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Mostrando entradas de julio, 2011

Kafka no ha visitado a mamá

Por cosas de la piel, Kafka no ha visitado a mamá en todo el verano. Tal vez, o seguramente, los 105°F que se han venido dando en las última semanas por acá, obligaronlo a mantenerse hundido en las frescas aguas de la tina, leyendo alguna manga japonesa y bebiendo sidra helada. Tampoco mamá ha salido al patio a pintar sus acuarelas, ha preferido encender los abanicos y andar desnuda por la casa desde las dos hasta las nueve de la noche, tiempo en que el sol nos abandona y ella se pone a escuchar sus discos en la sala, vestida con su bata azul que le regaló el tío Manuel, picando quesos y tomando cerveza obscura.      En otra época y en otra ciudad,y por supuesto con temperaturas diferentes a las de este verano en Texas, Kafka se habría dirigido a la casa para saludar a mamá y la habría visto pintar sus acuarelas. Se habría sentado en la silla mecedora que teníamos, y mientras la tarde iba muriendo, mamá y él habrían estado charlando de sus cosas. En esa época y en aquella ciudad mamá n…

Interludio

Cuántas hojas en el árbol
Cuánta música de troncos y luna
Cuánto sol atravesando ventanas
Cuánto aire, color y savia.

Luego aparece el absurdo
en otras cantidades.
Hace pensar que nada
debe ser para estar sólo en la mirada.

Cuánta belleza en las mujeres
Cuánto dolor en la ausencia
Cuánta palabra descompuesta
Cuántas cosas, cuántas formas y fragancias
que nos abandonan
en el vacío de las horas.

Y entonces viene el olvido
y la destrucción que nos recuerda
que nada es para siempre.
Viene como aroma de colcha nupcial,
fresca en toda su alegría,
amarga en el lugar que ocuparon
tantas manos
tantas bocas
tanto deseo.

Cuánto pensamiento muerto en fórmulas
Cuánto cuerpo ahíto de tanta espera
Cuántos dedos rotos en el marfil
de las teclas negras y blancas.

Y de nuevo el más viejo de los absurdos
nos golpea el corazón,
nos hace padecer la entraña ardiente
de la ambición ilimitada.
Llega con su cauda transparente y desgarrada
colgando de incontables épocas.

Las palabras de Marcel

A Marcel lo conocí en un trabajo editorial. Él es colombiano asentado en Austin desde hace varios años. Ha vivido en diferentes países, y me ha dicho que, si pudiera, viviría en Italia, precisamente en la ciudad de Florencia.      Como suele ocurrir entre personas que llevan una sombra del tamaño del caosmos, a Marcel le afecta todo eso que tiene que ver con las relaciones entre espacio y tiempo, entre cuerpo y mente, entre alma y espíritu. Pero lo que más le afecta a Marcel es vivir la poderosa idea de la diferencia que se gesta efectivamente en los intersticios del ser y el no ser. “Es allí donde la mirada –me ha dicho Marcel- vaga transida por los días del olvido y la memoria. Es allí donde lo que soy se pone en cuestión por todo eso que está allí y que, en efecto, está como todo eso que no soy”.       Cuando escuché a Marcel por primera vez hablar, fue como si estuviera entre un montón de niños que dicen y se desdicen con distintos tonos y en distintas velocidades; con ese desparpaj…

Hoy solo pienso en la muerte

hoy solo pienso en la muerte

una ficción se ha hecho vivir

la muerte está en el nunca más
por el que transitan mis ojos,
mis manos,
pendientes del casi,
mis pies,
detenidos en la línea
en que fenece mi sombra


la vida se ha vuelto fuga de verdades
y no hay sabor en que llore mi boca
ni hay piel en que duerma
mi lengua el sueño

un océano es el sueño
un cielo negro sin horas


al poner el pie
del otro lado de la cama
mi espalda recibe el peso
de lo inexistente

noche sin mañana
mar sin arena
carne sin huesos

sin forma
con nada

hoy solo pienso en la muerte

una ficción se ha hecho vivir

De visita

Probando otra vez la noche
con el sueño de los que llegan
y se hunden en los pudrideros
de un día completo:

Amargas nubes
en la garganta del loco macilento,
corazón de espumas,
espalda agujereada por los relojes
de los bancos y las iglesias.

En la tarde las piernas solas
iban llenándose de temblores
por los callejones
en que meditaban puertas y ventanas.

Ni una pared que mantuviera alma,
ni una soga para espantar los perros.
Sin cabeza para dirigir el rumbo
las manos sueltas morían junto a bocas.
De aquí el llanto mendigo en las esquinas

En las calles el teatro de la crueldad,
la historia interminable de las mismas cosas,
y el sol, el sol que ardía en las pupilas,
el sol que quemaba las esperanzas
de los músicos ciegos en la plaza.

La vieja prostituta con el cabello amarillento,
con el leotardo agujereado y las tetas estilando,
con la boca llena de labios rojos,
saludaba a los muchachos en la esquina,
próxima al hotel de los remedios.

La vieja prostituta, borracha  de sol
y de esp…

Palabras rotas

1

Palabras clave
rotas en sus venas.
Su sangre apenas
un charquito,
apenas vida llena
de pedazos y de hileras
derrumbadas en un filo
de algo incierto.

2

Era mínima la distancia
por la que asomaba un pájaro
temblando todo en las manos.

3

Rodar suave y sin rumbo
hasta que una noche
hasta que en una boca
el silencio sea toda su historia.

4

Palabras clave
rotas para la puerta
que se abre a todos los nombres
del mundo en sus fantasmas.

5

Mintió con la verdad
de un desconocido.
Sus frases de adjetivos saturadas,
de procacidad insoportable,
fueron desde siempre
nubes ácidas y
aire envenenado.

Transterrados

En Ese Lugar la población estaba compuesta por transterrados que habían huído de países ajenos a sus auténticos intereses. Aunque en todos ellos las razones y sinrazones que los había llevado a la fuga eran distintas, había algo que los mantenía cohesionados durante un tiempo, hasta que un día, después de pocos años, salían de allí y nunca más se volvía a saber nada de su fugaz existencia. Algo que los sumaba en su ir y venir por las calles de Ese Lugar, era su impermeable silencio cuando se sentaban en la banca de un parque o cuando entraban en los hoteles donde se hospedaban. Nadie, absolutamente nadie podía interrumpirlos de la caída abismal en que flotaban durante poco más de cuarenta minutos bajo la sombra de frondosos árboles o detenidos en el vestíbulo del hotel en que se detenían a contemplar las ventanas por las que el mundo les recordaba que estaban de paso en Ese Lugar. Respecto de la cantidad de hombres y mujeres, de transexuales y otros géneros que había en Ese Lugar, resu…

Sueño No. 15

El poeta empezó a sangrar de la boca. Más que una hemorragia, parecía el vómito de un desahuciado que moría de cáncer. Tres horas antes había abierto una botella de vino chileno, había puesto música de Stockhausen (Mantra) y había corrido las cortinas del estudio para escuchar y beber tranquilamente en la penumbra. Una hora después, salió del estudio y fue a la cocina a prepararse unos cortes de queso manchego, entre los cuales puso aceitunas negras y finas rebanadas de dulce de membrillo; sacó el pan negro y rebanó hasta cuatro gruesas hojas que puso a calentar en un tostador. Mientras tanto, revisó los mensajes que había pegados con imán en la puerta del frigorífico. Leyó:
No olvides sacar las bolsas de la basura.En la despensa hay suficientes granos, pastas, azúcar, café y galletas.Si puedes, compras dos botes de yogur –fresa y durazno.Te he dejado cosas preparadas en el refri.,
      Besos.
Puso las cuatros piezas de pan en un plato transparente y regresó al estudio con la sensación …