblando el otro cuerpo                                              Ahíto de horas muertas Salir en busca de otro cielo                                           Menos lleno de adversos signos Más ajustado al silencio de los pasos                                                Como en un sueño                                Entero en pedacitos de ilusión                                                              Hacia todas partes.

Como fantasmas

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Punzante sonaba el resto en la membrana. Historia que se había extendido en repeticiones. Sensación que seguiría siendo firma y afirmación entre ese tumulto de voces que se producía en tertulias. Por muchas partes: Sacarlos. Expulsarlos. Gritar al mundo que son ellos la causa de todos nuestros males. Sacarlos. Expulsarlos. Al infinito… Aparentemente era la misma historia. Hablaban de los migrantes que habían llegado a invadir su tierra. Efectivamente, estos migrantes provenían de las tierras que desde hace tiempo han sido saqueadas por las fuerzas de la guerra, del mercado o por la brutal avaricia de gobernantes amafiados. Mientras los dueños de la tierra hablan de expulsar a los migrantes, éstos guardan silencio y deambulan como fantasmas en su vida. No ignoran que el lugar donde vivirían en paz está en parte alguna. Ni el sol ni la luna oyen sus dolencias. No están sordos. En las madrugadas despiertan con sus gritos. Tiemblan de dolor. Otro día se preparan para afrontar la rabia de los due…

Noches sin luna

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Noches sin luna Y el cuerpo como un río De piedras encerrado En las manos de otro cuerpo De otro río de noche El cuerpo Y las luces en los ojos de la noche Sin luna Y el amor de las manos  El cielo La boca en tu lengua  Tu nube Hasta llover de noche En un río De luces y de piedras.











Hubo un sueño Y en el mismo había Un niño muerto. Luego todo se oscureció Hasta la mañana de ese día En que despertamos lejos. 











El cuento de Lulio

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-Por acá somos unos puercos- pensaba Mario mientras yacía acostado en la cama. -O tal vez soy yo el puerco… Con esta cruda de tequila y cervezas negras, mi cuerpo es una porquería entera. Así, con este humor de miedo, no dan ganas de hacer nada. Sólo estar. Existir, nada más que existir –como habría dicho Artaud. Tras de decir todo esto, cerró los ojos y se dispuso a hurgar en los restos de un sueño que desde hacía días traía estilando en las redecillas del cerebro.
En los restos encontró a la mujer. Estaba sentada en medio de un salón. Junto a ella se localizaba una pantalla de ordenador, en la que se movían varios símbolos que Mario no alcanzaba a entender. Lo que sí pudo descifrar fue una palabra en letras grandes, enormes, de color magenta, que se deslizaba horizontalmente en el fondo azulenco de la pantalla. La palabra decía: ACEPTACIÓN. Luego –que no es luego sino en algún momento del sueño- Mario escuchó una voz musitándole al oído: El coronel se lleva a las mujeres seleccionadas…

Llámalo como quieras

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¿Oyes el paso último de los días?



En la boca del infierno Un sol negro hasta el regreso Me acompañaría.


No sería más la montaña en que se aposentaría su sombra.  Demasiados años fueron haciendo que la piedra acabara  en el polvo de las manos. Ahora: la piedra había sido abandonada a su suerte de lluvias. Ahora:  la piel de las cosas me hacía pensar en el reciclable y la pérdida.



No sería más la voz en que la tesitura oscilaría Entre los laberintos de orejas temblorosas  y ojos desbordados. En lugar de intervalos, de preguntas  y de informaciones derivadas por los circuitos, en apariencia, del eterno retorno, el flujo estaría en cascadas provenientes de múltiples universos estallados por las fuerzas de la vida.






En la no materia estará el próximo sueño de los niños que amanecerán
lejos de cualquier verdad.





Tarde Concha

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Después de presenciar la muerte, He vuelto a presenciar la vida. He visto la risa negra De los párpados atentos al silencio. He tocado el lodo rojo En que asquiles elevaron el canto De los poros abiertos al sepulcro.
Después de no estar en la hora Propicia para responder a todo el recuerdo Apresurado que hace ver la suerte De los que fuimos un pálpito, Un roce apenas del frescor en la inconsciencia, Aceptamos entrar ya tarde Al fondo de ese cuerpo yerto Que esperó en la desesperación del último instante.
No había más que decir ni que callar abajo De los labios cerrados para siempre. No había más que indagar ni que creer sobre El ojo espeso de sombras, De arena y vidrio ennegrecido por las palas De lluvia y lágrimas que encontraron El quieto gesto de la muerte.
Después de no ir hacia otras partes, Flotando apenas con el maxilar helado, Un poco de sueño se fue metiendo En los huesos del cuerpo irreconocible, Desatento ya: Para pensar en verdades, Para escoger el color de las ropas de otro día O para dividir las…