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Mostrando entradas de diciembre, 2011

Reacción de Znhada

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Lezguievo Znhada leyó el texto en que hablo de su persona y del texto que le rechazaron en la revista cultural  Blue Sound. Como reacción a ello, me ha pedido que muestre un textosuyo. He aquí lo que me entregó y que quiero compartir con ustedes.
SIN CERO EN LAS PUPILAS
78 millones de ventanas abrimos al cielo de polvo seco, negro como la memoria de un muerto 78 millones de bocas callaron ante la muerte de tantos niños de tanto tiradero de comida en los países de primer mundo 78 millones de perros mordieron y tragaron el cuerpo de mis sueños el cuerpo de los niños que me acompañaron hasta el otro día, cuando 78 millones de pajaritos temblaron de frío en las ramas de los árboles amarillentos de mi calle encerrada en sus paredes de madera vieja sin balcones al cielo de mi madre 78 millones de palabras no pudieron quitarme la vergüenza ni el coraje de saber, a ciencia cierta, de todos los que murieron por el hambre y por el frío 78 millones de puertas cerramos a la belleza de los ojos que  nos miran par…

Con Lezguievo Znhada

“Es ininteligible lo que me has entregado. No está claro el género. Esto ya no es posible publicar. Hay demasiado enredo en el mundo de las letras como para añadirle este cuerpo amorfo de palabras hilvanadas al socaire”.      Tras escuchar esto, le pregunté a Lezguievo Znhada:      -¿No estarás exagerando, Lezguievo? ¿Fue así, en verdad, con tal contundencia como te lo dijo el director de Blue Sound?      -Literalmente así fue, Bocanegra. Mis exageraciones no las suelo poner en tales cosas. Te cuento esto porque así fue como me devolvió el manuscrito Mr. Sánchez Olmos. Esas fueron sus palabras, tal como te las acabo de citar.      -¡Terrible, Lezguievo, saber que te han rechazado ese texto tuyo! Lo peor fue que yo te convencí para que lo presentaras en esa revista que yo creía open cultural mind. Cuando leí tu ensayo, me pareció tan diferente a lo que había estado leyendo, tan singular, que pensé que sin duda te lo publicarían en Blue Sound.  Pero bueno: portadas vemos,  ideologías no sab…

Del otro lado

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Cuanto más frío más caliente 
el cuerpo más lleno de esa ausencia 
de caricias más alejado de su boca 
en tu oreja espesor de negras mallas 
en torno a las piernas en que flotaba 
acariciando la espera detrás de los fríos 
cristales de la ventana.

Cuanto más lejos más cerca 
de tus manos más segura en su alejamiento 
de tarde más triste de noche en la penumbra 
de sus ojos silencio de cabellos 
de madera añeja en que mojaba 
el susurro de su espalda tan perfecta 
en el espejo que la mantenía quieta
Cuanto más frío más caliente 
el cuerpo más trabado en el deseo loco 
de alcanzarla más fuerte el gusto 
de romper el vidrio 
la claridad del vidrio 
llena de su piel suave 
en el movimiento lento 
de la tarde como cuando fue perfecta 
en el espacio de otra hora
Cuanto más noche más día 
la punzada en el mirar más comezón el deseo de 
estrecharla por la espalda más gajo helado que agua tibia 
entre las yemas durazno de piel suave toda ella toda ella desnuda al otro lado 
de la puerta 
tan cerca de tus ojos 
y ajena a las palabras

Cosas que a veces pasan

Yo era el principal incrédulo. A éste había que ponerlo de rodillas para hacerlo creer en la verdad de las cosas. Pero la verdad de las cosas, que era de luz, si no era expuesta en su exacta intensidad, se corría el riesgo de que se apagara y, en consecuencia, el incrédulo yo se mofara de lo que habíamos querido hacer y no habíamos podido lograr: convencerlo de que la verdad de las cosas era la única luz que salvaba de las horrorosas pesadillas en que estaban atrapados muchos locos en el mundo. Se sobre entiende que ponerlo de rodillas era una manera retórica para subrayar la fuerza que subyace a las disciplinas que viven gracias a la verdad de las cosas; que en tal forma de colocar al yo no había la intención religiosa ni mística, ni mucho menos, la intención de humillarlo ante todos los que creen que la verdad de las cosas se ha de enseñar a base de crueles castigos. No, la verdad de las cosas es que su luz debía ser protegida con todas las manos que han trabajado incesantemente, si…

Con la música en la piel

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con la música en la piel de la noche, mecido por las manchas que se fueron haciendo junto al recuerdo de tus palabras en el cuerpo, con todo el cuerpo de tus palabras para oírte con mis dedos, con las yemas de mis dedos en el suave filo desbordado por tus labios,
(((hasta el último hilo de día escucharé la respiración de tu página abierta, llena de ese tibio olor que en la madrugada sabe a luna y a silencio de cálidas sombras)))

con la música en la piel de la noche, pusiste a cantar tus pechos de flores negras, una trompeta, un piano, una voz azulosa fueron abriendo paso a las palabras de mis manos, fueron haciendo que tus labios también tocaran el silencio de la madera oscura, el metal del latón rendido al juego de los dedos,

con la música en la piel de la noche, tus ojos fueron dos puertas abiertas al murmureo de la lluvia y del viento bajo que atravesó la caída de las nubes, tonos blancos y negros bajo ese cielo bruno fue el crepitar de tu corazón en mi boca, tonos encarnados fueron los …

Interminable fiesta

Casi dioses, olvidados ante los manteles blancos de una interminable fiesta. Dentro de todos los olvidados había el coro de las voces ejecutando imágenes que hacían de la fiesta el carnaval supremo. De una parte a otra la iluminación era una especie de acumulación de cortinas que mediaban con sus transparentes luces de color, hasta el extremo de invitar al roce discreto en todos esos cuerpos que paseaban concentrados en su piel.      Todo estaba al punto preciso de la exquisitez. Un parpadeo era como el aleteo de mariposas adheridas al hueco en que las miradas se buscaban ansiosas, imposibilitadas para esconder los deseos que las mostraban rutilantes. Un abrir de labios era el sueño en que los casi dioses murmuraban el delicioso encanto del humedecido beso que bien habría sido llevado hasta el extasis. El  zumbar de telas, por las manos que se pronunciaban prontas al delirio, no hacía sino apuntalar, o mejor, asegurar todavía más el gozo que inundaba la interminable fiesta. Y el coro q…

La casa de tus noches y tus días

Cuando escribo, sueño las fantasías provocadas por el sol o por la luna. Es de este modo que entre los dedos y el mundo que está ocurriendo en las esferas de lo gris, sobresale el enigma de tus labios. Allí están ellos perfectamente intocados por la oscuridad de la noche, entreabiertos por algo ajeno al temblor de mis dedos. Cuando escribo, pienso en las manos que ahorcarán el silencio. No habrá después de esto más que sangre coagulada y piel amoratada en el cuerpo extraño de tus días. Querrás saber por qué apretamos tanto en la zona donde las palabras nacen para el grito. Pero no habrá nadie que lo sepa decir mejor que la muerte. Hay que estar verdaderamente muertos para saber todo lo que la muerte sabe. Cuando escribo, presiento las abundantes formas del desconocimiento. Sucede un rasguño -en el ojo izquierdo- que me avisa cuándo la noche se llevará las cosas que no acepté guardar en los bolsillos de mis horas de ocio. Serán las manos de tus sueños las que palparán en tales cosas, per…