Entradas

Mostrando entradas de noviembre, 2011

Las horas de Clara

Estaba Clara en el water, ensimismada, paseando la uña de su dedo pulgar en el filo de la pantaleta, donde acostumbraba entretenerse columbrando ciertas rutas de un porvenir posible. Allí podía estar durante media hora o más, esperando el instante iluminatorio que la sacaría de las dudas con que había entrado a defecar. A veces ocurría que el tiempo no estaba para ser asimilado en toda su transparencia, y entonces Clara salía del cuarto de baño con la sensación de no tener pies o de no tener labios. Sentía como si flotara en un mar de telas suave e imposible de escapar. Toda la realidad para ella, en esos momentos, se hacía presente mediante la nariz y los ojos, y si alguien de su casa le preguntaba dónde había estado escondida, ella no hacía más que levantar los hombros y mirar a su interlocutor en la zona donde estaba la boca, como si en esto encontrara el alivio de saber que, una hora más tarde, ella recuperaría la emoción de tener voz y boca para besar otros labios.

     -¿Por qué …

Entre otras cosas

Muchos nombres para indicar la existencia de algo. Algo seguía allí, no obstante, en esa zona tocada por los diversos nombres. Muchas formas para representar la existencia de algo. Algo estaba allí, sin embargo, en esa área sosteniendo la forma en que había sido representado algo. Alguien dice muchas cosas acerca de algo. Dice que algo es importante, por ejemplo, y en efecto, algo es importante para quien ha dicho tal cosa. Alguien cuenta una breve historia de algo. La pone de un modo que hace pensar en otras tantas historias. Cuenta por ejemplo que algo estaba sucediendo en la plaza principal de la ciudad, mientras otros, como si nada, pese a estar desplazándose en el lugar donde había estado ocurriendo la historia de algo, ni se dieron cuenta de todo eso que alguien había estado contando alrededor de ellos. Al tiempo en que alguien contaba esa historia –y otros ni se enteraban de nada- había un corro de formas y colores danzando alrededor de las cosas que se decían de algo. Pero como en t…

Apagando miradas

NO ERA CALLE para ojos ni escalera para pies no estaban flores en balcón HABÍA CIELO moviéndose con grandes nubes blancas en amplio y ahumado vidrio de ventanas NO ESTABAN voces de niños gritando alrededor de esferas anaranjadas con surcos negros ni había perros ladrando atrás de casas chicas con techos grises NO HABÍA árboles ni enredaderas ni charcos de agua por lluvias o por señoras lavando en tardes HABÍA UNA torre dos torres tres torres muchas torres había rumor de helicópteros todo el tiempo TODA LA TARDE toda la noche toda la madrugada había soldados en guerra HABÍA MAÑANAS con cuerpos tirados en bolsas negras HABÍA CABEZAS metidas en hieleras blancas sobre parques y avenidas había periódicos hablando de muertos importantes en esquinas y otros cubos HABÍA FERIAS de libros premios internacionales adentro de edificios modernos alfombras rojas y actrices y actores contentos en teatros de mucha fama y esplendor HABÍA VIDA ALEGRE aplaudiendo en el silencio inmortal de los cuerpos de cartón piedra …

Adentro de un sueño

Hubo un día en que durmió y ya no salió del sueño.      Fue su padre quien primero se dio cuenta que no estaba o no parecía ser el mismo que antes. Un día, durante el desayuno, le había preguntado una cosa tan simple como las que se acostumbra decir a diario.      Pero el muchacho, quien estaba adentro de un sueño, lo que hizo fue ponerse a saltar cual si fuera un canguro.      Otro día, poco antes de oscurecer, su padre le gritó que dejara de hacer el loco, que le dijera de una vez por todas qué estaba sucediendo.      El muchacho se levantó de la mesa y se tiró al suelo, y como un gusano comenzó a arrastrarse hacia su habitación.      Madre e hijas, contrarias a la actitud del padre, soltaron la carcajada y se pusieron a perseguir al muchacho como si se tratara de una víbora a la que hubiera que estar vigilando y cuidando para que no pasara a ninguna de las habitaciones.      Apenas había entrado en el cuarto, el muchacho cobró la posición de los vertebrados y se echó a aullar como un…

Gestos

En el vacío la escritura que el silencio descansa. Voz de una palabra en varios gestos: ritmos de luz y polvo de eso que surge por una renuncia y por el sinuoso deseo de encontrarse lejos.
Lóbregos pensamientos que se abisman hasta lo insoportable. Casualidad de rotos zapatos que lo llevan a un paso intranquilo de romper la idea. La idea que lo sacaría del pozo hasta quedar sin ganas de emprender la fuga en la quieta mañana de otro día.
En el vacío la escritura que el silencio insoportable. Lóbregos pensamientos que se abisman hasta los ritmos de luz y polvo. Casualidad los rotos zapatos que lo llevan a un paso por el sinuoso deseo de encontrarse en todo. Voz de una palabra en varios gestos: hasta quedar sin ganas de emprender la fuga.
Intranquilo de romper la idea que lo lleva a un paso insoportable. En la quieta mañana de otro día: ritmos de luz y polvo. Voz de una palabra en varios gestos: la escritura que el silencio descansa de eso que surge por una renuncia hasta quedar sin ganas por el sinu…

El viejo

Estábamos equivocados. No lo supimos hasta que apareció el viejo. Es verdad que hicimos cosas en el acierto, pero la mayoría de ellas fueron hechas en el error de pensar que sabíamos qué era lo que estábamos haciendo. El viejo entró en nuestra vida como agua que moja y refresca el cuerpo que ha estado expuesto, durante dieciocho horas, a un sol sin nubes ni sombra.      -¿Desde cuándo viven así, en estas condiciones de muerte? –preguntó el viejo.      -Desde hace mucho tiempo –respondió uno de nosotros.      El viejo cabeceó tras escuchar la respuesta y se puso a mirarnos, enseguida, directamente a los ojos, como si al mirarnos así fuera posible localizar o encontrar el error que había adentro de nuestra cabeza. Luego, mientras rascaba una oreja del tamaño de una pera, volvió a decirnos:      -¿Pueden imaginar los años que tengo de estar vivo?      -Sí –afirmamos con la testa, temerosos de que si decíamos lo contrario, el viejo sacaría un cuerno de chivo y nos mataría sin remordimiento alg…

Edu Barbero. Poemas visuales

Imagen
Ya puestos en el fondo amplio de los sábados y domingos, tal vez hasta cansados del mismo canto de botellas exprimido hasta horas de madrugada, viene entonces Edu y nos hace más ligero el equipaje de los pensamientos y las emociones.

(((Dejo esto que encontré, luego de haber peleado a muerte con el loco que llevo adentro de los ojos. Ojalá disfruten esta propuesta estética tanto como nadie:


sin pies y sin manos

… como un perfecto desconocido –aun para él mismo soltó el verbo enigmático junto a varios locos por la noche  -sueño robado en piedras con ojos de agua como testigos … afligido solo en su sombra silabario de horas muertas escanciadas con mortal aliento destripó su vocal cabeza el loco poeta de los dioses ebrios … en la dimensión sideral por la nada alimentado solo el silencio en cortos circuitos descompuso el cuerpo de sus creencias hasta convertirlo en polvo de luciérnaga
:::::       :::::::     ::::::    ::::::   ::::::     ::::    ::::    ::::    ::::    ::::   ::                 :::::::::::::::

va otra vez el labio a reventar el vidrio de una copa empañada por el uso para imaginar que es otro vino o con la esperanza de besar otro mundo
… ¿hay dónde esconder el miedo? ¿hay dónde tirar el odio? ¿hay dónde escribir olvido? nada que hacer sin pies y sin manos para robar más fuego
:::::::::::::::::::::::::::::::::::::: ::::::::::::::::::: :::::::::::::::::::::::::::: :::::::::::::: :::::: :: :

Diluidas formas

Imagen
Por cuestiones de horario y de circunstancias ajenas al deseo, el pecho podía llenarse de sentimientos, que al paso de los segundos, terminaban borrándose en medio de un charco de sopa en la mesa o en el fondo de una grieta, donde la misma grieta había servido como tumba de una mosca atrapada por la araña y otra mosca que se había ido a otro techo.      No había juego que perder, ni que ganar.      No había campanas ni campanarios ni gallos al amanecer.      Todo era cuestión de un antes distribuido a capricho de seres que se movían detrás de cada cosa, detrás de cada sombra expulsada por los cuerpos que se negaban a aparecer en el mismo espacio por el que se hacían presentes el timbrazo en una puerta, la sirena de ambulancias quitando calma en el vecindario, el ladrar de muchos perros y el corazón de un niño enfermo que alucinaba en su cuna.      Ya no había canción de lunas.      Ya no había noche para descansar.      Ya no había tiempo que medir.      Colmado el aborrecimiento de empujar…