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Baño público

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El muchacho vio a la mujer que llevaba colgada la cámara fotográfica en medio de sus pechos. Con esa imagen entró a los baños públicos.
Estaba bajando el cierre de su pantalón cuando oyó una voz que decía: “Quiero retratarte”.
El muchacho volteó hacia ese lugar. Allí vio a la mujer que estaba con las dos manos sosteniendo la cámara. Sorprendido, no supo qué hacer primero; si guardarse eso o decirle algo a la mujer.
Habló: “¿Por qué quieres retratarme?”
         La mujer vio hacia la puerta de salida, cerciorándose que no entraba nadie más y, mientras rascaba con una uña su garganta, dijo: “Quiero atrapar el instante en que salte el chorro de tu orina”.
          El muchacho había dejado eso afuera, con la cabeza colgando como si se tratara de un pajarito muerto.
          Sin soportar la mirada y los destellos que hacía la cámara encima de su cuerpo, el muchacho guardó el pene y subió el cierre de su pantalón. Pero había sido tan rápido el movimiento, que, sin desearlo, atrapó parte del b…

Entre las horas

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Antes viste a dios hecho mujer.
Hoy lo has encontrado tocando guitarra
e improvisando solos de jazz y flamenco. 






Luego se ha hecho silencio
y te ha entregado
                                unas hojas pautadas;
                                sin líneas de compás,
                                sin el quebrado que marca
                                los tiempos fuertes y los débiles
                                de alguna síncopa de corazones /al aire
ni el modo en que se interpretaría
la pieza ni el Tempo
ni la hora en que tú continuarías
                                 las otras interpretaciones en el teatro
                                 de tus noches y los días. 






El dolor de la memoria

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El dolor de la memoria asoma.
Sobre todo al otro día en que uno amanece
con los labios secos y las manos frías.
Asoma pegado a la ventana de los ojos,
y pareciera que no hubiera alma.

Donde antes hubo tiempo suficiente,
asoma con sus dedos temblorosos y palpa.
Ambos párpados se adhieren a la ardorosa espuma
del dolor y suena un hueso de niño.
Un hueso de niño que choca contra algo enorme,
y cae y se levanta y vuelve a correr
hasta dolerle las rodillas.

El dolor de la memoria permanece.
Permanece la espuma, la ardorosa espuma
y los ojos se abren y se cierran bajo
la gris mañana en que los párpados,
aparentemente sin alma,
 en que los labios secos y las manos

Irrupciones

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Dicen que termina el día a eso de las 24 horas.
Dicen que cada día tiene un nombre.
Dicen que esto de las cantidades
Y de un nombre cada 24 horas
Sirve para definir y dar orden y claridad a/







Ayer me levanté a una hora
pero con el cuerpo en otro día.
Ayer no supe quién llamó en la tarde o en la noche
                              de otro día.
Ayer no estaban mis manos donde siempre.


Luego de sentir que era otra la tarde y otro el día
Pensé que mejor era no salir de casa.
Me gusta el frío y sin tener las manos de siempre,
Pensé: “Mejor me quedo aquí”




Micropieza 0

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Puedes ver  permanente-mente hacia ese mismo punto.

La figura, por momentos, se descompone 

en ondas líquidas )   )   )   )   )


El pensamiento se llena de ruidos y de silencio







El cuerpo tiembla          tiembla             tiembla.
El cuerpo es de una niña. 
O quizás no.
El cuerpo es un niño.
Tiembla adentro de un cono de luz azulada.
Está en  un callejón. 
Afortunadamente no andan merodeando ratas.
Alguien enciende la luz. 
Se abre una ventana y asoma el cuerpo de una señora.
Grita:
¡¡¡Anselmooooo ¡¡¡ Evaaaaa
Se encienden más luces en el callejón. Se abren varias puertas y salen varios perros.
Los perros rodean el cuerpo del niño / de la niña…


Hacia otra muerte

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Podrían ser los mismos zapatos, el mismo pantalón, la misma camisa.
Podría ir en la misma calle, a la misma hora.
Podría acostarse con la misma mujer y decirle las mismas palabras.
Podría soñar el mismo sueño en ese mismo bosque con la misma bruma y el mismo helor y la incertidumbre de no saber donde queda el norte ni donde el sur.
Podría sentarse en la misma silla y comer el mismo platillo y ver por entre las mismas cortinas las mismas ventanas del edificio de enfrente.
El mismo edificio, los mismos colores, los mismos personajes, las mismas palabras, los mismo gestos.
Los mismos ruidos en la noche. Las mismas llaves las mismas cerraduras.
Las mismas paredes. Los mismos árboles.





Pero un día en otra hora, desbaratado el avispero de los pensamientos, con las manos apretadas bajo la sensación de los abismos, con el sudor chorreando desde la nuca hasta los talones, parado a orillas de otro tiempo, tocaría las otras nubes, las otras sombras.
Escucharía otros ritmos.
Acariciaría otra mujer, otr…

Correr

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Era después algo maravilloso.
Después, como siempre, era
La sensación de lo que había ocurrido
Esa tarde, ese año, ese día
En que te habías levantado con el pie izquierdo.


Diez años después había dejado de ser
El tono preciso en la cara y las manos.
¿Demasiado tarde?
El rictus ante el espejo.
Incrédulo
De lo que ahora estaba en tus ojos
Lleno de ensordecedor asombro.


Diez años después, hasta un siglo después,
El instante volvía a presentar los hechos
De un modo que era imposible negar la risa
El llanto de no estar otra vez en esa tarde
En ese instante de ese año.

Breve diálogo

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-“¿Escribes porque eres escritor, o eres escritor porque escribes?” –algo más o menos así fue la pregunta que hizo el personaje a otro personaje en una novela de Susan Sontag: El benefactor. Y yo te preguntaría exactamente lo mismo, Sebastián.
-Yo no veo así las cosas, Ernesto. La cuestión es otra; al menos para mí es otra la duda.
-¿Cuál es esa duda? –Preguntó Ernesto.
-Para mí, la duda es saber o estar seguro de quién decide qué es lo que se escribe. Digamos que es una duda en clave ontológica, y no óntica, como es el caso que aparece en la novela de Susan Sontag. No es la praxis definitoria lo que me preocupa sino el significado de ser que en la escritura subyace. Así como se habla de lo que es decible, de lo que es pensable, de lo que es pintable, así también, en mi caso, la duda que me tiembla en el cuerpo consiste en saber qué es lo que hace que algo sea entendido como escribible. No son tampoco la sintaxis ni la semántica los constituyentes que me preocupan para saber qué es y cóm…