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Mostrando entradas de 2011

Reacción de Znhada

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Lezguievo Znhada leyó el texto en que hablo de su persona y del texto que le rechazaron en la revista cultural  Blue Sound. Como reacción a ello, me ha pedido que muestre un textosuyo. He aquí lo que me entregó y que quiero compartir con ustedes.
SIN CERO EN LAS PUPILAS
78 millones de ventanas abrimos al cielo de polvo seco, negro como la memoria de un muerto 78 millones de bocas callaron ante la muerte de tantos niños de tanto tiradero de comida en los países de primer mundo 78 millones de perros mordieron y tragaron el cuerpo de mis sueños el cuerpo de los niños que me acompañaron hasta el otro día, cuando 78 millones de pajaritos temblaron de frío en las ramas de los árboles amarillentos de mi calle encerrada en sus paredes de madera vieja sin balcones al cielo de mi madre 78 millones de palabras no pudieron quitarme la vergüenza ni el coraje de saber, a ciencia cierta, de todos los que murieron por el hambre y por el frío 78 millones de puertas cerramos a la belleza de los ojos que  nos miran par…

Con Lezguievo Znhada

“Es ininteligible lo que me has entregado. No está claro el género. Esto ya no es posible publicar. Hay demasiado enredo en el mundo de las letras como para añadirle este cuerpo amorfo de palabras hilvanadas al socaire”.      Tras escuchar esto, le pregunté a Lezguievo Znhada:      -¿No estarás exagerando, Lezguievo? ¿Fue así, en verdad, con tal contundencia como te lo dijo el director de Blue Sound?      -Literalmente así fue, Bocanegra. Mis exageraciones no las suelo poner en tales cosas. Te cuento esto porque así fue como me devolvió el manuscrito Mr. Sánchez Olmos. Esas fueron sus palabras, tal como te las acabo de citar.      -¡Terrible, Lezguievo, saber que te han rechazado ese texto tuyo! Lo peor fue que yo te convencí para que lo presentaras en esa revista que yo creía open cultural mind. Cuando leí tu ensayo, me pareció tan diferente a lo que había estado leyendo, tan singular, que pensé que sin duda te lo publicarían en Blue Sound.  Pero bueno: portadas vemos,  ideologías no sab…

Del otro lado

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Cuanto más frío más caliente 
el cuerpo más lleno de esa ausencia 
de caricias más alejado de su boca 
en tu oreja espesor de negras mallas 
en torno a las piernas en que flotaba 
acariciando la espera detrás de los fríos 
cristales de la ventana.

Cuanto más lejos más cerca 
de tus manos más segura en su alejamiento 
de tarde más triste de noche en la penumbra 
de sus ojos silencio de cabellos 
de madera añeja en que mojaba 
el susurro de su espalda tan perfecta 
en el espejo que la mantenía quieta
Cuanto más frío más caliente 
el cuerpo más trabado en el deseo loco 
de alcanzarla más fuerte el gusto 
de romper el vidrio 
la claridad del vidrio 
llena de su piel suave 
en el movimiento lento 
de la tarde como cuando fue perfecta 
en el espacio de otra hora
Cuanto más noche más día 
la punzada en el mirar más comezón el deseo de 
estrecharla por la espalda más gajo helado que agua tibia 
entre las yemas durazno de piel suave toda ella toda ella desnuda al otro lado 
de la puerta 
tan cerca de tus ojos 
y ajena a las palabras

Cosas que a veces pasan

Yo era el principal incrédulo. A éste había que ponerlo de rodillas para hacerlo creer en la verdad de las cosas. Pero la verdad de las cosas, que era de luz, si no era expuesta en su exacta intensidad, se corría el riesgo de que se apagara y, en consecuencia, el incrédulo yo se mofara de lo que habíamos querido hacer y no habíamos podido lograr: convencerlo de que la verdad de las cosas era la única luz que salvaba de las horrorosas pesadillas en que estaban atrapados muchos locos en el mundo. Se sobre entiende que ponerlo de rodillas era una manera retórica para subrayar la fuerza que subyace a las disciplinas que viven gracias a la verdad de las cosas; que en tal forma de colocar al yo no había la intención religiosa ni mística, ni mucho menos, la intención de humillarlo ante todos los que creen que la verdad de las cosas se ha de enseñar a base de crueles castigos. No, la verdad de las cosas es que su luz debía ser protegida con todas las manos que han trabajado incesantemente, si…

Con la música en la piel

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con la música en la piel de la noche, mecido por las manchas que se fueron haciendo junto al recuerdo de tus palabras en el cuerpo, con todo el cuerpo de tus palabras para oírte con mis dedos, con las yemas de mis dedos en el suave filo desbordado por tus labios,
(((hasta el último hilo de día escucharé la respiración de tu página abierta, llena de ese tibio olor que en la madrugada sabe a luna y a silencio de cálidas sombras)))

con la música en la piel de la noche, pusiste a cantar tus pechos de flores negras, una trompeta, un piano, una voz azulosa fueron abriendo paso a las palabras de mis manos, fueron haciendo que tus labios también tocaran el silencio de la madera oscura, el metal del latón rendido al juego de los dedos,

con la música en la piel de la noche, tus ojos fueron dos puertas abiertas al murmureo de la lluvia y del viento bajo que atravesó la caída de las nubes, tonos blancos y negros bajo ese cielo bruno fue el crepitar de tu corazón en mi boca, tonos encarnados fueron los …

Interminable fiesta

Casi dioses, olvidados ante los manteles blancos de una interminable fiesta. Dentro de todos los olvidados había el coro de las voces ejecutando imágenes que hacían de la fiesta el carnaval supremo. De una parte a otra la iluminación era una especie de acumulación de cortinas que mediaban con sus transparentes luces de color, hasta el extremo de invitar al roce discreto en todos esos cuerpos que paseaban concentrados en su piel.      Todo estaba al punto preciso de la exquisitez. Un parpadeo era como el aleteo de mariposas adheridas al hueco en que las miradas se buscaban ansiosas, imposibilitadas para esconder los deseos que las mostraban rutilantes. Un abrir de labios era el sueño en que los casi dioses murmuraban el delicioso encanto del humedecido beso que bien habría sido llevado hasta el extasis. El  zumbar de telas, por las manos que se pronunciaban prontas al delirio, no hacía sino apuntalar, o mejor, asegurar todavía más el gozo que inundaba la interminable fiesta. Y el coro q…

La casa de tus noches y tus días

Cuando escribo, sueño las fantasías provocadas por el sol o por la luna. Es de este modo que entre los dedos y el mundo que está ocurriendo en las esferas de lo gris, sobresale el enigma de tus labios. Allí están ellos perfectamente intocados por la oscuridad de la noche, entreabiertos por algo ajeno al temblor de mis dedos. Cuando escribo, pienso en las manos que ahorcarán el silencio. No habrá después de esto más que sangre coagulada y piel amoratada en el cuerpo extraño de tus días. Querrás saber por qué apretamos tanto en la zona donde las palabras nacen para el grito. Pero no habrá nadie que lo sepa decir mejor que la muerte. Hay que estar verdaderamente muertos para saber todo lo que la muerte sabe. Cuando escribo, presiento las abundantes formas del desconocimiento. Sucede un rasguño -en el ojo izquierdo- que me avisa cuándo la noche se llevará las cosas que no acepté guardar en los bolsillos de mis horas de ocio. Serán las manos de tus sueños las que palparán en tales cosas, per…

Las horas de Clara

Estaba Clara en el water, ensimismada, paseando la uña de su dedo pulgar en el filo de la pantaleta, donde acostumbraba entretenerse columbrando ciertas rutas de un porvenir posible. Allí podía estar durante media hora o más, esperando el instante iluminatorio que la sacaría de las dudas con que había entrado a defecar. A veces ocurría que el tiempo no estaba para ser asimilado en toda su transparencia, y entonces Clara salía del cuarto de baño con la sensación de no tener pies o de no tener labios. Sentía como si flotara en un mar de telas suave e imposible de escapar. Toda la realidad para ella, en esos momentos, se hacía presente mediante la nariz y los ojos, y si alguien de su casa le preguntaba dónde había estado escondida, ella no hacía más que levantar los hombros y mirar a su interlocutor en la zona donde estaba la boca, como si en esto encontrara el alivio de saber que, una hora más tarde, ella recuperaría la emoción de tener voz y boca para besar otros labios.

     -¿Por qué …

Entre otras cosas

Muchos nombres para indicar la existencia de algo. Algo seguía allí, no obstante, en esa zona tocada por los diversos nombres. Muchas formas para representar la existencia de algo. Algo estaba allí, sin embargo, en esa área sosteniendo la forma en que había sido representado algo. Alguien dice muchas cosas acerca de algo. Dice que algo es importante, por ejemplo, y en efecto, algo es importante para quien ha dicho tal cosa. Alguien cuenta una breve historia de algo. La pone de un modo que hace pensar en otras tantas historias. Cuenta por ejemplo que algo estaba sucediendo en la plaza principal de la ciudad, mientras otros, como si nada, pese a estar desplazándose en el lugar donde había estado ocurriendo la historia de algo, ni se dieron cuenta de todo eso que alguien había estado contando alrededor de ellos. Al tiempo en que alguien contaba esa historia –y otros ni se enteraban de nada- había un corro de formas y colores danzando alrededor de las cosas que se decían de algo. Pero como en t…

Apagando miradas

NO ERA CALLE para ojos ni escalera para pies no estaban flores en balcón HABÍA CIELO moviéndose con grandes nubes blancas en amplio y ahumado vidrio de ventanas NO ESTABAN voces de niños gritando alrededor de esferas anaranjadas con surcos negros ni había perros ladrando atrás de casas chicas con techos grises NO HABÍA árboles ni enredaderas ni charcos de agua por lluvias o por señoras lavando en tardes HABÍA UNA torre dos torres tres torres muchas torres había rumor de helicópteros todo el tiempo TODA LA TARDE toda la noche toda la madrugada había soldados en guerra HABÍA MAÑANAS con cuerpos tirados en bolsas negras HABÍA CABEZAS metidas en hieleras blancas sobre parques y avenidas había periódicos hablando de muertos importantes en esquinas y otros cubos HABÍA FERIAS de libros premios internacionales adentro de edificios modernos alfombras rojas y actrices y actores contentos en teatros de mucha fama y esplendor HABÍA VIDA ALEGRE aplaudiendo en el silencio inmortal de los cuerpos de cartón piedra …

Adentro de un sueño

Hubo un día en que durmió y ya no salió del sueño.      Fue su padre quien primero se dio cuenta que no estaba o no parecía ser el mismo que antes. Un día, durante el desayuno, le había preguntado una cosa tan simple como las que se acostumbra decir a diario.      Pero el muchacho, quien estaba adentro de un sueño, lo que hizo fue ponerse a saltar cual si fuera un canguro.      Otro día, poco antes de oscurecer, su padre le gritó que dejara de hacer el loco, que le dijera de una vez por todas qué estaba sucediendo.      El muchacho se levantó de la mesa y se tiró al suelo, y como un gusano comenzó a arrastrarse hacia su habitación.      Madre e hijas, contrarias a la actitud del padre, soltaron la carcajada y se pusieron a perseguir al muchacho como si se tratara de una víbora a la que hubiera que estar vigilando y cuidando para que no pasara a ninguna de las habitaciones.      Apenas había entrado en el cuarto, el muchacho cobró la posición de los vertebrados y se echó a aullar como un…

Gestos

En el vacío la escritura que el silencio descansa. Voz de una palabra en varios gestos: ritmos de luz y polvo de eso que surge por una renuncia y por el sinuoso deseo de encontrarse lejos.
Lóbregos pensamientos que se abisman hasta lo insoportable. Casualidad de rotos zapatos que lo llevan a un paso intranquilo de romper la idea. La idea que lo sacaría del pozo hasta quedar sin ganas de emprender la fuga en la quieta mañana de otro día.
En el vacío la escritura que el silencio insoportable. Lóbregos pensamientos que se abisman hasta los ritmos de luz y polvo. Casualidad los rotos zapatos que lo llevan a un paso por el sinuoso deseo de encontrarse en todo. Voz de una palabra en varios gestos: hasta quedar sin ganas de emprender la fuga.
Intranquilo de romper la idea que lo lleva a un paso insoportable. En la quieta mañana de otro día: ritmos de luz y polvo. Voz de una palabra en varios gestos: la escritura que el silencio descansa de eso que surge por una renuncia hasta quedar sin ganas por el sinu…

El viejo

Estábamos equivocados. No lo supimos hasta que apareció el viejo. Es verdad que hicimos cosas en el acierto, pero la mayoría de ellas fueron hechas en el error de pensar que sabíamos qué era lo que estábamos haciendo. El viejo entró en nuestra vida como agua que moja y refresca el cuerpo que ha estado expuesto, durante dieciocho horas, a un sol sin nubes ni sombra.      -¿Desde cuándo viven así, en estas condiciones de muerte? –preguntó el viejo.      -Desde hace mucho tiempo –respondió uno de nosotros.      El viejo cabeceó tras escuchar la respuesta y se puso a mirarnos, enseguida, directamente a los ojos, como si al mirarnos así fuera posible localizar o encontrar el error que había adentro de nuestra cabeza. Luego, mientras rascaba una oreja del tamaño de una pera, volvió a decirnos:      -¿Pueden imaginar los años que tengo de estar vivo?      -Sí –afirmamos con la testa, temerosos de que si decíamos lo contrario, el viejo sacaría un cuerno de chivo y nos mataría sin remordimiento alg…