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Mostrando entradas de mayo, 2011

Piel azul con cicatrices negras

Piel azul con cicatrices negras:
sueño.
El mundo descansa  en una oscura 
palabra.
En la piel de un cadáver:  este corazón. 
Una noche y otra noche  se acabará (((es cuestión de segundos)))  el pensamiento  adentro de otro  pensamiento. 
Sueño: en esta página abierta
de irreconocibles orillas.

De saltos y acabamiento.

Hay que estar loco para escribir sobre sí mismo. Sobre sí mismo no hay más que una realidad imposible de ser contada sin mentiras. Es, quizá, la obsesión de no querer escapar de esa vida envuelta por imágenes de eternidad, que hace que el loco viva con la oreja puesta en los agujeros por donde se filtran voces y otros sonidos que lo inquietan hasta tiritar de miedo. La eternidad. Es la eternidad el sí mismo en que el loco se envuelve para no ver el sentido de las diferencias. Escribir sin renunciar al sí mismo es acabar con los dedos ampollados, débiles por tanto estar escarbando en el lugar donde lo mismo se aposenta. Pero el corazón, el corazón está más vivo que nunca. Está agitado de escarbar y decir lo que en limpio se expone. ¿Qué escribe el loco?      El sí mismo es un día a la misma hora en que halló todo eso que se le escapaba desde siempre. Desde entonces habla de esa hora, de ese cielo, de esa casa, de esa iluminación en que los colores y las formas lo apresaron y lo hicieron…

Solo en la noche

Tras de ver cómo se llenaban y se vaciaban los huecos entre las mesas del café, pensaste en la noche: La noche se irá haciendo más y más vieja. Tras de pensar esto, meditaste en cómo todo el espacio era modificado todo el tiempo. Sentías cómo todo el tiempo algo sucedía en las cosas, junto a las cosas, dentro de las personas, sin que supieran las personas, y aun sabiendo las personas, lo que sucedía llevaba a pensar en todas las ficciones con las que, sin tú buscarlo, vivías a diario.      Diste un breve sorbo al té, luego recogiste la cajetilla de cigarros que había sobre la mesa y extrajiste uno. Mientras escapaba el humo por entre los labios y la nariz, continuaste en tus razonamientos: Hablar del final es una ficción. Sentirse en el principio es una ficción. Tener tantos años de edad es una ficción. Desde donde estabas, podías ver todo el vaivén de los camareros y camareras y de todos los que entraban y salían por la puerta azul de cristal. Todo esto es una ficción, remataste en el…

Dilema

Como lo venía haciendo desde hacía más de diez años, Enrique estaba obligado a preparar un discurso que sería leído por otro. -El auditorio –le dijo el otro- está compuesto por autoridades del gobierno, autoridades académicas, varios intelectuales de la región y del país, público interesado en la obra pictórica de Equis Famoso, viuda del Famoso, sus hijos y demás familiares, y desde luego, los medios de comunicación. Me interesa que escribas un texto en el que estén diferentes lenguajes en equilibrio; el culto y el popular, el de especialistas y el de informados, el de los historiadores y el de los mitómanos, todo esto salpicado con anécdotas que no hagan enrojecer de vergüenza ni a la viuda ni a los hijos y, ni mucho menos, que hagan pasar al estelar como a un enfermo mental. ¿Cachas lo que quiero? Enrique cabeceó afirmativamente, con el gesto adusto de quien ya está acostumbrado a tal clase de solicitudes. Mientras la mesera traía los tragos y las botanas, Luis A. y el otro se pusiero…

¿Un impostor?

Apenas has entrado en la estética, una mujer que está detrás de un mueble de madera blanca, sobre el cual se muestra el monitor de una computadora y un tarjetero desde donde se ofrecen los datos de las y los estilistas que alli laboran, te dice: "May I help you?"

     Con voz y señas, mascando el inglés con el que te expresas, le dices que quieres corte de cabello. Entonces ella te pregunta tu número de teléfono. Miras sus ojos -verdes con pequeños rayos amarillentos de bordes negros- y buscas, sin prisas, entre tantas cifras que debes mantener en la memoria, el número y las palabras en inglés para expresarlo. Se lo dices con cierta duda. Son tantas las cifras que debes mantener en los archivos de la mente (celular, teléfono de casa, número domiciliario, código postal, varios otros NIPS y un largo etcétera en el que aparecerían direcciones electrónicas, palabras clave...) Después de pronunciarlo en tu inglés hispanomexicano, la mujer sonríe y mira en la pantalla de la comput…

El piano y Estanislao

Para mi amigo Gerardo Gutiérrez Cham.


Aquel muchacho, mientras estaban en sobremesa charlando los tíos y las tías, los primos y las primas -la mesa era grande, oblonga y de madera fina y pesada-, decidió abandonar la vida nornal que hasta entonces había llevado. Salió el muchacho de la casa y se trepó en un árbol. Allí vivió por el resto de sus días. La historia es larga y cargada de otras historias como la mesa en que había estado meditando aquel muchacho, y fue contada por Ítalo Calvino en una novela de cuyo título no recuerdo. Hace tantos años que la leí. Otro autor, inglés si mal no recuerdo, escribió una novela en la  que un profesor de gimansia decidió dejar de hablar. Su comunicación comenzó a hacerla, entonces, mediante señas y gestos. Supongo que deben de haber muchas otras historias semejantes en el mundo de los libros -son tantos los libros que se han escrito y publicado en la historia del mundo que, como alguna vez dijo mi abuelo Felisberto: ni el más voraz de los lectores…

¿Y Mariela?

Fue el golpe suave, reiterativo, de un ala contra el pliego de seda, lo que provocó que entraras en otra dimensión. Ocurrió esto poco antes de oscurecer. Mariela se había ido de compras. Tú estabas junto a la cuna, mirando al pequeño Lucio. Estabas recordando aquellas palabras del general Villa: "Qué extraño es dormir". Lucio dormía pero tú no estabas seguro de que así fuera. Había tanta quietud en su cara, en sus pequeñas manos. Contemplabas y oías las palabras de otros personajes, cuando se produjo ese aleteo furioso, como si se tratara de una falena atrapada adentro de la pantalla de la lámpara japonesa que estaba allí, sobre el buró. Antes de pensar o de hacer nada, cerraste los ojos. No se volvió a producir otro ruido igual.

     Todo parecía estar en calma. Alrededor de la habitación ocurrían las cosas que cotidianamente solían suceder: el rumor de los carros allá afuera, las voces de los vecinos que subían o bajaban las escaleras, el frigorífico que ronroneaba más fu…

Que no es igual pero es lo mismo

Podría ser el mismo cuerpo, el mismo acto, el mismo beso en los mismos labios. Podría ser la misma palabra, la misma caricia, el mismo gesto, la misma hora, la misma cama. Cada día podría ser la misma necesidad, la misma pareja copulando sobre la misma alfombra. Cada tarde, cada noche, cada hora, cada instante el mundo estaba reventando con las mismas noticias, la misma muerte, el mismo delito, la misma farsa, el mismo ritmo, el mismo tránsito. Cada minuto, cada segundo, a cada rato los mismos colores, los mismos nombres apareciendo y desapareciendo  entre las mismas frases.

Lo diferente, lo diverso, lo distinto, era nada más que la ilusión de tocar de otro modo las mismas cosas. Allá y acá, la noche se desbarataba a la luz de las mismas estrellas. El sol, tu boca, la luna, tu mirada, estaban aquí y allá. Solo el pensamiento, el pensamiento solo no estaba en parte alguna.

Podría ser la misma hora, el mismo día, la ventana, la puerta, las moscas, el ruido de monedas, podría ser, podría…

Porca miseria

Estrella sacó un pie de la zapatilla y se puso a untarlo contra la otra pierna. Era éste un gesto con el que discretamente calmaba su impotencia ante tanto escupitajo echado por Antonio. El colmo fue cuando Antonio le echó en cara a Lalo su apatía por las cosas que él había estado haciendo en la escuela para conscientizar a los chavos.
     A modo de reacción, Lalo no hizo más que ponerse a hacer rueditas con el humo del cigarro.
     En cambio, Delia opinó : "Por qué mejor no cambiamos de tema. Tanta desilusión me produce náuseas".
     Estrella volvió a colocar el pie adentro de la zapatilla y dijo:
     "El mundo no habrá de cambiar por lo que digamos en una mesa de café. Este país es parte del mundo, y el mundo ha querido moverse por el rumbo de los macroescaparates y el happy life excluyente. Hoy lo que importa no es to be or not to be, sino to have or not to have. Así es que déjate Antonio de culpar lo que piensan o no piensan las cabezas de este sistema e…

Los últimos meses de Marcel

(((¡Este olor, estos olores, esta pestilencia, este fastidio!))) Te das cuenta que el cuerpo / tu cuerpo ha comenzado a transpirar los años que lleva de tirarse a los abismos de las noches y los días. Desde hace algunos meses, cada mañana, el olor a cartones húmedos te despierta, al mismo tiempo que en la garganta miriadas de gusanos van y vienen y producen (((pulular endemoniado))) taludes en los que chorrean ácidos, además de grietas por donde emanan vapores de murientes células, tejidos descompuestos que arrojan sabor a monedas, a moho, a pantanos, a cadaverina, a flores muertas. Sales de la cama y untas la barra de jabón en las axilas, entre las piernas, en el cuello, hasta desbaratarla en los bultos de la carne. Dejas que la olorosa grasa penetre el poral, dejas que el agua escurrra sin manosear, sin tallar, dejas que por un rato desaparezca ese hedor a cartones viejos. No secas el cuerpo. Crees que así la jabonosa agua escurrirá hasta el fondo en que yacen los pantanos malolient…

Instantánea

Uno era el viento,
cuando en las ramas
de aquellos árboles
la dirección se hacía múltiple;
pero no más que
en sus delicadas hojas todas:
en ellas todo el rumbo era cósmico.

Al final de la tarde

No viendo más que entre cosas, como si en ellas el sol también, o como si un fuego de lava, a orillas de ventanas de piedra, de escayola, detrás de otras gafas, cayendo de vez en vez en un pozo de madera, en un liso muro donde luego la sombra, el paso de otras figuras, yendo así, desalentado, durmiendo con la cara del sentenciado a cadena perpetua, quieto frente al vapor suave, delicioso, del té anaranjado sobre una silla vieja, recuperando un sueño, abriendo los ojos a otras realidades, un soplo, un trago lento, el sabor, el intenso olor del romero, de vuelta a la silla, al sabor del té, enredarse en otra idea, un cosquilleo en el rincón izquierdo de la napia, apretar los labios para que el estornudo no, pero antes depositar la taza en el plato transparente sobre la mesita bermellón, descansar el brazo en el filo de la silla, ver otra vez el pozo de madera, sentirse un tantito asquil, un tantito molusco, y al final de la tarde preguntar: ¿Vivir es un verbo?

Triláteres

muros de colores

palabras de aliento
cercenado
por corazones de durazno

hueco en una hoja
de puerta añeja

sabor a sueño

palmo que se hizo
espuma

:::::::::::

perfecto olvido:
luna desdibujada por espesas nubes
noche que se abisma en el silencio
de ojos abiertos
hasta la eternidad de la muerte.

:::::::::::

hoy el eco de formas
punzó exacto
en el vacío momentáneo
de carros que se iban
mostrando la hora clara

el corazón expulsó
un sentimiento agudo
inexplicable
insoportable

una y otra vez el golpe
imaginado que se hacía
presentimiento indescifrable
junto a la caja enorme
de metal y números altos
en la carretera

el nudo definitvo de la huida
macabro final, cierto,
que en el vacío momentáneo
acontecía
arrastrado por las llantas

marley cantaba en el oscuro
cubo del coche que se fue
increíble -y no obstante-
dando volteretas sobre el pasto
amarillento
más allá de la carretera

otra sería la música en la tarde
en la noche
en la madrugada

sábanas limpias llenarían la casa
olorosa de inminente…

El otro lugar

En realidad no se podía estar exactamente en el mismo lugar que el cuerpo ocupaba. Cualquier lugar era siempre un "en vez de", un cierto signo que lanzaba a otra parte el otro cuerpo. Así, al escuchar el canto que decía: "las piernas de la amada son fraternas / cuando se abren buscando el infinito" eran otras piernas del lado del que estaba acá escuchando. ¿Cuáles piernas? Sólo, nada más, otras piernas. Entre la voz que cantaba y las palabras que decían eso que estaba siendo cantado, surgía el otro lugar, el otro mundo por el que se podía ir hacia lo desconocido. De manera semejante sucedía al estar leyendo algo. Todo allí en la lectura impulsaba la existencia del lector hacia otras latitudes. Las manos tocaban la cera del cuerpo que estaban formando las otras manos. La boca se abría y dejaba entrar el sabor de los duraznos en almíbar. Luego el cuerpo regresaba al lugar que había sido ignorado durante horas. Pero sólo un instante permanecía allí, o mejor, sólo un i…

El mundo como ilusión

Hacia atrás o hacia adelante -con espejo retrovisor o sin cristal, a la intemperie o en celda cenobita- el mundo aparece por arte imaginativo, o si se quiere, por ilusión. Hacia atrás la nostalgia llena el momento -cualquier momento, hasta el más infausto- de algo que el presente jamás tendría: detenimiento, parsimonia, perfiles definidos, distancia plena de sentido. Hacia adelante es la ansiedad y la angustia las que baten el cortinaje en que el cuerpo asoma su existencia. Teatro del horror. Comedia o drama según días y estaciones. En este tiempo sin tiempo (el futuro) la realidad es todo el vacío en que el pensamiento se desbarata por instantáneas alucinatorias. Son agujas que punzan o que luchan contra un mar viscoso, adherente hasta la médula. Esto es así en la desproporcionada historia de una verticalidad que nos sujeta al presente en que la vida, a veces, parece que nos vomita. Cuando esto nos ocurre, la ilusión estalla y nos vemos flotando de muertito en corrientes de ríos subt…

Las obsesiones de mamá

Llegó Kafka con Gregorio al lado. Entraron y se acomodaron en los silloncitos verdes de la sala. Allá se veía mamá, detrás del enorme ventanal, frente al caballete pintando las flores negras y el enorme sol amarillo que la obsesionaban. Después de varios minutos de mirar a Gregorio, Kafka se levantó y fue a leer los lomos de los libros que había en el pequeño librero de madera negra. Allí permaneció un rato sacando y hojeando distintos volúmenes. Durante todo ese tiempo, Gregorio no hizo otra cosa que mirar las patas de la mesa  y rascarse la nariz. La tarde era clara y apacible en el patio donde se encontraba mamá diluyendo el borde amarillo del disco solar. Se le veía concentrada, ajena absolutamente a la visita de Kafka y Gregorio. Fue el timbre del teléfono el que puso nervioso a Gregorio, y a Kafka, lo puso en un estado de espera. Gregorio se puso rígido, con los ojos muy abiertos, mientras que Kafka entrecerró los ojos y mantuvo el libro abierto entre sus manos. El teléfono cont…

Señor X

La duda lo fue llevando a la zona de los espejismos. Hasta la sombra que se desprendía de su cuerpo tenía para sus ojos, o mejor, para la razón que lo colocaba ante la realidad, algo de ajeno y de imposible. Sin haberlo calculado antes, la duda fue embromando el caletre hasta más no poder. El pulso exploratorio en las cosas había dejado de ser ejercicio para sus días de filósofo cartesiano. Los ojos se le llenaron de velos grises -ni la luz del sol lo hacía experimentar la perfecta dimensión en que se ofrecían las formas- y la lengua hacía maloliente espuma en el silencio de las horas en que buscaba proponer algo cierto en su escritura.
     "Dudar de todo es traer la soga del ahorcado a diario", pensó en uno de esos días menos aciagos para su existencia.
     Cualquier expresión tenía agujeros por los que se escapaba lo cierto y seguro. En otras épocas, esa misma expresión habría hecho a su pensamiento experimentar un alud de posibilidades infinitas. Ahora no. Ahora podía s…

Dos de mayo

Imposible decirlo de otra manera: "El mundo había vencido al peor enemigo". Tras de haber ocurrido esto, la fiesta surgió: el cielo se llenó de fuegos artificiales y la tierra de los libres se colmó de júbilo patrio. Habían matado al demonio. Esto era suficiente para que el infierno desapareciera de las pesadillas diarias que los ahora celebrantes habían estado padeciendo desde hacía dos lustros. Sin embargo, todo apuntaba a que vendría lo inesperado, tal vez, hasta lo peor, luego de la muerte del monstruo enemigo de la libertad. En el mundo de los libres no había suficientes ángeles para cuidar el bienestar de tantas vidas humanas. Entonces devino el temor de que surgieran otros demonios, mucho más astutos y crueles que el demonio que acababa de caer bajo las estruendosas máquinas de la guerra. Mientras la fiesta se hacía con banderas ondeando en todo lo alto de las astas imperiales, en otra partes del mundo había otro infierno que estaba siendo alimentado con las grasas de…